Llegó el que se supone que es el último día en Rumanía (a ver si es verdad, pensé por la mañana). Desayunamos y nos reunimos con el conductor del día anterior, que apenas si sabe algunas palabras en inglés y nada en español.
Dedicaremos la primera parte de la última jornada a visitar Targoviste, ciudad que dista de Bucarest unos 49 kilómetros.
No escogimos el destino al azar. La ciudad ha jugado un importante papel en la historia del país.
Fue capital de Valaquia desde 1418 hasta el siglo XVI. Después, en 1989, Ceaucescu y su mujer fueron juzgados y fusilados allí.
El nombre de Targoviste significa “lugar de mercado” y desde su fundación parece que ésa fue una de sus funciones principales.
El monumento principal y que primero visitamos es la Corte principesca, rodeada de un muro de ladrillo. La entrada para adultos creo recordar que cuesta 12 RON más 10 para fotos. Fue mandada construir por Mircea el Viejo (el abuelo de Vlad Tepes) en el siglo XOV. En el período de Vlad Dracul, padre de nuestro amigo, se amplió. Fue Petru Cercel (1583-1585) quien incorporó nuevos elementos arquitectónicos con influencias del Renacimiento. Matei Basarab (1632-1654) hizo más reformas pero fue durante el reinado de Constantin Brancoveanu (1654-1714) cuando se emprendió una importante renovación del palacio, añadiendo salas de pinturas y estucos. Poco vemos, no obstante, de esos interiores del palacio y sólo queda hoy su carcasa exterior, hecha en ladrillo. En su interior se hacen algunas exposiciones.
¿Y Vlad Tepes no hizo nada, se preguntarán algunos?. Al final él llevó la corte a Bucarest y construyó allí una corte principesca. Pues sí que hizo y nada menos que el emblema de la ciudad. Se trata de la Torre Chindia (1460), principal punto de observación y guardia de la corte. Ahora se puede subir hasta lo algo para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad, con el complejo palaciego y el parque que tiene al lado y para ver un pequeño museo sobre Vlad Tepes (que no Drácula). Chindia significa Torre del Atardecer y mide 27 metros.
En el recinto hay dos iglesias. La más pequeña se llama de la Anunciación y es el edificio más antiguo de la ciudad. La grande es la iglesia de la Dormición, del siglo XVI, con fachada de arquerías ciegas y ladrillo y tres cúpulas sobre tres torrecillas. Conserva interesantes frescos en el interior (algunos retratos de voivodas) y la tumba de Matei Basarab.
Enfrente del palacio (o de lo que queda de él) encontramos evidencias del baño turco de Matei Basarab.
A un lado de los jardines vemos la casa Balasa, mandada construir por la esposa de Constantin Serban (se llamaba Balasa) en el siglo XVII. Sirvió de casa de huéspedes y de hogar de pobres y ancianos. En otro de los edificios hay un pequeño museo dedicado a la imprenta.
Después de la visita a la corte principesca salimos para dar una pequeña vuelta por los alrededores. En un parque cercano, al otro lado de la calle, encontramos un busto de Vlad. Muy cerca hay dos museos, de historia y de arte.
Bajando un poco encontramos la iglesia de Nicolae Geartoglu a un lado y el Monasterio Stelea al otro. Como la iglesia estaba cerrada nos acercamos al monasterio. La entrada es libre (o por lo menos nadie nos dijo nada). En realidad lo que se conserva es la iglesia del monasterio fundado en el siglo XVI por el príncipe de Moldavia Vasile Lupu. A efectos informativos decir que en la ciudad, a 3 km al este, encontramos otro monasterio (aunque éste no lo vimos). Su nombre es Dealu y parece que fue fundado por Mircea el Viejo en el siglo XIV y reformado por Radu cel Mare en 1499. Lo que vemos hoy es una reconstrucción porque se destruyó en un incendio. Se han perdido tanto las pinturas como las tumbas.
En 1945, terminándose la Segunda Guerra Mundial, la intervención de la Unión soviética ayudó a aupar al Partido Comunista Rumano. El 30 de diciembre de 1947 el rey Miguel abdicó (por obligación) y se instauró la República Popular. No me extenderé en esa explicación más allá de decir que el PCR se convirtió en partido único y que bancos, industria y transportes se nacionalizaron. A los efectos turísticos de esa época nos encontramos con feos edificios comunistas a las entradas y salidas de las ciudades, la aparición del metro en Bucarest para que los trabajadores (muchos venidos de zonas rurales) fueran a trabajar y destrucción de algunas iglesias.
En 1965 fallece Gheorghe Gheoghiu-Dej, que había presidido el país desde el final de la guerra. Ese mismo año se escoge a Nicolae Ceaucescu como secretario general del Partido Comunista y dos años más tarde jefe de estado. Lo sería hasta su muerte.
Ya se ha ido viendo a lo largo de este relato las ideas megalómanas que tenía este señor (y mucho más su mujer).
Por un lado condenó la invasión de Checoslovaquia en 1968, dejó que Rumanía participara en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984 o tuvo relaciones oficiales con la Comunidad Europea. Por otro la Securitate mantenía un régimen represor. Se prohibía la libertad de expresión y se controlaban los medios de comunicación. Por supuesto no existía ningún tipo de oposición (y si existía se sofocaba).
Ya sabemos que proyectó una renovación de la ciudad muy al estilo de París aprovechando que hubo un terremoto. Dio trabajo, cierto, pero muchas casas fueron demolidas para hacer el edificio del Parlamento. ¿Y el dinero gastado allí dentro?. ¿El lujo de su casa?.
Para su política exagerada de industrialización tuvo que pedir deuda externa que pagó, sí, pero a costa de exportar casi toda la producción agrícola e industrial del país lo que provocó que hubiera racionamiento y hambre entre la población rumana.
Y la gente no estaba dispuesta a aguantar más. El 17 de diciembre de 1989 hubo una revuelta en Timisoara. Ceaucescu, como todos los dictadores que se precien, no podía tolerarlo así que mandó al ejército y a la Securitate disparar contra los manifestantes. Pero falló en su intento de frenar las quejas. Fueron a más de tal modo que el 22 de diciembre las Fuerzas armadas se acabaron poniendo de parte de los que se manifestaban. Es la famosa escena de la huída en helicóptero.
Primero fueron a su residencia en Snagov pero luego volvieron a coger el helicóptero, quizás para huir del país. No pudieron llegar más lejos de Targoviste porque las Fuerzas armadas habían restringido los vuelos en el espacio aéreo de Rumanía. Intentaron escapar en automóvil pero no lo consiguieron. Fueron arrestados y entregados a los militares. Se les realizó un juicio sumarísimo con los cargos de genocidio de 60.000 personas en Timisoara, daño a la economía nacional, de tener mil millones de dólares en cuentas en el extranjero y de uso de las Fuerzas armadas en acciones violentas contra la población civil. Sean ciertos o no esos cargos la verdad es que se les encontró culpables y se les fusiló el 25 de diciembre de 1989.
Se les ejecutó en unos barracones militares, antigua escuela del ejército de caballería, que hoy se han acondicionado como museo de pago. Se pueden ver tres salas. La primera es donde se realizó el juicio. Una pequeña habitación en la que vemos las mesas y las sillas donde se sentaron el fiscal, el juez o el matrimonio. La vista duró una hora 45 minutos y la sentencia se dictó en apenas 5. En otra de las salas vemos donde pasaron la revisión médica. Se ha musealizado para dejarla como estaba en la época (la litera, los teléfonos antiguos, la TV…). Yendo por el pasillo a la derecha llegamos donde durmieron sus últimas tres noches. Dos pequeñas camas de hierro más la del soldado que les vigilaba y una sencilla mesa con una vajilla muy distinta de la que tenían en su palacio. Y desde ahí sales al patio para ver una sencilla pared amarilla con una placa que indica el momento justo del fusilamiento.
Después de hacer esa parada volvimos a coger el coche y nos fuimos a Snagov, parada obligada para todo amante de la figura de Drácula o de Vlad el empalador.
A unos 40 km de Bucarest se encuentra el lago de Snagov. Es uno de los principales destinos de fin de semana de los habitantes de la capital. En una isla en medio del agua, accesible en algunos momentos del año en barca y siempre por un puente, encontramos en motivo de nuestra visita, el monasterio del mismo nombre.
La primera iglesia se construyó en el siglo XIV por Mircea el Viejo sobre una pequeña capilla anterior y estaba hecha en madera. El monasterio se añadió después. En 1485, en tiempos de Vlad, se construyó una cárcel y seguramente un túnel bajo el agua. Leí que también lo renovó.
El nombre proviene seguramente del búlgaro, de la palabra “sneg” que significa nieve, aunque también podría venir de la palabra eslava “snaga” que quiere decir “cuerpo humano”. Para visitarlo se tiene que pagar una entrada de 15 RON. Antes al parecer te hacían pagar un precio para hacer fotos. Ahora no se puede (o por lo menos a nosotros no nos dejó) pero como no lo sabíamos hicimos un montón. Nos avisó tarde.
Una losa en el suelo, ante el iconostasio, cubre lo que se supone que son los restos de Vlad Tepes. Se dice que fue asesinado en un bosque cercano, no se sabe si quizás traicionado por sus propios hombres. Su cabeza fue enviada al sultán como prueba de su muerte pero el cuerpo lo habrían enterrado los monjes del monasterio. No hay nada seguro puesto que al abrir la tumba sólo encontraron restos de un caballo y de un ser humano con ropas muy caras. Vlad Tepes llevaba ropas caras puesto que era príncipe. ¿Puede ser él?. No se sabe.
Recientemente un grupo de arqueólogos ha afirmado que la tumba real está en una iglesia de Nápoles. Dicen que no le mataron sino que le hicieron prisionero y luego liberado cuando su hija pagó un rescate. Como ella vivía en Nápoles con su esposo, Vlad se fue con ella y murió en la ciudad, siendo enterrado en la iglesia de Santa María La Nova. Las evidencias de su enterramiento en la ciudad italiana (en la losa de Snagov no hay nada) son unos símbolos grabados en la tumba, un bajorrelieve de un dragón y dos esfinges opuestas que representarían a Vlad Tepes. El dragón ya sabemos que se refiere a la Orden del dragón o a Draculea y las esfinges representan a Tebas, ciudad que también se conoce como Tepes.
De momento no hay nada en firme así que la gente sigue yendo a Snagov a buscar la verdadera tumba de “Drácula”.
Las pinturas e iconos también son muy interesantes.
Regresamos a Bucarest a la hora de comer y nos fuimos directamente al hotel. Nos dieron una crema de verduras y hamburguesa de ternera con patatas. Después, como no había mucho qué hacer, estuvimos sentados en el hall hasta que a las 19.15 vinieron a buscarnos con un coche del mismo hotel para llevarnos al aeropuerto. Y esta vez sí el avión salió a su hora.
Dedicaremos la primera parte de la última jornada a visitar Targoviste, ciudad que dista de Bucarest unos 49 kilómetros.
No escogimos el destino al azar. La ciudad ha jugado un importante papel en la historia del país.
Fue capital de Valaquia desde 1418 hasta el siglo XVI. Después, en 1989, Ceaucescu y su mujer fueron juzgados y fusilados allí.
El nombre de Targoviste significa “lugar de mercado” y desde su fundación parece que ésa fue una de sus funciones principales.
El monumento principal y que primero visitamos es la Corte principesca, rodeada de un muro de ladrillo. La entrada para adultos creo recordar que cuesta 12 RON más 10 para fotos. Fue mandada construir por Mircea el Viejo (el abuelo de Vlad Tepes) en el siglo XOV. En el período de Vlad Dracul, padre de nuestro amigo, se amplió. Fue Petru Cercel (1583-1585) quien incorporó nuevos elementos arquitectónicos con influencias del Renacimiento. Matei Basarab (1632-1654) hizo más reformas pero fue durante el reinado de Constantin Brancoveanu (1654-1714) cuando se emprendió una importante renovación del palacio, añadiendo salas de pinturas y estucos. Poco vemos, no obstante, de esos interiores del palacio y sólo queda hoy su carcasa exterior, hecha en ladrillo. En su interior se hacen algunas exposiciones.
¿Y Vlad Tepes no hizo nada, se preguntarán algunos?. Al final él llevó la corte a Bucarest y construyó allí una corte principesca. Pues sí que hizo y nada menos que el emblema de la ciudad. Se trata de la Torre Chindia (1460), principal punto de observación y guardia de la corte. Ahora se puede subir hasta lo algo para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad, con el complejo palaciego y el parque que tiene al lado y para ver un pequeño museo sobre Vlad Tepes (que no Drácula). Chindia significa Torre del Atardecer y mide 27 metros.
En el recinto hay dos iglesias. La más pequeña se llama de la Anunciación y es el edificio más antiguo de la ciudad. La grande es la iglesia de la Dormición, del siglo XVI, con fachada de arquerías ciegas y ladrillo y tres cúpulas sobre tres torrecillas. Conserva interesantes frescos en el interior (algunos retratos de voivodas) y la tumba de Matei Basarab.
Enfrente del palacio (o de lo que queda de él) encontramos evidencias del baño turco de Matei Basarab.
A un lado de los jardines vemos la casa Balasa, mandada construir por la esposa de Constantin Serban (se llamaba Balasa) en el siglo XVII. Sirvió de casa de huéspedes y de hogar de pobres y ancianos. En otro de los edificios hay un pequeño museo dedicado a la imprenta.
Después de la visita a la corte principesca salimos para dar una pequeña vuelta por los alrededores. En un parque cercano, al otro lado de la calle, encontramos un busto de Vlad. Muy cerca hay dos museos, de historia y de arte.
Bajando un poco encontramos la iglesia de Nicolae Geartoglu a un lado y el Monasterio Stelea al otro. Como la iglesia estaba cerrada nos acercamos al monasterio. La entrada es libre (o por lo menos nadie nos dijo nada). En realidad lo que se conserva es la iglesia del monasterio fundado en el siglo XVI por el príncipe de Moldavia Vasile Lupu. A efectos informativos decir que en la ciudad, a 3 km al este, encontramos otro monasterio (aunque éste no lo vimos). Su nombre es Dealu y parece que fue fundado por Mircea el Viejo en el siglo XIV y reformado por Radu cel Mare en 1499. Lo que vemos hoy es una reconstrucción porque se destruyó en un incendio. Se han perdido tanto las pinturas como las tumbas.
En 1945, terminándose la Segunda Guerra Mundial, la intervención de la Unión soviética ayudó a aupar al Partido Comunista Rumano. El 30 de diciembre de 1947 el rey Miguel abdicó (por obligación) y se instauró la República Popular. No me extenderé en esa explicación más allá de decir que el PCR se convirtió en partido único y que bancos, industria y transportes se nacionalizaron. A los efectos turísticos de esa época nos encontramos con feos edificios comunistas a las entradas y salidas de las ciudades, la aparición del metro en Bucarest para que los trabajadores (muchos venidos de zonas rurales) fueran a trabajar y destrucción de algunas iglesias.
En 1965 fallece Gheorghe Gheoghiu-Dej, que había presidido el país desde el final de la guerra. Ese mismo año se escoge a Nicolae Ceaucescu como secretario general del Partido Comunista y dos años más tarde jefe de estado. Lo sería hasta su muerte.
Ya se ha ido viendo a lo largo de este relato las ideas megalómanas que tenía este señor (y mucho más su mujer).
Por un lado condenó la invasión de Checoslovaquia en 1968, dejó que Rumanía participara en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984 o tuvo relaciones oficiales con la Comunidad Europea. Por otro la Securitate mantenía un régimen represor. Se prohibía la libertad de expresión y se controlaban los medios de comunicación. Por supuesto no existía ningún tipo de oposición (y si existía se sofocaba).
Ya sabemos que proyectó una renovación de la ciudad muy al estilo de París aprovechando que hubo un terremoto. Dio trabajo, cierto, pero muchas casas fueron demolidas para hacer el edificio del Parlamento. ¿Y el dinero gastado allí dentro?. ¿El lujo de su casa?.
Para su política exagerada de industrialización tuvo que pedir deuda externa que pagó, sí, pero a costa de exportar casi toda la producción agrícola e industrial del país lo que provocó que hubiera racionamiento y hambre entre la población rumana.
Y la gente no estaba dispuesta a aguantar más. El 17 de diciembre de 1989 hubo una revuelta en Timisoara. Ceaucescu, como todos los dictadores que se precien, no podía tolerarlo así que mandó al ejército y a la Securitate disparar contra los manifestantes. Pero falló en su intento de frenar las quejas. Fueron a más de tal modo que el 22 de diciembre las Fuerzas armadas se acabaron poniendo de parte de los que se manifestaban. Es la famosa escena de la huída en helicóptero.
Primero fueron a su residencia en Snagov pero luego volvieron a coger el helicóptero, quizás para huir del país. No pudieron llegar más lejos de Targoviste porque las Fuerzas armadas habían restringido los vuelos en el espacio aéreo de Rumanía. Intentaron escapar en automóvil pero no lo consiguieron. Fueron arrestados y entregados a los militares. Se les realizó un juicio sumarísimo con los cargos de genocidio de 60.000 personas en Timisoara, daño a la economía nacional, de tener mil millones de dólares en cuentas en el extranjero y de uso de las Fuerzas armadas en acciones violentas contra la población civil. Sean ciertos o no esos cargos la verdad es que se les encontró culpables y se les fusiló el 25 de diciembre de 1989.
Se les ejecutó en unos barracones militares, antigua escuela del ejército de caballería, que hoy se han acondicionado como museo de pago. Se pueden ver tres salas. La primera es donde se realizó el juicio. Una pequeña habitación en la que vemos las mesas y las sillas donde se sentaron el fiscal, el juez o el matrimonio. La vista duró una hora 45 minutos y la sentencia se dictó en apenas 5. En otra de las salas vemos donde pasaron la revisión médica. Se ha musealizado para dejarla como estaba en la época (la litera, los teléfonos antiguos, la TV…). Yendo por el pasillo a la derecha llegamos donde durmieron sus últimas tres noches. Dos pequeñas camas de hierro más la del soldado que les vigilaba y una sencilla mesa con una vajilla muy distinta de la que tenían en su palacio. Y desde ahí sales al patio para ver una sencilla pared amarilla con una placa que indica el momento justo del fusilamiento.
Después de hacer esa parada volvimos a coger el coche y nos fuimos a Snagov, parada obligada para todo amante de la figura de Drácula o de Vlad el empalador.
A unos 40 km de Bucarest se encuentra el lago de Snagov. Es uno de los principales destinos de fin de semana de los habitantes de la capital. En una isla en medio del agua, accesible en algunos momentos del año en barca y siempre por un puente, encontramos en motivo de nuestra visita, el monasterio del mismo nombre.
La primera iglesia se construyó en el siglo XIV por Mircea el Viejo sobre una pequeña capilla anterior y estaba hecha en madera. El monasterio se añadió después. En 1485, en tiempos de Vlad, se construyó una cárcel y seguramente un túnel bajo el agua. Leí que también lo renovó.
El nombre proviene seguramente del búlgaro, de la palabra “sneg” que significa nieve, aunque también podría venir de la palabra eslava “snaga” que quiere decir “cuerpo humano”. Para visitarlo se tiene que pagar una entrada de 15 RON. Antes al parecer te hacían pagar un precio para hacer fotos. Ahora no se puede (o por lo menos a nosotros no nos dejó) pero como no lo sabíamos hicimos un montón. Nos avisó tarde.
Una losa en el suelo, ante el iconostasio, cubre lo que se supone que son los restos de Vlad Tepes. Se dice que fue asesinado en un bosque cercano, no se sabe si quizás traicionado por sus propios hombres. Su cabeza fue enviada al sultán como prueba de su muerte pero el cuerpo lo habrían enterrado los monjes del monasterio. No hay nada seguro puesto que al abrir la tumba sólo encontraron restos de un caballo y de un ser humano con ropas muy caras. Vlad Tepes llevaba ropas caras puesto que era príncipe. ¿Puede ser él?. No se sabe.
Recientemente un grupo de arqueólogos ha afirmado que la tumba real está en una iglesia de Nápoles. Dicen que no le mataron sino que le hicieron prisionero y luego liberado cuando su hija pagó un rescate. Como ella vivía en Nápoles con su esposo, Vlad se fue con ella y murió en la ciudad, siendo enterrado en la iglesia de Santa María La Nova. Las evidencias de su enterramiento en la ciudad italiana (en la losa de Snagov no hay nada) son unos símbolos grabados en la tumba, un bajorrelieve de un dragón y dos esfinges opuestas que representarían a Vlad Tepes. El dragón ya sabemos que se refiere a la Orden del dragón o a Draculea y las esfinges representan a Tebas, ciudad que también se conoce como Tepes.
De momento no hay nada en firme así que la gente sigue yendo a Snagov a buscar la verdadera tumba de “Drácula”.
Las pinturas e iconos también son muy interesantes.
Regresamos a Bucarest a la hora de comer y nos fuimos directamente al hotel. Nos dieron una crema de verduras y hamburguesa de ternera con patatas. Después, como no había mucho qué hacer, estuvimos sentados en el hall hasta que a las 19.15 vinieron a buscarnos con un coche del mismo hotel para llevarnos al aeropuerto. Y esta vez sí el avión salió a su hora.