Hoy queríamos hacer algo un poco distinto y "perder" un poco de tiempo intentando llegar hasta el punto más al norte de la isla. De siempre me ha gustado la geografía, mi profesora de geografía incluso me hacía halagos públicos en clase que me trajeron ciertos problemillas de convivencia (ya sabéis lo crueles que pueden ser los niños a veces), así que si bien decidí que no me merecía la pena el gasto de dinero y tiempo de cruzar a la pequeña Isla de Grimsey para poder decir que había estado en el círculo polar ártico, si quería al menos llegar lo más al norte que pudiera dentro de la isla, y eso era Hraunhafnartangi, un faro ubicado a 66° 32′ 9.6″ N, a unos pocos kilómetros del círculo.
Al llegar a Raufarhöfn la carretera deja de estar asfaltada y otra vez nos vamos a la aventura de otra carretera de grava que no sabemos si podremos transitar o no con nuestro turismo. Es complicada, pero con cuidado es factible, y así llegamos a Hraunhafnartangi donde básicamente lo único que hay que ver es una playa desierta y ventosa y el faro. Ojo, yo estaba feliz de la vida, es lo más al norte de nuestro precioso planeta que he estado nunca (de momento, espero) y la paz que se respiraba en esas playas, en un día soleado como el que teníamos (el séptimo seguido) era increíble. Aún así, si no contáis con tiempo o ganas, desde luego no es una visita imprescindible.



Volvemos a Raufarhöfn donde visitamos el Artic Henge en completa soledad. Es un monumento megalítico moderno que comenzó en el año 1996 que imita a los monumentos megalíticos antiguos y que merece la pena la parada si estáis por allí.





Y después de pasar el rato con unos simpáticos y temperamentales caballos islandeses (se nota que son del norte) volvemos a la carretera principal para seguir camino hacia Egilsstadir, haciendo alguna que otra parada de camino, de estas que paras en la carretera como si fuera tuya.


Al llegar a Egilsstadir, que es donde haremos noche, decidimos dejar primero las cosas en nuestro alojamiento, para no tener que estar sujetos a horarios de vuelta. Una vez hecho, decidimos que ya que hace buen día, y mañana a saber, vamos a hacer hoy la caminata hasta Hengifoss. Cada día que nos despertamos y hay sol y dura todo el día, sabemos que estamos un paso más cerca de que nuestra suerte se acabe, así que aunque se nos ha hecho un poco tarde, no lo vamos a dejar para mañana.


Rodeamos el lago Lagarfljot, una zona verde y frondosa como pocas podréis ver en esta isla. A unos 35km desde Egilsstadir llegamos al parking desde donde sale la ruta hacia Hengifoss. Son las 7 de la tarde y no quedan ya apenas coches. Iniciamos el ascenso, no es especialmente duro, aunque al principio la subida es un poco empinada, pero como siempre digo, si nosotros podemos, vosotros también.
A mitad de camino paramos para admirar Litlanesfoss, una cascada más pequeña pero rodeada de columnas de basalto que son una maravilla. Aquí nos cruzamos con los últimos rezagados que están volviendo a los coches.



El resto del camino lo hacemos solos y mientras nos acercamos a Hengifoss nos damos cuenta que la vamos a tener para nosotros solos. Y así, es, al llegar no hay nadie más que nosotros con esta belleza de la naturaleza. Hengifoss tiene 118mt de altura y cae por una pared de piedra volcánica que se turna con capas de arcilla color rojo que evidencia el crecimiento geológico de la isla.



Después de un buen rato, un puñado de fotos y con el sol ya bajando, emprendemos el regreso que nos cuesta bastante menos tiempo que la ida, al ser en bajada. Y nos vamos a Egilsstadir por la otra orilla del lago y acompañados de unas nubes que no presagian que nuestra suerte climática vaya a seguir...

Noche en Egilsstadir: Lyngas guesthouse www.booking.com/Share-O8Ww5L
Muy recomendable, limpísimo, con cocina para preparar lo que quisieras y buenas instalaciones. Por fuera parecía un edificio abandonado de un polígono, y por dentro fue una grata sorpresa.