Nos despertamos bien tempranito porque habíamos reservado el desayuno a las 7.30 de la mañana. Ese día nos esperaba mucha carretera por delante y queríamos salir lo antes posible. Nos duchamos y dejamos nuestras cosas recogidas. Después fuimos a desayunar a la cocina de la casa, donde había un par de mesas listas. La verdad es que el desayuno súper completo y podíais servirte lo que quisieras; había prácticamente de todo: pan de varios tipos, mantequilla, mermelada, embutidos, quesos, leche, cereales, cafés, tés, huevos, fruta, bizcocho... Yo como no había comido prácticamente nada el día anterior tenía mucha hambre, aunque intenté ser comedida. Por cierto, descansé de lujo y ya me encontraba genial.
Mientras desayunábamos llegó un señor que se puso en la mesa de al lado. Estuvimos charlando con él y resultó ser un conductor de autobús turístico que estaba también haciendo la Ring Road, pero por trabajo. Lo más curioso es que nos lo encontramos un par de días después en la península de Snaefellsnes…
Después de desayunar nos despedimos del dueño de la guesthouse y llevamos las maletas al coche, que estaba todo lleno de escarcha. Había hecho y todavía lo hacía, frío de narices. La ruta de ese día fue un poco ‘sobre la marcha’. El destino era Helgafell, ya dentro de la Península de Snaefellsness, y teníamos más o menos claro que queríamos parar en Hvítserkur, que es una roca enorme que hay en la playa y que tiene una forma muy curiosa, como de un animal bebiendo agua. Pero realmente no llevábamos una ruta definida, así que nos dejamos sorprender un poco.
Nuestra primera parada fue en la carretera porque vimos un lugar que nos llamó la atención. Dejamos el coche en el aparcamiento y nos acercamos a un río que bajaba por una especie de cañón. De telón de fondo las montañas un poco nevadas. La verdad es que ni idea del nombre del sitio, pero me pareció chulísimo. La verdad es que no parecía que se pudiera llegar mucho más lejos andando y además chispeaba y hacía mucho frío, así que muy pronto volvimos al coche para seguir la carretera.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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De camino a Hvítserkur vimos que la Lonely marcaba una iglesia llamada Víðimýrarkirkja. Como no nos suponía ningún desvío extra, simplemente cogimos un cortísimo camino de tierra para verla. Se trata de una pequeñísima iglesia de turba con el techo cubierto de césped. La madera que cubre parte de la iglesia es de color negro, y la puerta y las ventanas rojas y verdes. La iglesia está pegada a una casa y se encontraba cerrada, me quedé sin saber el motivo, pero no pudimos ir a verla de cerca…
Esta iglesia es un ejemplo de cómo eran las antiguas iglesias islandesas. Concretamente esta fue construida en el año 1834, aunque se ha ido reformando varias veces en el último siglo. He visto fotos del interior por dentro y es una cucada, pero por desgracia no lo pudimos ver en persona. Detrás tiene un pequeñísimo cementerio, aunque tampoco pudimos verlo, porque no encontramos ninguna forma de rodear la iglesia sin entrar en terreno privado.
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Nos fuimos enseguida, después de echar un par de fotografías. Antes de llegar a Hvítserkur hicimos una última parada en Blonduos, un pequeño pueblo, para comprar un par de cosas en el super, y como nos llamó la atención paramos un momento al lado de la iglesia, que tiene una forma muy curiosa. Me sorprendió ver la cantidad de asiáticos que había echando fotografías a la iglesia, porque el pueblo era más bien solitario. El arquitecto que diseñó la iglesia se inspiró en las montañas y en el paisaje para integrarla. Es una iglesia muy reciente, fue consagrada en el año 1993.
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Después ya seguimos para la península de Vatnsnes y concretamente ya sí que sí a Hvítserkur. Para llegar tuvimos que coger una carretera sin asfaltar, bastante malilla, con mucho socavón y se hizo un poco pesado. En el aparcamiento había un autobús y algunos coches y hacía bastante aire. En un momento se llega andando al mirador y la verdad es que no tiene mucho la roca en sí. Hombre, es muy curioso ver el enorme pedrusco y su caprichosa forma ahí en medio de la playa, totalmente cubierto, porque había marea alta, pero yo creo que es más bonito cuando está baja, porque te puedes acercar andando. La vista desde el mirador no me pareció nada del otro mundo, aunque mucha gente sí bajaba a la playa para tener otra perspectiva.
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A nosotras el camino por el que bajaban algunas personas nos pareció un poco de cabras y como no nos llamó demasiado la atención nos fuimos hacía el otro lado, por un camino de tierra más planito, donde había una señal que indicaba un WC y un hostel que no encontramos. Yo creo que estaban un poco lejos andando desde allí, así que nos quedamos con todas las ganas de usarlos…
Tampoco vimos todavía ninguna foca en esas playas, aunque a lo lejos se veían bultos que bien lo podrían haber sido, pero la vista no nos alcanzaba. El paisaje precioso. Lo que sí que había era muchas aves, pero no tengo ni idea de qué especies se trataban.
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Como nos quedamos con ganas de ver focas (y de mear) nos acercamos a Illugastadir, con la esperanza de poder hacer las dos cosas (y lo conseguiimos!!). El caminito se hizo también muy pesado, porque sigue siendo sin asfaltar y con muchos socavones, de hecho creo que toda la carretera que rodea la península es así. El aparcamiento es bastante grande, hay muy pocos coches y además encontramos un wc!! Y menos mal que estaba abierto. Para usarlo te piden, mediante un cartel, que pagues, creo que eran 200 ISK, pero lo tuvimos que usar sin pagar porque nosotras no cambiamos nada de moneda, así que coronas tocamos pocas. Lo pagábamos todo con tarjeta,así que nos saltamos la honradez nórdica e hicimos pis gratis.
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Hacía un viento bastante terrible, pero nos abrigamos bien dispuestas a rodear la orilla para ver focas. Fuimos siguiendo el sendero y al poco rato de observar ya vimos una cabecita dentro del agua. Un poco más alante en el camino vimos otro par de focas jugando (o haciendo cosas de focas mayores) dentro del agua, muy cerca de la orilla. Ahí al lado había un pequeño observatorio de madera, con unos prismáticos. Desde allí se pueden observar las rocas que quedan enfrente y como hay varias focas descansando ahí. Por cierto las focas que había allí eran focas grises, una especie de un tamaño bastante considerable. Un macho adulto puede pesar hasta 300 kilos, aunque las que vimos más de cerca no parecían tan grandes.
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La carretera hasta salir de la península se me hizo un poco interminable, porque seguía siendo sin asfaltar. De hecho fue el día más pesado en cuanto a la conducción se refiere.
Entrar en la península de Snæfellsnes fue una alegría, no sólo por la carretera, también por las vistas. Los paisajes eran de quitar el hipo. Volvían otra vez las ansias de grabarlo todo desde el coche porque todo era precioso. Ese día nos íbamos a quedar en uno de los alojamientos a los que le teníamos más ganas, porque era una cabañita a los pies del lago Helgafell. Las fotos de internet parecían una pasada, y la verdad que el lugar es espectacular…
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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Llegar fue súper fácil con el GPS, aunque había un trozo de camino que era de cabras, pero literal, porque estaban las ovejas en medio. Para llegar a las cabañas pasamos al lado del monte Helgafell y de un par de casas particulares, además de la iglesia.
Según la mitología nórdica a esta montaña, considerada sagrada, se dirigían los espíritus de los difuntos que habían vivido una vida correcta, especialmente espíritus de mujeres, ya que no podían entrar al Valhalla. Se puede subir a la cima del monte en una media hora caminando, aunque se tiene que pagar una pequeña tarifa en una caseta que hay abajo (sí, aquí se paga hasta por caminar un monte...). Según la leyenda hay que subir hasta la cima sin mirar atrás y sin decir una palabra, y después desde arriba pedir tres deseos que si has hecho lo anterior, se cumplirán. Nosotras no subimos porque el día siguiente fue un día de lluvia y niebla y nos hubiésemos comido el suelo sin necesidad de mirar atrás o adelante...así que me quedo sin deseos, mala suerte.
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Cuando llegamos a la cabañita vimos que el lugar era bastante recóndito y bonito. Sólamente teníamos otra cabaña al lado y luego tres casas en los alrededores, pero la sensación era de estar apartado de todo. De hecho teníamos el lago al lado, con un muelle de madera, y las ovejas se paseaban por allí delante sin problemas. Aprovechamos para estar allí durante la puesta de sol, porque el lugar lo merecía. Bastante más tarde, y cuando ya estaba oscuro totalmente, llegaron nuestros vecinos de la cabaña de al lado. Desde luego el sitio es ideal para ver auroras si tenéis la oportunidad (no fue nuestro caso).
Por dentro contaban con cocina totalmente equipada, mesa, sillas, sofá cama, televisión, una cama doble y un baño. Todo súper limpio y nuevo. Además nos habían dejado chocolatinas, y en la cocina fruta, leche, cereales… todo un detalle! Aunque el desayuno también se puede encargar y te lo dejan al día siguiente en una cestita en tu puerta. Una cucada. Pero como era bastante caro nos conformamos con la leche de la nevera y los cereales que ya está muy bien, oye. Además también veníamos con la comida puesta.
La noche nos salió por 144€ que para mí es mucho dinero, pero de verdad que el sitio es tan bonito que yo los pagué y me quedé tan a gusto...
