TRACK GPS DE LA RUTA
La noche ha sido fresca y no muy cómoda que digamos. Con los primeros rayos de sol salimos de la tienda y entre guardar las cosas y desayunar nos dan las 9 para empezar a andar.

La ruta hoy son 12 kilómetros. Así que nos los tomamos con calma. Comenzamos bordeando un acantilado desde el que se ven los picos de Awaza (nuestro último campamento) a los lejos. Entre arbustos pasamos a una zona desde donde se ve el valle y entre arboles bajamos hasta un riachuelo. Aquí aprovechamos para recargar dos botellas de agua vacías.
Desde el río en pocos minutos llegamos a la cascada de Jinbar es una cascada altísima encajonada en el valle. Aquí Negá nos pide agua y le decimos que solo tenemos agua sin potabilizar para darle. Al tío eso le da igual y se bebe media botella del agua del rio que pasamos.
De la cascada seguimos el bosque de cara al valle hasta alcanzar la pista. A los pocos metros salimos de la pista y retomamos la senda para encontrarnos un hombre que se gana la vida tocando un instrumento de cuerda etíope y cantando, rodeado de niños harapientos. Estamos un rato viéndole tocar y le dejamos unos Birrs.

Continuamos un poquito y nos paramos a tomar una barrita. Negá parece indicarnos que le duele la cabeza, le preguntamos si quiere una pastilla y le damos un ibuprofeno. El pobre está petando. Después de la barrita llegamos a una zona de cultivo, esto es patrimonio de la humanidad y no debería haber cultivos pero dile tu a esta gente que no lo haga. Nos encontramos con un grupo de cincuenta monos corriendo delante de dos criaturas que les van tirando piedras. Por lo que entiendo los monos aprovechan que están secando la cosecha para comérsela y los niños los espantan a pedradas. Los espantan a nuestra dirección pasando los monos frente a nosotros chillando y saltando. Pasamos al lado de los niños que nos saludan, hoz en mano.

Después de los monos seguimos el curso del río hasta llegar a unas pozas, aquí paramos un buen rato y aprovechamos para mojarnos los pies en agua helada y comer algo más. Al quitarme las botas descubro unos picotazos en el tobillo izquierdo... Las famosas pulgas etíopes. Se lo comento a un chaval de Madrid que había cerca nuestra y me dice "esto es África, que te crees que nos vamos a ir de rositas?"

Desde las pozas queda una subida hasta el campamento. A partir de los 3400 metros los arboles desaparecen y solo queda arbusto, Negá va enseñándonos palabras a base de repetirlas, solo consigo aprender "Betam turú" (muy bien). Llegando al campamento comienzan a verse las primeras lobelias y ya, llaneando, llegamos a Geech. El campamento es muy auténtico, en un collado, frente a unas casas rodeadas en lobelias y, lo mejor de todo, muchísimas rapaces. Águilas que se paran en los árboles y no se asustan ni aun acercándote a cinco metros.




Con las cosas ya preparadas y la cama hecha vamos a ver el atardecer a un mirador a un kilómetro del campamento, el mirador es el pico Kedadit de 3760 metros. Las vistas son un espectáculo. Volvemos a coincidir con los de Madrid y estamos un rato riéndonos. El atardecer llega a su punto cuando se pone el sol como una bola totalmente rojiza.


Cae el sol y la temperatura con él. Llegamos corriendo, hervimos agua y cenamos. A las 20 estamos en el saco mareando la perdiz hasta caer muertos.