Hoy cambiábamos glaciar por fiordo y nos íbamos hasta Geiranger cruzando dos carreteras turísticas y media: Sognefjellet, Gamle Strynefjellsvegen y parte de la Geiranger – Trollstigen.
La Sognefjellet, es el paso de montaña más alto del norte de Europa hasta los 1434 metros de altitud. Y poco más hay que decir. Una carretera de montaña, eso sí, preciosa, como todas las de Noruega. Vas viendo nieve, montañas enormes y glaciares a lo lejos y todo es precioso y Noruega sigue impresionando.
Cuando terminamos esa carretera, llegamos hasta Lom y vimos nuestra primera (y última) iglesia de madera. Son bonitas, pero esta concretamente está en medio de un pueblo con su cruce de carreteras y no es tan bucólico como debería. Si podéis ver otra, escogedla en vez de esta.
Después, en vez de coger el camino corto hacia Geiranger, decidimos coger la carretera turística Gamle Strynefjellsvegen porque estas carreteras no decepcionan. Por lo que he visto, no es una ruta que suela escoger la gente, porque en verdad es rodear y echarte kilómetros a la espalda, pero en eso consiste el viaje a Noruega, en hacerte kilómetros y kilómetros por paisajes increíbles. Y esta carretera, sin ser de las más populares tampoco decepciona. Es muy distinta a las demás porque es una carretera histórica construida en el s. XIX con sus quitamiedos hechos por piedras y con mucho encanto. Es como pasar por un paraje olvidado. Apenas hay tráfico y ni siquiera casas. A nosotros nos pilló nublado y las nubes bajaban casi hasta tocar los lagos y era muy bonito. Por momentos parecía que estabas camino a Mordor, pero en plan bien, paisajes que daban un poco de miedo porque parecía que estaban súper aislados y que nadie había pasado por allí hacía tiempo.
Y después entramos en la primera parte de la Geiranger–Trollstigen y volvió la Noruega verde y más turística. Es que poco más puedo decir que no sea que todo es precioso. El trozo en el que empiezas a descender para acercarte al fiordo, es increíble. Empiezas a meterte entre montañas verdes bajando sin saber a dónde vas pero seguro de que va a ser un sitio increíble. Y eso que ese día estaba nublado y las nubes tapaban parte de las montañas. Cuando llegamos a la zona del mirador de Flydalsjuvet estaba el cielo totalmente encapotado y no se veía absolutamente nada. Un señor que había allí nos dijo que hacía 15 minutos estaba precioso. Es la putada de los fiordos, que se te meten las nubes allí y no hay manera de sacarlas. Así que nada, continuamos bajando por un paisaje aún precioso, hasta el llegar a Geiranger, que nos recibió con otro transatlántico que nos estropeaba las vistas.
El mayor fallo que tuvimos a la hora de hacer la maleta, fue que no metimos unas buenas almohadas, así que llevábamos días durmiendo con almohadas inflables terribles y teníamos el cuello hecho polvo. Mi novio estaba agotado y quería dormir de una vez en una cama, así que teníamos como objetivo conseguir una cabaña para esa noche. Al llegar al pueblo como estaba tan feo el tiempo y no había nada que hacer, comenzamos la ruta de alojamientos (que hay muchos por la zona) en busca de una cabaña, pero sin éxito. No había ni una libre en la zona. Así que terminamos durmiendo otra vez en el coche, en el camping Vinje, que nos pareció el más bonito de los que habíamos visto. En realidad no estaba tan bien porque casi todas las parcelas libres tenían una ligera inclinación y la cascada que había dentro del camping era muy bonita pero por la noche el ruido constante del agua cayendo no era tan bucólico como parecía. Me desperté varias veces creyendo que estada diluviando otra vez, pero en verdad era la cascada, jajaja.
La Sognefjellet, es el paso de montaña más alto del norte de Europa hasta los 1434 metros de altitud. Y poco más hay que decir. Una carretera de montaña, eso sí, preciosa, como todas las de Noruega. Vas viendo nieve, montañas enormes y glaciares a lo lejos y todo es precioso y Noruega sigue impresionando.
Cuando terminamos esa carretera, llegamos hasta Lom y vimos nuestra primera (y última) iglesia de madera. Son bonitas, pero esta concretamente está en medio de un pueblo con su cruce de carreteras y no es tan bucólico como debería. Si podéis ver otra, escogedla en vez de esta.
Después, en vez de coger el camino corto hacia Geiranger, decidimos coger la carretera turística Gamle Strynefjellsvegen porque estas carreteras no decepcionan. Por lo que he visto, no es una ruta que suela escoger la gente, porque en verdad es rodear y echarte kilómetros a la espalda, pero en eso consiste el viaje a Noruega, en hacerte kilómetros y kilómetros por paisajes increíbles. Y esta carretera, sin ser de las más populares tampoco decepciona. Es muy distinta a las demás porque es una carretera histórica construida en el s. XIX con sus quitamiedos hechos por piedras y con mucho encanto. Es como pasar por un paraje olvidado. Apenas hay tráfico y ni siquiera casas. A nosotros nos pilló nublado y las nubes bajaban casi hasta tocar los lagos y era muy bonito. Por momentos parecía que estabas camino a Mordor, pero en plan bien, paisajes que daban un poco de miedo porque parecía que estaban súper aislados y que nadie había pasado por allí hacía tiempo.
Y después entramos en la primera parte de la Geiranger–Trollstigen y volvió la Noruega verde y más turística. Es que poco más puedo decir que no sea que todo es precioso. El trozo en el que empiezas a descender para acercarte al fiordo, es increíble. Empiezas a meterte entre montañas verdes bajando sin saber a dónde vas pero seguro de que va a ser un sitio increíble. Y eso que ese día estaba nublado y las nubes tapaban parte de las montañas. Cuando llegamos a la zona del mirador de Flydalsjuvet estaba el cielo totalmente encapotado y no se veía absolutamente nada. Un señor que había allí nos dijo que hacía 15 minutos estaba precioso. Es la putada de los fiordos, que se te meten las nubes allí y no hay manera de sacarlas. Así que nada, continuamos bajando por un paisaje aún precioso, hasta el llegar a Geiranger, que nos recibió con otro transatlántico que nos estropeaba las vistas.
El mayor fallo que tuvimos a la hora de hacer la maleta, fue que no metimos unas buenas almohadas, así que llevábamos días durmiendo con almohadas inflables terribles y teníamos el cuello hecho polvo. Mi novio estaba agotado y quería dormir de una vez en una cama, así que teníamos como objetivo conseguir una cabaña para esa noche. Al llegar al pueblo como estaba tan feo el tiempo y no había nada que hacer, comenzamos la ruta de alojamientos (que hay muchos por la zona) en busca de una cabaña, pero sin éxito. No había ni una libre en la zona. Así que terminamos durmiendo otra vez en el coche, en el camping Vinje, que nos pareció el más bonito de los que habíamos visto. En realidad no estaba tan bien porque casi todas las parcelas libres tenían una ligera inclinación y la cascada que había dentro del camping era muy bonita pero por la noche el ruido constante del agua cayendo no era tan bucólico como parecía. Me desperté varias veces creyendo que estada diluviando otra vez, pero en verdad era la cascada, jajaja.