Día 20 de marzo, martes. Tras la aventura por los saltos constantes del microbús que nos llevaba desde nuestra calle hasta Piazza dei Populo, y del tranvía que cogimos detrás de la plaza, casi con las puertas cerrándose, llegamos al Museo Etrusco de Villa Giulia, ¡espectacular!, donde nos quedamos un buen rato frente a la tumba de los felices esposos,¡cómo no recordar a José Luis Sampedro! Quedamos sorprendidos con unos exvotos entre los que estaban representaciones de úteros con sus óvulos. Precioso paseo por sus jardines con escolares atentos a su profesora.

Después un bonito paseo hasta el Ara Pacis Augustae, una magnífica integración del Altar dedicado a la diosa romana Pax para celebrar las victorias de Augusto en las campañas de la Galia e Hispania y la paz posterior, ( “impuesta”), con la obra moderna de Meier que la envuelve y protege permitiendo una comunicación visual de interior y exterior.

El día lo continuamos recorriendo la Roma barroca del centro a través de sus iglesias: San Agostino, San Luis de los franceses con sus magníficos Caravaggios, ¡nunca me canso de admirarlos!, Santa María de la Pace y el elegante claustro de Bramante, viendo desde una ventana del bar las pinturas de Rafael en la Iglesia, la hermosa fachada de S. Ivo que estaba cerrada, San Ignacio de Loyola y su espectacular bóveda pintada por Andrea del Pozzo. Pinturas y arquitecturas que nos reconfortaban las horas que llevábamos andando. Hicimos una parada para reponer fuerza con una rica pizza y pasta romana en la pizzería del Paino en la vía da Parioni, 34-35, ¡muy bueno todo!
Cómo no, volvimos a admirar el Panteón, lleno de gente pero admirable siempre con su vertiginoso óculo, construido por Agripa en el siglo I AC y reconstruido por Adriano en el siglo II , como templo de todos los dioses, y modelo admirado en todos los tiempos por arquitectos y constructores. Para no moverte en horas.

Otro gusto repetido fue el de los restos del templo de Adriano, y la Piazza Navona, este nuevo “estadio” de juegos de pasear, vender y mirar, atestada pero hermosa siempre, con su majestuosa y bellísima fuente barroca de los cuatro ríos de Bernini, sin olvidarnos de las fuentes de Neptuno y del Moro, ni de entrar en la barroca San Agnese en su agonía, terminada genialmente por Borromini, los genios del barroco enfrentados como parece que lo estuvieron en su tiempo.

Antes habíamos disfrutado en Santa María sopra Minerva, esa rareza de iglesia gótica en Roma, del cristo de Miguel Ángel y de la encantandora fuente del elefante de Bernini, dorada por el sol, frente a su portada.

No podía faltar un rico helado en San Crispino, vía della Panettería antes de enfrentarnos a la Fontana di Trevi: superatestada de gente, ¡tan hermosa y tan parque temático! Pero inevitable no buscarla y disfrutarla.

Al final, aún nos quedó fuerza para ir hasta el Campo de Fiori y pasear por sus alrededores, acercarnos hasta el bellísimo Teatro Valle para ver el ambiente de este Teatro “ocupado”, www.teatrovalleoccupato.it/ , en junio de 2011, que volvió a estar en activo tras su cierre en mayo del mismo año, y que ha recibido varios premios por su gestión actual y puesta en escena.
Una pausa para tomarnos unas infusiones en el bonito café de enfrente, que resultaron carísimas, y volver a nuestro apartamento, cansados y cargados con nuestras compras hechas al regreso: vino, sabrosos tomates (pomodorinis), alcachofas (carciofi) y quesos para la cena, que completamos con el rico jamón y carne mechada que trajimos de la boda.