Otra vez teníamos unas 5 horas y media de carretera por delante hasta el destino que habíamos planificado, así que nos despertamos temprano. Además, queríamos volver hasta el mirador del fiordo para ver si se habían ido las nubes y podíamos disfrutar las vistas que no tuvimos el día anterior.
Efectivamente se habían ido casi todas y nos acercamos a la clásica silla de la reina, que me costó un huevo encontrar, aunque en realidad era bastante fácil, a hacernos la foto de rigor. La opción aventurera para coger la otra perspectiva la descartamos.
Después continuamos por la carretera, dirección Trollstigen (uno de los puntos a los que le tenía más ganas) parando en otro mirador increíble como el de Ørnesvingen, aunque para mí, después de las vistas del Nærøyfjord, esto me supo a poco. Esta carretera fue emocionante porque tenía muchas expectativas puestas en Trollstigen, tenía muchas ganas de llegar, pero aún así, el camino fue increíble y cuando pensabas que ya no vas a encontrar nada más bonito hasta llegar a la carretera del troll, ahí te daba en las narices otro paisaje precioso. Increíble esta carretera también.
Y finalmente llegamos al famoso mirador de Trollstigen, con el cielo má cubierto de nubes de claros. Y me voy a repetir, pero es que no tengo otra cosa que decir. El sitio es precioso. La carretera es impresionante por si misma, pero es que el enclave es alucinante, y la arquitectura del mirador (de los miradores en realidad), chulísima. Otra vez me tuvieron que arrancar de allí por la fuerza y cogimos la carretera cuesta abajo. Al terminar las curvas hay un pequeño apartadero con unas mesas y decidimos que no había mejor sitio para comer que allí. Desde ese punto vimos que partían rutas de senderismo.
Nosotros continuamos en dirección Andalsnes, aunque hay mucha gente que desde allí tira hacia Alesund. Dimos una vuelta por el pueblo (que es como la capital noruega de la escaleda) y nos fuimos hacia Trollveggen, la pared vertical más alta de Europa, meca de escaladores y saltadores BASE. Había mucha nube y niebla y cuando llegamos no se veía la cima. Echamos un buen rato en el centro de visitantes, que tiene paneles explicativos del sitio y te cuenta algo de su historia en la escalada, los hitos y las muertes que ha habido. Hay una proyección de un documental, pero es de pago. Al salir del centro se había ido las nubes y por fin pudimos ver la pared entera, bastante impresionante, sobre todo pensar en la gente que abrió las primeras vías para llegar allí.
Seguimos con destino Gjende, al pie del parque nacional Jotunheimen y al lado del punto de partida de la famosa ruta de la cresta de Besseggen. Para llegar hasta allí me comí el trozo de carretera más aburrido y feo de toda mi ruta por Noruega. Muy poco que reseñar desde Trollveggen hasta que ya te acercas al parque de Jotunheimen, lo único fue descubrir que mi coche tenía hasta 7 marchas y no 5 como uno normal y ver montones de estaciones de esquí con cero nieve. Es muy raro, yo al menos era la primera vez que pasaba por delante de remontes y cabinas de esquí sin que hubiera una gota de nieve alrededor. Y era gracioso mirar a lo lejos y ver una montaña repleta de árboles, y de repente unas líneas taladas casi en línea recta que eran pistas. Llegamos casi al anochecer a Gjende y nos quedamos en el camping Maurvangen y disfrutamos de la puesta de sol. Esa noche pasamos frío como tontos. Estábamos en la montaña al fin y al cabo, y no nos podemos quejar mucho porque fue el único día que lo pasamos mal por la noche.
Efectivamente se habían ido casi todas y nos acercamos a la clásica silla de la reina, que me costó un huevo encontrar, aunque en realidad era bastante fácil, a hacernos la foto de rigor. La opción aventurera para coger la otra perspectiva la descartamos.
Después continuamos por la carretera, dirección Trollstigen (uno de los puntos a los que le tenía más ganas) parando en otro mirador increíble como el de Ørnesvingen, aunque para mí, después de las vistas del Nærøyfjord, esto me supo a poco. Esta carretera fue emocionante porque tenía muchas expectativas puestas en Trollstigen, tenía muchas ganas de llegar, pero aún así, el camino fue increíble y cuando pensabas que ya no vas a encontrar nada más bonito hasta llegar a la carretera del troll, ahí te daba en las narices otro paisaje precioso. Increíble esta carretera también.
Y finalmente llegamos al famoso mirador de Trollstigen, con el cielo má cubierto de nubes de claros. Y me voy a repetir, pero es que no tengo otra cosa que decir. El sitio es precioso. La carretera es impresionante por si misma, pero es que el enclave es alucinante, y la arquitectura del mirador (de los miradores en realidad), chulísima. Otra vez me tuvieron que arrancar de allí por la fuerza y cogimos la carretera cuesta abajo. Al terminar las curvas hay un pequeño apartadero con unas mesas y decidimos que no había mejor sitio para comer que allí. Desde ese punto vimos que partían rutas de senderismo.
Nosotros continuamos en dirección Andalsnes, aunque hay mucha gente que desde allí tira hacia Alesund. Dimos una vuelta por el pueblo (que es como la capital noruega de la escaleda) y nos fuimos hacia Trollveggen, la pared vertical más alta de Europa, meca de escaladores y saltadores BASE. Había mucha nube y niebla y cuando llegamos no se veía la cima. Echamos un buen rato en el centro de visitantes, que tiene paneles explicativos del sitio y te cuenta algo de su historia en la escalada, los hitos y las muertes que ha habido. Hay una proyección de un documental, pero es de pago. Al salir del centro se había ido las nubes y por fin pudimos ver la pared entera, bastante impresionante, sobre todo pensar en la gente que abrió las primeras vías para llegar allí.
Seguimos con destino Gjende, al pie del parque nacional Jotunheimen y al lado del punto de partida de la famosa ruta de la cresta de Besseggen. Para llegar hasta allí me comí el trozo de carretera más aburrido y feo de toda mi ruta por Noruega. Muy poco que reseñar desde Trollveggen hasta que ya te acercas al parque de Jotunheimen, lo único fue descubrir que mi coche tenía hasta 7 marchas y no 5 como uno normal y ver montones de estaciones de esquí con cero nieve. Es muy raro, yo al menos era la primera vez que pasaba por delante de remontes y cabinas de esquí sin que hubiera una gota de nieve alrededor. Y era gracioso mirar a lo lejos y ver una montaña repleta de árboles, y de repente unas líneas taladas casi en línea recta que eran pistas. Llegamos casi al anochecer a Gjende y nos quedamos en el camping Maurvangen y disfrutamos de la puesta de sol. Esa noche pasamos frío como tontos. Estábamos en la montaña al fin y al cabo, y no nos podemos quejar mucho porque fue el único día que lo pasamos mal por la noche.