Hoy teníamos por delante otro intenso día de templos en Kyoto.
Comenzamos prontito por el Ginkaku-ji, en el que coincidimos con varios colegios que nos fueron acompañando casi todo el rato por los jardines de este templo, muy cuidados y que merece la pena conocer.

Seguimos el camino del filósofo, que tampoco es imprescindible porque no deja de ser el camino que va recorriendo el canal, hasta llegar al Hohen-in, que visitamos por fuera, y llegar al Nanzen-ji, que destaca por su gran puerta de madera, a la que subimos y estuvimos un buen rato arriba, descansando y viendo las vistas, y al hecho de que cuenta con un acueducto.

De allí fuimos al Heian Jingu, con su intenso color rojo y donde nos llamó especialmente la atención lo que creíamos de lejos que eran unos árboles con hojas blancas, pero que en realidad eran los omikujis o mensajes de la fortuna.

Comimos algo en un 7 Eleven y continuamos camino hasta el Kodai-ji, que visitamos antes de dirigirnos hacia el punto fuerte del día, el templo de Kiyomizu-dera.

Las calles que llevan hasta el templo tenían tanta gente que aún siendo martes parecía un domingo en hora punta, y mucha gente iba vestida con el kimono. Visitamos toda la zona durante un buen rato,

hasta las 16 horas, más o menos, que volvimos a dirigirnos hacia la zona de Gion y Pontocho, para verla tarmbién de día. Terminamos cenando en el restaurante de okonomiyaki de la primera noche en Kyoto.
