Queridas amigas y amigos, hijas e hijo. El viaje termina pero nuestra última crónica aún no se había hecho. Nuestro último día, 3 de abril, se presentaba largo en combinaciones, pero que fueron encadenándose sin problemas hasta llegar a España.
La mañana se presentó clara y azul con una visión de Ischia desde nuestra terraza como bonita despedida. El riquísimo y completo desayuno de Serenella y Claudio nos puso en marcha. Antes de salir para el puerto de Marina grande, nos dio tiempo de ir en bus hasta Villa Damecuta, una de las privilegiadas residencias de Tiberio en la isla, sobre la gruta azzurra. Las vistas impresionantes nos dejaron en la puerta de la excavación cerrada a cal y canto, y con más de una pintada denunciado esa situación sobre la reja con púas. La excavación muestra una villa muy similar a la de Villa Jovi, la vista se perdía hasta la torre medieval que indica donde estaba su residencia más íntima.

Con la idílica vista de la costa napolitana, de las islas y de la presumible bajada a la gruta, donde parece que se daba algún baño nos despedimos de este lugar donde lo tremendamente frustrante es que tengan cerrada esta villa por no poner a alguien que vigile y que en otros lugares haya hasta 3 vigilantes sin trabajo para todos como hemos podido comprobar, qué falta de planificación y organización de la administración.

A la vuelta recogimos el equipaje, nos despedimos efusivamente de Serenella, quien nos contó que ellos cuando se casaron estuvieron en Sevilla, ¡vaya concidencia!. En el bus trasladamos a Marina Grande, donde pudimos embarcar una hora antes en otro barco a Nápoles

Se desembarca delante del Castillo Nuevo o de los aragoneses, y tuvimos un bonito paseo del Puerto a la Estación, con un agradable taxista que nos ilustró informándonos ampliamente sobre el barrio que pasábamos, y que no habíamos visto, el Carmine con su sabor marinero. Llegamos con una hora y media antes a la estación de Piazza Garibaldi, así que dejamos el equipaje en consigna y nos fuimos a un restaurante que nos recomendó una amabilísima carabineri: "Ettore", en la misma plaza, donde nos despedimos a lo grande con dos ricas pizzas: margheritta, que aquí me están encantando y no tienen nada que ver con las que nos ponen en España, y ortelana, unas buenas birras y unos reparadores cafés, ¡qué buena despedida de nuestra querida Napoli!

El flecha roja a Roma y luego el leonardo express nos dejaron con 3 horas de espera para nuestro vuelo a las 19,15. Pero la huelga de controladores franceses retrasó nuestras salida a las 20,30. Cuando estábamos llegando a Madrid nos indicaron la salida de puerta de embarque de conexión con Sevilla, a la que llegamos con sólo 5 minutos de diferencia, pero los pilotos de iberia estaban en huelga de celo y ¡ya habían salido! Éramos 7 personas a Sevilla los que quedamos en tierra, pero de diversos vuelos dejaron a 70. Las reclamaciones e información fue todo un calvario, con malas caras y modos en los mostradores de Iberia. La solución que nos ofrecían era enviarnos al día siguiente sobre las 11,00 en autobús a Sevilla, lo que nos parecía inaceptable. Por fin a las 3 de la mañana, un empleado más amable y comprensivo con nuestra situación, nos sugirió volar a Jerez, que había un vuelo a las 7,00 y de allí irnos a Sevilla por nuestra cuenta, y hacer la reclamación. Nos gestionó un hotel en Barajas, afortunados nosotros, porque en Jerez otras personas con las que coincidimos, que también eligieron esta opción, nos dijeron que a ellos los habían llevado a Guadalajara y a otros a Madrid en la zona de las Ventas. Aún nos quedaba la penitencia de la facturación de las maletas, pasadas de peso porque tuvimos que meter las botellas y lo que habíamos comprado en el duty free de Roma y que ahora, como nos pasó en Rusia, no nos iban a dejar pasar. Para facturar con sobrepeso la empleada más desagradable que os podéis imaginar nos indicó que teníamos que comprar una nueva facturación en una cola kilométrica, (que a la mañana cuando volvimos seguía estando igual). Al final la señora que envolvía en plásticos las maletas, ante mi cara de desesperación, nos llevó a las máquinas de pesar y nos recomendó que sacáramos de las maletas todo lo que pudiéramos hasta llegar a los 23 kg que permitían, y que el resto, que sólo eran 2 kg por maleta, lo pusiéramos en unas bolsas de basura que nos suministró para llevar en la cabina, nunca le agradeceremos lo suficiente su ayuda y amabilidad. Así lo hicimos, y cargados de las bolsas nos pudimos ir sobre las 4,00 al Hotel del Aeropuerto, tumbarnos un rato y volver a las 6, al menos pudimos descansar una hora y media.
En Jerez antes del tren a Sevilla, nos pudimos tomar un reparador desayuno de mollete con jamón y café con otra pareja de Sevilla con la que habíamos compartido el infortunio. A nuestra casa llegamos a las 12,15, gracias a nuestro amigo Enrique que nos recogió en el Metro y nos dejó en la puerta. ¡Por fin en casa! Besos y más besos. Este ha sido un verdadero viaje de miel. Gracias familia y amigos
Por cierto de la reclamación nada de nada, nos contestaron que todo había sido consecuencia de la huelga de los controladores aéreos franceses y que le reclamáramos a ellos.
Pera nada ni nadie nos puede empañar el recuerdo del maravilloso viaje de luna de miel que hicimos y que le tenemos que agradecer en parte a nuestro amigo Pepe que nos montó una mesa redonda en el Ateneo al que pertenecemos sobre las distintas situaciones de vivir juntos, como nosotros estábamos, hacerse pareja de hecho o casarse por lo civil, y nos convencieron.
