Entrego el coche en las oficinas de la compañía del aeropuerto, que se encuentra en pleno centro de la ciudad. Frente al edificio del aeródromo se encuentra varias agencias que ofrecen vuelos sobre el delta del Okavango. Dos de ellas tienen programadas salidas para esa tarde y reservo en la más barata de las dos. También aprovecho para indagar sobre otras alternativas de safari en los días próximos, pero es domingo y la oferta es escasa.
A las 15h la avioneta despegaba, sobrevolando los fascinantes canales y humedales que forma el rio, mientras filtra sus aguas en los arenales de la cuenca del Kalahari.

Ya sin vehículo, me acerco a la cerreta principal en busca de transporte. No pasa ningún minibús de la Ruta 1, pero una pareja de sudafricanos montados en uno de los todoterrenos turísticos que se ven por los parques me acerca al camping, donde me confirman la salida al día siguiente junto a un par de amigos gallegos.
A las 9h llega al bar el 4x4 cargado hasta arriba. Se presenta el guía, Master y los dos amigos, Kiko y Gerardo, quienes llegaron el día anterior y tienen completamente programado su viaje. Me resulta curioso comparar su minutada planificación con mi improvisada incorporación.
Salimos en dirección al GR Moremi, donde Master y Mohadi montan las enormes tiendas de 3x3m bajo las cuales puedes poner de pie. Dentro desenrollan los colchones con sus fundas nórdicas y almohadas. También montan la letrina, en la cual puedes hacer tus necesidades sentado sobre un taburete adaptado. Todo mientras tomamos unos aperitivos: galletas y cacahuetes. La gestión de los compañeros gallegos permitió regarlos con cervezas bien frías. Así que ahí estábamos, en medio de la sabana, a cuerpo de rey.
Por la tarde hicimos un safari en el que pudimos ver bastantes animales, destacando un grupo de leones que daba cuenta de un búfalo. Resultó impresionante ver la fuerza de la fiera desgarrando la carne de los huesos de la presa y el ruido de las dentelladas, a escasos metros del animal.
De regreso al campamento, vemos la puesta de sol parados detrás de un inmenso baobab con el tallo completamente moldeado por los colmillos de los elefantes.


De regreso al campamento, tomamos té mientras Mohadi acaba de preparar la cena. Master nos recuerda que estamos en plena sabana, que los animales, en su actividad nocturna, pasarán por allí mismo, pero que dentro de las tiendas estamos seguros. Sin embargo, debemos extremar la precaución si queremos ir al baño por la noche.
Al día siguiente nos levantamos a las 5h con el desayuno dispuesto en la mesa. Mientras desayunamos, desmontan el campamento y cuando acabamos les ayudamos a cargar el coche y el remolque. Al amanecer, cuando hay mayor actividad animal, damos una vuelta por los alrededores de la zona de acampada y cuando el sol empieza a picar, ponemos rumbo a Savani, el primer campamento del PN de Chobe. No hay lugar en las instalaciones y debemos hacer una acampada silvestre.
Repetimos el programa del día anterior de comida, safari y cena, así como haríamos el siguiente, disfrutando del cambiante paisaje de la sabana de pastos altos y secos al verde entorno de los bancales del rio Chobe.


Una de las noches, cerca del fuego y bajo el cielo estrellado, Master nos explicaba lo difícil que resultaba obtener la titulación de guía. Al conocimiento de la naturaleza, se debía sumar la destreza en la conducción. Él era un buen guía y sin duda pudimos sacar provecho de todo el tiempo de la excursión, pudiendo llegar a observar a varios leopardos, animal muy difícil de avistar.
En la actualidad el turismo es la segunda fuente de ingresos de Botsuana, primando el de alto nivel. De ahí que los precios de las actividades sean bastante caros y el servicio sea propio de un Rey.
Día 34, Kasane.