Desayunamos un batido de chocolate que habíamos comprado el día anterior y emprendimos ruta pensando parar en el pueblo de al lado a comprar pero... estaba cerrado. Seguimos ruta hacia el glaciar y llegamos 10min antes de que abriera el centro de visitantes. Esperamos para tomar un café y dar una vuelta por el centro de visitantes. Vimos las excursiones sobre el hielo, aunque en la información decía que era necesario gorro y guantes, pregunté a un chico, porque no los traíamos y me dijo que estaría frío, que era necesario... (es cierto que en ese momento, muy de mañana, hacía un viento bastante frío), así que decidimos no hacerlo e ir simplemente andando hasta el glaciar.
Llegamos al parking (50 NOK) y estábamos prácticamente solos, por lo que al principio de la ruta hasta pensamos si nos habíamos equivocado, al no ver absolutamente a nadie por allí. Pero la ruta estaba marcada con puntos rojos y había alguna escalera de madera para librar subidas fuertes,...
Nos llevó algo más de hora y media llegar al glaciar, ruta con muchas piedras y algunas dificultades, pero un paisaje espectacular y la sensación de llegar casi solos hasta allí y poder tocar el hielo es impagable. Había un guía que estaba enseñando a una chica a moverse por el hielo,... que nos advirtió que tuviéramos cuidado, pero diciéndole que todo estaba ok no nos puso mayor problema.



Comimos algo en un lateral, con vistas del glaciar y todo el valle, y emprendimos la vuelta. Estábamos en el puente colgante cuando apareció el grupo que iba a hacer el paseo por el glaciar... sin gorro ni guantes, ya que la temperatura había mejorado mucho...

De allí paramos a comer en un hotel cercano, el Jostedal Hotell, en el que comimos unas albóndigas con salsa de arándanos, una hamburguesa con patatas y tarta de chocolate por 350 NOK.
Al lado del hotel hay un desvío para otra lengua del glaciar, Bergsetbreen, que tenía una pinta muy buena, pero a mitad de ruta nos tuvimos que volver porque todavía había mucha nieve y agua en el recorrido, lo que hacía casi imposible avanzar.

Nuestra idea era comprar algo para hacer en la cabaña, pero estaba todo absolutamente cerrado. Fuimos bordeando el fiordo buscando algo abierto y terminamos tomando una cerveza en el hotel del último pueblo, donde nos dijeron que era Pentecostés y que ese día estaba todo cerrado.

Ya en la cabaña, y con nuestro embutido español como cena, vino el dueño del camping y estuvimos un buen rato hablando con él sobre nuestro viaje, Noruega,... y nos dijo que le había sorprendido que a raíz de una chica española que había estado en el camping tenía muchas peticiones de españoles, y que todos le pedíamos la cabaña número 7...

NOTA: el nombre de las fotos, obviamente, es erróneo. Sustituid Briksdal por Nigards, plz...
