Un poco tristes por tener que poner fin al viaje, pero también con ganas de volver a ver a los nuestros en casa iniciamos el regreso el viernes 24 muuuuuuy temprano: toque de diana a las 4 de la mañana, para a las 5 coger el metro en Kings Cross hacia el aeropuerto:


Nuestro vuelo con Cathay Pacific salió a las 8:40 según la hora prevista; como fue habitual durante todo el viaje, no tuvimos el más mínimo problema con la facturación, los controles de aduanas y bioseguridad ni con el embarque. Quedaban nueve horas largas hasta Hong Kong, donde aterrizaríamos aproximadamente a las 15:00 hora local. Unas fotos del desayuno que nos sirvieron a bordo:


Lo que se ve en la primera foto es 'congee', una especie de sopa de arroz con pescado y gamba que pedí yo. Sí, sí, para desayunar... Me gusta probar de todo, así que para variar de los típicos scramble eggs pedí eso; y la amable azafata asiática, pensando que me había confundido, insistió en enseñarme lo que era el 'congee' antes de dármelo. Le dije que sí, que quería probarlo y, no sin ciertas dudas, terminó dándomelo. Fue un detalle simpático.
Llegamos a HK, bajamos del avión, pasamos controles y subimos al Airport Link (con la Octopus Card que habíamos guardado del viaje de ida) para ir directamente a Central Station en Hong Kong Island, donde cambiaríamos al metro para ir a Mong Kok. Todo, insisto una vez más, rápido, fácil y sin el más mínimo problema. Allí nos quedamos (de nuevo) impresionados con la cantidad de gente que hay por todos lados, sea por la calle, en los centros comerciales, en los mercadillos... Solemos ver esas imágenes de riadas de gente cruzando las calles en ciudades asiáticas, lo sé, pero vivirlo... es otra cosa. ¡Se tardaban cinco minutos, a veces, en cruzar una avenida...! Lo que más nos impactó fue el tamaño de la Central Station: debimos estar veinte minutos, tranquilamente, andando desde que bajamos del Airport Link hasta el metro... ¡y nos cruzamos con miles, literalmente miles de personas...! Esto, desde luego, es otro mundo...




Nuestro vuelo hacia Madrid no salía hasta las 00:50 horas, así que tuvimos la ocasión de contemplar el impresionante skyline hongkonés de noche. A las ocho todos los días hacen un espectáculo de luces y música con los edificios de HK Island que congrega a muchísima gente, y la verdad es que es todo un espectáculo:






Subimos al avión que nos dejaría en España a la hora prevista y llegamos a Madrid a las 8:30 del sábado 25; cuatro horas después llegamos, completamente exhaustos, a nuestra querida Coruña.
Y así se terminó nuestro increíble viaje a las antípodas...
Sólo me queda un etapa de este diario, la de las conclusiones. Procuraré escribir una breve opinión sobre lo vivido y todos los datos que recuerde y que puedan ayudar o interesar a futuros viajeros a esta tierra de hobbits, orcos y anillos; e intentaré que Angeles y Lupe, o al menos una de las dos, escriban sus impresiones sobre lo que vivimos por aquí estas maravillosas tres semanas.