26 de marzo. Bueno queridísimas y queridísimos ¡Ya estamos en Napoli!, y ¡cómo es Napoli!: Sucia, desorganizada, chillona, caótica, con muchos motorinis a evitar que te atropellen, en fin todo lo anterior y ese algo de las ciudades que te atrapan: una atmósfera que te hace sentir que estás en casa, como una Cádiz elevada a la décima potencia, con la belleza de la vida que late en cada esquina.
Esta mañana nos tocó levantarnos pronto, el tren Flecha rossa, el ave italiano salía a las 9,00. La prima cosa que hicimos al llegar a la estación, en la plaza Garibaldi, fue coger un taxi, pero el taxista no sabía muy bien cómo llegar, y viendo que nos metía por una dirección que no era, me pongo a indicarle hasta que lo traje al Hotel, el hombre me miraba como diciéndose que cómo me sabía el nombre de las calles y las direcciones, claro lo que no sabía es las horas de google maps que llevo en el cuerpo preparando el viaje. Otra experiencia fue la coduccción por direcciones prohibidas y la ley del más fuerte o más arriesgado, pero llegamos.
El Decumani Hotel de Charme, nuestro alojamiento en estos dos días, está situado en un segundo piso del que fue el Palacio del Cardenal Riario Sforza, es bonito, cómodo y elegante, con detalles antiguos y de diseño, y con un impresionante salón de desayunos situado en lo que era el salón del Palacio, con pinturas al fresco. ¡Pero la entrada!

Como hasta ahora, nos ha cundido mucho el día: Antes de empezar las visitas se imponía un café y probar los sfloguiatteles que son unos pasteles de hojaldres rellenos de queso ricota, en el Café “Scaturchio” en la calle B. Croce, super recomendado por el recepcionista del Hotel y que están riquísimos y que fuimos bajándolos en un paseo por Escapanapolis, la calle que corta en dos la Napoli greco romana.
Primera parada en la magnífica iglesia de Santo Domingo y en la iglesia de San Angelo a Nilo con esculturas de Donatello, situada en la plaza del Nilo que recibe su nombre de la helenística estatua que representa a ese río encontrada en la Edad Media.
Continuamos la visita con la espectacular capilla barroca de San Severo, llena de leyendas e historia, fundada oficialmente por Alessandro de Sansevero, segundo príncipe de Sangro, que la reforma en 1610 para convertirla en su panteón. El centro está ocupado con la espectacular escultura del Cristo velado, de Giuseppe Sanmartino, en un mármol perfecto e inquietante y se completa con la bajada a la cripta donde se exhiben dos esqueletos de hombre y mujer con el sistema vascular perfectamente diseñado. Esa capilla funeraria, nos recordó la de la Santa Cueva de Cádiz, este conde que la fundó, también masónico era un extraño personaje del que hay diversas teorías.
Nuestro itinerario nos llevó hasta la plaza de San Gaetano donde se encuentra el interesante complejo de la Basilíca de San Lorenzo Mayor. La iglesia y el convento se comienza en el siglo XIII combinando el gótico francés inicial con el italiano. Como curiosidad en 1343 residió en el convento Petrarca. A partir del siglo XVI se producen sucesivas reformas debidas a los daños sufridos por terremotos, guerras y a los cambios de los distintos estilos. Tras la visita a la monumental iglesia, recorrimos el anexo convento franciscano que tiene una zona dedicada al Museo de la Ópera de San Lorenzo, donde vimos una bonita exposición de belenes. Nos gustó mucho la Sala Capitular con bóvedas esféricas y frescos que la adornan, así como el gran Refectorio o Sala de Sixto V, también con frescos del XVII que representan las virtudes mayores y menores. El claustro del siglo XVIII, situado sobre los restos del macellum romano da acceso a las interesantes excavaciones de la Nápoles griega y romana de la primera mitad del siglo I. En esta interesante excavación pudimos pasear por una calle griega que muestra restos del macellum, donde pudimos entrar en las tiendas que conservan los bancos donde se exponían las mercancías, se identifica una panadería con su horno, en fin ¡totalmente alucinante e interesante!.

En la misma plaza se encuentra la Basílica de San Paolo maggiore, una interesante y también monumental iglesia, de estilo barroco en la actualidad, construida sobre el antiguo templo de los Dioscuros, y del que aún se conservan dos columnas corintias del siglo I en la fachada. Ha tenido diversas reconstrucciones y añadidos desde la inicial del siglo VII. Al interesante claustro del siglo XVI construido sobre el templo anterior apenas si nos pudimos acercar porque cerraban y nos tuvimos que marchar.
Bajamos por San Gregorio Armero, la calle de los presepios o belenes que tanto nos gustan, a buscar la pizzería “del Presidente”, donde nos hemos tomado unas riquísimas pizzas margarita a muy buen precio, son la especialidad recomendada y que también recomendamos, ¡cómo pueden estar tan buenas y tan ricas aquí! Nos gustó mucho ver el trasiego de pizzas en el horno de leña y el mostrador a la calle lleno de las frituras que aquí tanto gustan: arancinis (de arroz), panzerotti (croquetas de patatas con queso), zeppole (buñuelos de viento).

Necesitamos un café para despejarnos y poder ir al Museo Arqueológico que es totalmente sensacional. Estábamos emocionados de ver el llamado toro Farnesio del siglo II aC , la mayor escultura en bulto redondo que ha llegado hasta la actualidad y la estatua de Hércules, ambos de la Colección Farnesio. La colección pompeyana y en general de las ciudades vesubianas son de saltarse las lágrimas, pinturas, mosaicos como el espectacular de la batalla entre Alejandro Magno y Darío encontrado en la casa del fauno de Pompeya, estatuas diversas, y por supuesto ver los frescos que utilizamos en los marcapáginas de nuestra boda: Martes y Venus de Pompeya y la Flora de Stabia. No hay que perderse el gabinete secreto donde se encuentran las pinturas y objetos eróticos que adornaban los lupanares. Es un museo imprescindible y bellísimo en el que no dejan hacer fotos, y que así toda la atención está en lo que podemos contemplar y disfrutar.
Bajamos camino del mar, por la Piazza Bellini, con sus restos de muralla griegay por Vía Toledo, con una entrada a los Quartteri Spañolis (los de la ropa tendidas, que es verdad están por todas partes), con sus estrechas callejuelas, donde dicen no conviene entrar de noche, en contraste con la cercana y lujosa Galería San Humberto I, muy bella y al estilo de las de Milán, con todo tipo de tiendas de precios prohibitivos, que fue inaugurada en 1890.


Otra parada en la pequeña confitería Pintauro, para una infusión y comer otros sfoguiatelles, porque estaba muy recomendado comerlos también aquí y hemos querido comprobar si eran buenos, y lo confirmamos. Seguimos hasta el famoso Teatro San Carlos, y la Piazza Trieste y Trento con las columnatas frente al Teatro Real, y el Palacio para continuar y ver desde fuera el Castell del’Ovo, en el Borgo mariano, con unas vistas muy "románticas"del Vesubio, del Golfo de Napoles y de Capri.

Volvimos al centro por Santa Lucía, donde compramos unos bonitos grabados en una pequeña y bien provista tienda de grabados y libros viejos. Ya cansados de todo el día no dejamos de entrar en la famosa Cervecería “Gambrinus” y en Santa Clara que estaba abierta, no su bonito claustro que está cerrado por restauración. Cenamos en "Di Matteo", donde repetimos otra vez pizza, esta vez la mía era Ripiena de flor de latte, exquisita y suculenta, y la de Esteban de salami, también muy contundente, hay que aprovechar en Napoles para comerlas porque nos parecen las más ricas que hemos tomado. A dos pasos nuestra isla de paz, el Decumani Hotel de Charme. Y ahora queridas y queridos a descansar que mañana nos vamos a Ercolano.