Aquí viene, para mí, unos de los días más caóticos del viaje...pero divertido
Desde el hostel habíamos contratado la excursión a Horton Plains; nos costaba 4.000 rupias la van que nos recogería a las 5.00, nos llevaría, esperaría y nos dejaría en la estación de Pattipula, más cercana a Horton Plains y dos por delante de Nanu Oya y así continuar viaje a Haputale. Pobres de nosotros, parecía un plan perfecto...
Nos levantamos a las 04.30 de la mañana y nos asomamos: no llovía pero estaba muy muy cubierto. No teníamos nada claro que fuera a abrir y fuéramos a ver algo pero allá que nos fuimos. Llegamos a Horton sobre las 05.50 horas y fuimos a comprar las entradas; hacía muchísimo frío y seguía cubierto pero al menos no llovía. En la cola vi a turistas con chanclas, vestidos...¡pamelas! No es cuestión de ir vestido como Indiana Jones pero, por favor, son 9 kilómetros caminando en la montaña
Comenzamos el camino en Horton Plains y, en la primera bifurcación, nos dirigimos a la izquierda. Os cuento: es una ruta circular por lo que el orden puede ser:
Mini Fin del Mundo
Fin del Mundo
Cataratas Baker
Cataratas Baker
Fin del Mundo
Mini Fin del Mundo
El primer recorrido es el que se hace por la izquierda y es el que nos recomendó el conductor por dos razones:
1- el inicio es más complicado pero el final sencillo y subes menos. Si lo haces de la otra forma empiezas muy bien pero el final se hace durillo.
2- si te encuentras primero las cataratas te entretienes con las fotos y llegas al Fin del Mundo cuando las nubes ya lo han cubierto, por eso dejarlas mejor para el final.
Como digo, nosotros cogimos el camino de la izquierda y empezamos a andar a buen ritmo; seguía cubierto pero teníamos esperanzas de ver algo, por lo que queríamos llegar pronto.
Llegamos al Mini Fin del Mundo y sí, estaba cubierto pero algo se intuía...estuvimos cinco minutos y continuamos hasta el Fin del Mundo en una especie de carrera contra las nubes que amenazaban con dejarnos sin vistas. Llegamos el Desfiladero del Fin del Mundo y sí, veíamos pero nada que ver con las espectaculares fotos que yo había visto antes de ir. Aún así, tuvimos suerte...a los tres minutos de llegar solo se veía blanco, estaba todo cubierto de nubes. Los que vinieron detrás no vieron absolutamente nada.
Continuamos camino con el cielo cada vez más amenazante y llegamos a Baker Falls.
Y ahí...empezó a llover. Y nos quedaba una hora de camino. Por suerte, íbamos bien calzados y con chubasquero por lo que comenzamos a caminar ya que aún nos quedaba una hora hasta la salida. Llegamos al final que parecía que veníamos de la guerra: chubasquero empapado, barro hasta las rodillas, las zapatillas en estado indescriptible...eso sí, estábamos secos y abrigados. No me quiero imaginar cómo terminaron los que iban en chanclas, sin chubasquero o similar. Nos tomamos un té y nos dirigimos a la estación de Pattipula donde había una especie de cuartos de descanso donde pudimos limpiarnos con toallitas húmedas el barro y cambiarnos de calcetines al menos. Aún quedaban dos horas para que llegara el tren.
Tras dos horas (y un poco de retraso) llegó el tren. Tren en el que no cabía ni un alfiler, venía lleno de Nuwara Eliya. Y cuando digo que no cabía nadie no es que esté exagerando y no quisiera apretarme, es que se veían los pasillos atestados de gente, gente con mochilas sujetadas encima de la cabeza, las entradas saturadas...no había manera de entrar. Así que, según llegó se fue...dejándonos a unos cuantos en el andén. Yo me eché a reír por no llorar, nos habíamos quedamos aquí tirados.
Alentador el panorama. Agarramos las mochilas junto a otros dos españoles y nos fuimos a un restaurante cercano, en lo que parecía el único establecimiento y...nadie hablaba inglés. Ahí no pasaba ni un coche, ni un bus, ni un tuktuk ni nada. Al lado del restaurante había un cuartelillo de policía y total, no teníamos nada que perder. Los policías nos explicaron que allí la única manera que teníamos de salir era el tren pero el siguiente pasaba en 3 horas y visto el panorama no queríamos jugárnosla a quedarnos más tirados. Manejamos varias opciones: volver a Nuwara en un tuktuk que nos conseguían los polis, hacer allí noche e intentar coger el tren al día siguiente, ir en tuktuk a Haputale, dormir en las celdas de la comisaría
Llegamos a nuestro alojamiento en Haputale, White Home, y seguía lloviendo por lo que pasamos lo que quedaba de tarde en la casa, organizando el día siguiente y esperando que hiciera buen tiempo. Éramos unos cuantos turistas allí y compartimos mesa para la cena, disfrutando de la fantástica cocina de la dueña, que nos preparó rice and curry.
Tras un día tan intenso, a la cama. Mañana descubriremos Haputale y sus alrededores.





