TRACK GPS DE LA RUTA
Hoy ha sido la noche más fría de todas. Nos hemos levantado muy temprano, la tienda congelada y, entre tembleques, hemos recogido todo. Hemos desayunado y a las 06:45 hemos empezado a andar. Hoy es la ruta más dura de todas y de ahí el madrugón. El guía se ha quedado durmiendo diciendo que dejemos las cosas en la tienda que luego la desmonta él y las carga al mulero.
Negá el scout, Belén y yo hemos empezado a andar. Haría unos - 5 grados. A los 15 minutos Belén no podía avanzar porque le dolían mucho las manos del frio e iba destemplada. Ha intentado calentárselas pero seguían doliéndole. Hemos seguido poco a poco hasta que el scout se ha girado temblando de frío pidiendo abrigo. Lleva solo una camisa vieja y una sábana. El hombre temblaba descontrolado, desde la mandíbula hasta las piernas, le hemos puesto un cortavientos, la manta por encima y unos guantes. No queda otra opción que seguir subiendo el collado para que empiece a darnos el sol y eso Negá lo sabe. A Belén le dolían mucho las manos y como estábamos en subida se juntaba con la dificultad por respirar en altitud y el agobio que produce... por un momento me veía que Belén y Negá se me morían, afortunadamente el sol ha salido a la hora, calentando el ambiente de forma increíble. Nuestro scout decía con gran alegría "Sahaí muk muk" (Sol, calienta calienta!).

Con el sol calentando la cosa ha cambiado. Negá iba contento, Belén ya sentía las manos y ahora nos sobrará hasta la camiseta. A la hora hemos llegado al collado de Bwait a 4200 metros. Ahí puedes empezar la bajada a Sonna o afrontar la subida al pico. Decidimos subir hasta el Bwahit. Son 3 kilómetros más a la ruta total y 200 metros de desnivel. Es el segundo pico más alto de Etiopía, y solo nos separa 1 kilómetro y medio para llegar a los 4430 que mide el Bwahit.
Nos sentíamos bien, nuestro amigo nos ha preguntado si queríamos subir, así que pasito a pasito, como dicen aquí "kasbekas". La subida con el sol era agradecida pero la altura se notaba horrores y costaba de respirar. El cansancio se ha disipado cuando a 500 metros de la cima han empezado a cruzar babuinos delante nuestro junto con walias (una especie de cabra montesa). Habría más de 100 babuinos corriendo delante de nosotros, a 4300 metros. Un subidón de adrenalina como recompensa a lo sufrido en la subida con el frío.


Finalmente llegamos a la cima. Unas vistas alucinantes con todas las Siemens alrededor y frente a nosotros el Ras Dejen, el pico más alto de etiopia por poco más de 100 metros que el Bwait. Nos echamos unas fotos con nuestro scout y comemos algo mientras descansamos ante semejante panorama. Realmente merece la pena la subida y es uno de los puntos fuertes del trekking.

Desde la cima nos quedan 17 kilómetros y 1400 metros de desnivel negativo, hoy dormimos a 3000 metros en el campamento "Sona". Bajamos bordeando el acantilado hasta saltar a la otra cara del macizo, dominada en la altura por el Ras Dashen y abajo por el pueblo de Ambiko. Vamos bastante bien, la temperatura es agradable aunque con viento, lamentablemente no me puedo poner el cortavientos porque cuando me lo ha devuelto Negá echaba bastante olor. Nos cruzamos con más babuinos y llegamos a una zona de lobelias donde nos esperaba el guía. De aquí seguimos bajando con unas vistas preciosas de todos los acantilados de la Simien por los que ayer anduvimos. El trekking cambia radicalmente cuando comenzamos a andar entre campos de trigo y poblados. A partir de aquí es un trekking rural con las Simien a la izquierda imponente. Cuando digo rural es rural del medievo. Literalmente es trasladarse a la edad media. El paisaje es precioso el problema es el grado de pobreza que encontramos.


Esta gente vive del trigo y el ganado. Solo se ven niños trabajando el campo, ni un adulto. El guía dice que solo el 50% está escolarizado. Los niños se acercan a saludarnos, alguno se acerca con heridas infectadas en la cara y nos la señalan para que le demos medicación. Cuesta mucho dividir lo espectacular del paisaje con la pobreza que se ve. Son tan pobres que no hay ni basura. Estas echando una foto a los campos de trigo con las Simien de fondo y te pasa al lado un niño con una alpaca enorme de trigo cargándola descalzo... Pasamos por la escuela de Sonna. Se ve el alfabeto pintado, una figura humana con las partes del cuerpo, las clases son una cabaña de adobe con banquitos y una tela pintada...

Después de la escuela llega uno de los momentos más impactantes del viaje. El guía y el scout dicen que quieren ir a por cerveza. Van preguntando en varias casas hasta que parece que en una tienen. Nos dicen que vayamos con ellos, que así vemos cómo vive la gente.

Cruzamos un campo y llegamos a un conjunto de cabañas. En una hay un grupo de chicos jugando a las cartas. Nos invitan a pasar. Entra primero Belén y luego entro yo. Dentro casi no se ve nada, sólo unas ascuas en el centro. El humo se queda atrapado y el olor a ganado es tan fuerte que al principio me cuesta entender qué estoy mirando. Me siento al lado de Belén en un banco bajo y, cuando los ojos se acostumbran, la escena aparece entera.
Frente a las ascuas hay dos hombres sentados. A un lado, una niña de no más de doce años que resulta ser la madre de un crío semidesnudo de uno o dos años. El niño está cubierto de suciedad, con moscas posadas en los ojos, la nariz agrietada y llena de moco. Camina mal, como a trompicones, y se acerca demasiado a las ascuas. Entre las piernas de Belén se cuela un gato. Hay gallinas por el suelo.
El guía nos señala hacia abajo y nos explica que el ganado está en la parte inferior de la cabaña y que ellos duermen encima, sobre unas tablas, para aprovechar el calor. Del humo apenas distingo las cabezas las cabezas de ganado, pero el olor no deja lugar a dudas. La niña saca vasos de plástico muy gastados y una garrafa. Cuando la abre, llega un olor intensísimo a cebada. Llena una jarra con un líquido espeso, turbio, del color del barro. El guía sonríe y dice que es cerveza.
Nos ofrece un vaso. Le digo que no vamos a beber. El guía se ríe y nos cuenta que un americano un dia tomó un vaso y acabó malísimo, lo cuenta como quien cuenta algo habitual, resultándole comico que la barriga de un extranjero no estuviera hecha para eso. Ellos sí beben. El olor a cebada lo invade todo. Cuando todos tienen su vaso, la madre llena uno más y se lo da al niño, que lo agarra con las dos manitas y bebe con ganas, derramándose parte por el pecho.
Miro al guía y me dice que allí los niños beben lo mismo que los padres y que, para ellos, también es comida. Me quedo sin nada que decir. Aguantamos un rato más, nos despedimos y salimos sin terminar de creernos lo que acabábamos de ver. De esto, evidentemente, no hay fotos
Finalmente, tras 21 kilómetros llegamos al campamento. Es sin duda el más bonito. Todo verde, las Simien en frente y lleno de águilas. La ruta de hoy ha sido una de las más increíbles que he hecho, pasando por el paisaje de alta montaña, a los campos rurales con el impacto cultural y el ver en vivo la realidad de esta gente...

Pasamos lo que resta de tarde viendo el atardecer y las águilas peleándose en el aire con los cuervos desde la tienda de campaña y, tras cenar, caemos rendidos y nos metemos en la tienda, totalmente iluminada al ser noche de luna llena. Prueba superada. La ruta de mañana serán 10 km más que llevaderos. Hasta que no salga el sol no salgo ni a mear.
