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La Inmensidad de San Pablo -Diarios de Viajes de Brasil- Lobo_austral
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Diario: Los Dos Corazones de Brasil  -  Localización:  Brasil  Brasil
Descripción: Un recorrido por las capitales administrativa y financiera de Brasil.
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Índice del Diario: Los Dos Corazones de Brasil



Etapa:  La Inmensidad de San Pablo  -  Localización:  Brasil Brasil
Lobo_austral  Autor:    Fecha creación:   
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La Llegada a San Pablo

Eran las 7 AM de un domingo y yo en pie ¿quién lo diría? Ya estaba en el aeropuerto de Brasilia, presto para volar a San Pablo.

El avión salió a la hora y luego de 90 minutos de vuelo por encima de las campiñas de Minas Gerais, arribé a San Pablo, específicamente al aeropuerto de Congonhas. A pesar de atender solo vuelos domésticos, Congonhas es uno de los más demandados del país. La ventaja de llegar a Congonhas es que se sitúa en medio de la ciudad. Así, transportarse hasta el centro resulta muy sencillo. Hay un autobús de la locomoción colectiva de la ciudad que se aborda en la entrada del aeropuerto y te deja en la estación de metro São Judas. Desde allí, puedes llegar a los lugares más importantes de la ciudad. La red de metro de San Pablo es bastante extensa.
Luego de 30 minutos de viaje en metro, llegué a mi hostel. Estaba ubicado en el barrio de Boa Vista, a dos cuadras de la célebre Avenida Paulista y a cuatro de la estación Consolação, en la cual me bajé.

Luego de la ya clásica ducha post-viaje, comencé a planificar mi viaje. No suelo meditar acerca de mi ruta diaria en la mañana del mismo día. De hecho, era la primera vez que lo hacía ¿La razón? Había cometido un error al comprar los pasajes. Al haber adquirido boletos Santiago – Brasilia y Brasilia – Santiago (ambos con conexión en San Pablo), los viajes debían iniciarse en los puntos de origen/destino. Tarde vine a enterarme de que no podía abordar solo el segundo vuelo de mi viaje de regreso (el vuelo de conexión en San Pablo con dirección a Santiago), el cual partía a las 9 PM ¿La solución? Tuve que volver a Brasilia a las 3 PM, esperar poco más de una hora, abordar el vuelo que me correspondía desde Brasilia a San Pablo y finalmente subirme, en San Pablo, al vuelo con rumbo a Santiago de las 9 PM ¡Perdía 6 horas del día lunes volando de un lugar a otro! Tiempo en el que tenía pensado haber visitado un montón de lugares, pero que desperdicié por un craso error de planificación. En fin. Hay que tener mucho ojo con este tipo de cosas a la hora de planificar un viaje.


¿Ir o no Ir?

Antes de enterarme del problema de los pasajes, había planificado visitar los museos más célebres de la ciudad y el Parque Ibirapuera el domingo y recorrer el centro de la ciudad el lunes, de modo de palpar la vida urbana paulistana en su máxima expresión. Finalmente, tuve que modificar mi itinerario, optando por visitar el centro ese mismo domingo y el parque Ibirapuera el lunes. Los museos quedarían para otra ocasión. Una lástima.

"No vayas por ningún motivo al centro un domingo", "los domingos en el centro no, no y no", "es muy peligroso”. Estas eran palabras provenientes de la boca de muchos brasileños, incluido Raphael, al haberme oído hablar acerca de la idea de visitar el centro de Sampa (como le dicen cariñosamente los brasileños) el domingo. La verdad, la palabra peligro daba vueltas en mi cabeza. No estaban hablando de Buenos Aires, Lima o Montevideo: se trataba de San Pablo. Daba para pensar. Sampa tiene una pésima fama en cuanto a seguridad. Me encontraba en una paradoja.

Salí meditativo del hostel. Solo tenía una cosa clara en mi mente: iría a visitar el Museo del Fútbol, situado a unos 15 minutos a pie de mi hospedaje. El museo está ubicado dentro del mítico Pacaembú, el estadio más antiguo de la ciudad. La caminata rumbo al museo está llena de subidas y bajadas repentinas, sin duda un camino muy sinuoso. Y es que San Pablo está emplazada sobre varias lomas, una al lado de la otra, lo que le da a la ciudad un toque muy especial. La continuidad urbana de la ciudad se consigue cruzando las lomas por encima, pasando entremedio de ellas, o bien, mediante viaductos. Muchos valles que se forman entre lomas han sido utilizados para la construcción de autopistas.

El Museo del Futbol es, digamos, ¡fantástico! ¡Si eres un amante del fútbol no puedes venir a San Pablo sin visitarlo! No, no se exhiben las copas de Brasil, como si se hace en el museo que está en el Centenario de Montevideo, por ejemplo. Pero te presentan con lujo de detalles toda la historia futbolística del país, desde el primer gran futbolista que tuvieron hasta los tiempos actuales, sus glorias y sus más dolorosos fracasos. Es un museo tremendamente interactivo. ¡Hay una sala donde te simulan estar en medio de alguna torcida alentando a todo pulmón! Hay salones donde se exhiben fotografías del año que quieras, pantallas donde te relatan con apoyo audiovisual el desempeño de la selección brasileña en cada mundial al que asistió, un sector donde puedes ver y oír los relatos de los goles más hermosos convertidos por algún brasileño, ya sea por algún club o por la selección, una sección donde te cuentan la historia de los trucos o piruetas más célebres del fútbol, ¡hasta tienen una zona donde puedes patear un penal y te miden la velocidad del tiro!. ¡Genial! Y para concluir la visita ¡qué mejor que entrar al mítico Pacaembú! Una visita a este museo es imprescindible.


¡Pues Vamos!

Aun indeciso hacia dónde dirigirme, decidí regresar a la Avenida Paulista por la misma ruta que había hecho minutos antes. En la Paulista, después de unos minutos, finalmente decidí ir al centro. Pero lo haría a pie. Así, podría ir conociendo con mayor detalle la ciudad y palpando el ambiente. El centro estaba lejos, pero nunca tanto.

Inicié mi travesía en la intersección de Paulista con Consolação. Ésta es una de las esquinas más concurridas de la ciudad puesto que confluye el tránsito de diferentes partes de San Pablo. Se ve mucho peatón y automóvil. Me adentré por Consolación rumbo al centro. A medida que avanzaba, la avenida se tornaba más y más verde mientras que las pálidas casas y edificios del inicio daban paso a una arquitectura con más personalidad.

Luego de unos 20 minutos de caminata llegué a la Plaza Roosevelt, una explanada dura muy apetecida por jóvenes que practican piruetas en patineta. En la plaza misma se erige la Parroquia de la Consolación, un grandioso y hermoso templo que data del siglo XIX. Es desde este punto que, a mi juicio, comienza el centro de la ciudad.

Continué avanzando rumbo al centro. Ahora, la arquitectura dominante eran largos edificios de varios pisos muy bonitos. Esto sumado a la limpieza, pulcritud y orden de las calles le dan un aspecto notable a la ciudad ¡De verdad luce magnífica!

Caminé una cuadra por Consolación y viré hacia el poniente, a la bellísima Avenida San Luis. Es una especie de alameda cubierta de frondosos árboles. Urbanísticamente resalta la continuidad arquitectónica de los magníficos edificios, todos de no más de 20 pisos y alargados. Deben tener alrededor de 50 años.

La corta avenida San Luis va a dar a la Plaza de la República. Ésta un ícono de San Pablo y le da nombre al barrio donde se ubica. Lo que se conoce como el centro de San Pablo es un conjunto de varios barrios, cada uno con una identidad propia. La plaza está teñida de verde, por las plantas y frondosos árboles que la pueblan. En el medio, recóndita entre la abundante flora, hay una hermosa pilote. Frente al costado sur-poniente de la plaza se erige el hermoso edificio de la Oficina Estatal de Educación. Es de un grande y antiguo edificio de diseño magnífico. Sin embargo, el que, a mi gusto, se roba las miradas de la mayoría de los turistas es el célebre Edificio Italia ¡Se robó la mía también! Es alto, esbelto, de sección ondulada, sin duda de una concepción arquitectónica notable ¡y tiene más de 50 años! Es una joya del modernismo brasileño, corriente arquitectónica que fuese tan aclamada en su tiempo. De hecho, San Pablo es un museo al aire libre, un templo, una meca del modernismo brasileño ¡está plagada de este tipo de obras! El Edificio Italia posee un mirador en su azotea.

Unos pocos metros hacia el oriente, se emplaza otro célebre edificio de la ciudad ¡El famoso Copán! ¡Dos joyas arquitectónicas en menos de 100 metros! Es una de las obras más reconocidas del genio Óscar Niemeyer. Es de sección alargada y ondulada. Fue aclamado en su tiempo debido a lo complejo que resultaba poder materializar, construir, llevar a la realidad tan sofisticada concepción arquitectónica. Sin duda es un orgullo de la ingeniería y arquitectura brasileña.

No cabe duda de que San Pablo es una ciudad ideal, un lugar imperdible, para quienes aman la arquitectura y el buen urbanismo. Esta ciudad posee una gran variedad de estilos arquitectónicos conviviendo armónicamente, siendo las obras modernistas las que, sin lugar a duda, dominan el paisaje urbano. Además, la ciudad luce impecable. El Brasil pujante y vanguardista de antaño está fielmente reflejado en esta ciudad. En cierto modo, considerando su historia, su concepción arquitectónica y urbanística, y su tamaño, San Pablo se asemeja mucho a Nueva York. Sí, es una especie de Nueva York, pero a la latina, una versión "the latinamerican way" de la Gran Manzana, con todos los defectos que ello implica.

Proseguí por la calle Ipiranga rumbo al nororiente, hasta la calle San Juan. Al virar al oriente por ésta, el panorama cambió bruscamente. No, no es el paisaje urbano, sino más bien el paisaje humano. La calle lucía algo sucia y vacía, salvo por un par de tipos de no muy buen aspecto consumiendo algún tipo de sustancia ilícita. Pasé de largo. La calle finaliza es corta y finaliza unos pocos metros más adelante. Al término de la calle, viré al sur por Ramos de Azevedo y en la esquina siguiente me encontré con la fachada del majestuoso Teatro Municipal. ¡Es magnífico! ¡Pura elegancia! Es uno de los símbolos urbanos más conocidos de San Pablo. Son de destacar las esculturas que cuelgan desde su terraza. Sin dudas es una de las obras más hermosas de la ciudad.

Rodeé el teatro y tomé la calle que va hacia el oriente. A pocos pasos del teatro se cruza el célebre Viaducto del Té. ¡Un puente tan antiguo, de tan fino diseño en medio de una selva de cemento! Como su nombre lo dice, fue construido hace más de cien años para cruzar por encima de lo que antiguamente eran plantaciones de té ¡Cuesta imaginar que en este lugar repleto de edificios hubiesen existido campos y campos! ¿Recuerdan cuando dije que San Pablo estaba sobre colinas y valles? El valle donde antaño hubo campos de té ahora es ocupado por la Autopista 23 de Mayo, la cual se puede apreciar mirando desde el viaducto hacia el sur. ¡La postal urbana de San Pablo desde ese lugar es fantástica! Por el otro lado, si miras desde el viaducto hacia el norte te encontrarás con el Valle de Anhangabaú, una enorme explanada dura, angosta pero alargada, acotada por otras notables joyas de la arquitectura moderna brasileña de mediados del siglo XX, de las cuales destaca el Mirante do Vale, el edificio más alto de la ciudad. ¡Otra postal urbana notable de la ciudad! La autopista 23 de Mayo pasa por debajo de la plaza.

El cruce del Viaducto abre paso al centro propiamente tal de la ciudad, vale decir, el área fundacional. A pesar de lo asombrado y encantado que estaba del lugar, nunca me pude sentir completamente cómodo durante el paseo. ¡Si supieran el ambiente enrarecido que se vive allí! Comenzaba a entender por qué me habían advertido no visitar el centro un domingo. Y es que desde el teatro comienzas a ver drogadictos, vagos y ¡una enorme cantidad de indigentes! ¡juró que jamás en mi vida vi tanta gente viviendo en las calles! ¡Y más encima en pleno centro de una de las ciudades más grandes e importantes del mundo! ¿Se imaginan a Wall Street de Nueva York, los Campos Elíseos de París o el cruce Shibuya de Tokio oliendo a heces y orina? ¿y sin más gente que indigentes (muchísimos) y uno que otro tipo con mala cara con el que es preferible no entrar en contacto visual ante cualquier eventualidad? Cada cierto tiempo me cercioraba de que nadie me siguiera y cuando iba a tomar una foto miraba dos o tres veces a mi alrededor antes de sacar mi celular. La ruta planificada no necesariamente la cumplí a plenitud por tener que evitar lugares que, a mi juicio, no se veían seguros.

Apenas crucé el Viaducto del Té me encontré con la coqueta Plaza del Patriarca. Justo al frente de ella se halla el sobrio pero elegante edificio del Ayuntamiento de San Pablo y en su costado nororiente se erige un magnífico palacio que, según mi impresión, es un hermoso hotel. Luego me adentré por la red de calles peatonales del centro, que es donde se encuentran los edificios más importantes de la ciudad. Sin duda alguna, los paseos Álvares Penteado y XV de Noviembre son los que se roban las miradas. ¡Qué hermosas calles! Todos los estilos arquitectónicos de la ciudad se reúnen allí, en unos cuantos metros. Es una oda a la historia paulistana ¡y los callejones que se cuelan por ellas! ¡cuánta belleza urbana! Si tan solo el ambiente de la zona fuese distinto sería perfecto. Pero no. Ese fantasma que me había capturado apenas había ingresado al centro histórico me seguía a todas partes. De todas formas, cabe mencionar que, sobre todo en la zona fundacional, hay buena presencia policial.

Fue por uno de los callejones perpendiculares a XV de Noviembre que fui a dar a la calle Buena Vista, otra magnífica muestra de la belleza urbana de San Pablo. "¡No me canso de admirar esta ciudad!", pensaba. Caminando unos metros hacia el sur se cruza por un viaducto que permite capturar hermosas imágenes del centro de la ciudad. Al costado se emplaza el Largo del Patio del Colegio, uno de los lugares más antiguos de San Pablo. Es una bellísima plaza rodeada de arquitectura muy heterogénea. Al costado oriente se halla el edificio que le da el nombre al lugar, un lindo monasterio que data de la época colonial. Los tres costados restantes de la plaza quedan cercados por notables obras arquitectónicas cincuentenarias y por lo que parecen verdaderos palacetes que deben datar de principios del siglo XX. Estos últimos son los dos edificios de la Secretaría de Justicia, el Centro de Estudios Jurídicos y el Tribunal de Justicia ¡para aplaudirlos! La plaza es coronada por una magnífica escultura en homenaje a la Compañía de Jesús, situada casi en su centro.

Decidí caminar rumbo al norte por la calle Buena Vista. Todavía me quedaba algo pendiente. Luego de unas tres cuadras llegué a la Plaza de San Bento, lugar que es dominado por el monasterio del mismo nombre, otro legado portugués de la ciudad. Por la calle que limita por el norte a la plaza, llamada Líbero Badaró, me dirigí hacia el sur. A 200 m de la Plaza de San Bento se halla una de las más fantásticas postales de San Pablo ¡El Altino Arantes estaba allí, enfrente mío! Y a sus pies el hermoso paseo San Juan adornado con árboles y, cómo no, dotado de regios edificios de principios del siglo XX. ¡Todo un coctel urbano para devorar! El Altino Arantes es uno de los edificios más hermosos y simbólicos de la ciudad y su diseño se parece mucho al del Empire State Building. No estaba tan equivocado al comparar a San Pablo con Nueva York. La gigante brasileña pareciera tener de ídola a la Gran Manzana. Le hace constantes guiños a la Gran Manzana y el Altino Arantes es solo uno de varios.

Mirando hacia el lado opuesto del Altino Arantes, se tiene el Valle de Anhangabaú a ras de piso. Caminé hacia éste y me paré en el medio. Es allí donde se puede contemplar la magnitud y belleza de este notable rincón urbano de la ciudad. Luego de subir por unos callejones situados en su extremo norponiente, fui a dar a la Parroquia Nuestra Señora de la Concepción, de singular belleza. Volví a cruzar el valle, pero esta vez por el Viaducto de Santa Efigenia. Es muy similar a su vecino del sur, el Viaducto del Té, y también ofrece vistas magníficas del valle.

Retomé la calle Líbero Badaró hacia el sur. Quería rematar mi recorrido en el corazón de la ciudad. Finalmente, luego de 10 minutos de caminata llegué a la Plaza de Sé. Esta plaza es el centro geográfico de San Pablo, el punto cero, el lugar en torno al cual la ciudad se forjó. Es de trazado irregular y está cubierta de frondosos árboles. Al sur se alza imponente la hermosa Catedral de Sé, la principal de la ciudad. En este lugar tuve mucho cuidado, ya que se concentra toda la multitud que habita el centro de la ciudad los domingos y no ofrece un ambiente agradable.

Caminando por el costado poniente de la Catedral fui a dar al Viaducto Doña Paulina, que es vehicular y de diseño contemporáneo. Cruzarlo me transporta nuevamente al San Pablo amigable y relajado, dejando atrás el ambiente enrarecido de Sé. El cruce del viaducto da paso a la calle Doña María Paula y ésta, luego de un giro, al Viaducto 9 de Julio, que cruza a la avenida del mismo nombre. Desde allí se tiene una notable panorámica urbana de la ciudad, con la bandera brasileña en primer plano. Justo después de cruzar el Viaducto 9 de Julio está el Bar Estadão, una de las fuentes de soda más célebres de San Pablo ¡Qué mejor que un delicioso sandwich de pernil de cerdo para cargar energías! ¡Qué lugar más pintoresco! El lugar es muy frecuentado por los paulistanos. Es un ícono gastronómico de la ciudad, tanto así que yo lo conocí por televisión meses antes de viajar a San Pablo. Con el jugo natural de coco que me había bebido minutos antes, el hambre no era voraz ¡es tremendamente calórico! Un par de sorbos y no solo me aplacó la sed, sino que también el hambre. Definitivamente no era tan refrescante como imaginaba.

A unos pasos del Estadão estaba la Plaza de la República. Sí. Mi circuito por el centro se había convertido, casi sin quererlo, en una especie de círculo, aunque tremendamente irregular con todas las vueltas laberínticas que había dado en Sé. Allí tomé el metro y me bajé en la estación Paraíso.


Cae la Tarde en la Paulista

Es en la estación Paraíso donde, como resultado de la confluencia de dos avenidas, nace la Avenida Paulista. Hay un refrán muy gracioso en Brasil que dice que la Avenida Paulista es como un matrimonio: “comienza en el Paraíso y termina en la Consolación”. Esta arteria es sin lugar a duda uno de los íconos de San Pablo y también uno de sus puntos neurálgicos. Gente de todos los rincones de la ciudad se congrega aquí. Urbanísticamente hablando, aquí la ama y señora del paisaje es la arquitectura contemporánea, que se manifiesta en forma de bellas torres, una al lado de la otra, a cada costado de la calle. ¡Esta calle es sencillamente fantástica! ¡Y para remate los domingos la cierran! Caminar a lo largo de sus casi tres kilómetros de longitud en medio de gente haciendo deporte, de parejas, amigos, familias, contemplar arte callejero, espectáculos, etc. ¡Es una experiencia tremenda! Mi único pecado fue no haber visitado el Museo de Arte Moderno de San Pablo (MASP), que es uno de los más importantes del mundo en su especialidad. Suerte tuve que mi hostel queda justo al final de la Paulista, por lo cual mi paseo finalizó simplemente con un corto viraje hacia el norte.


Ese día dejé los pies en la calle caminando. Eran las 7 PM de un caluroso día de invierno (Brasil, cómo no). Al llegar al hostel me di una buena ducha y me relajé en mi habitación. Ya no me quedaban más prendas, así que tuve que utilizar las que había vestido en Brasilia. Fue así como el concepto “ciudades calurosas en invierno” entró en mi cabeza. Moraleja ¡debo llevar más mudas cuando viaje a lugares como éste! Salí un rato a caminar por el barrio, a falta de locales de comida abiertos a esa hora opté por un delicioso helado (en Brasil se les llama “sorbetes”) y luego de devorármelo me fui a la cama a dormir.
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  Últimos comentarios al diario:  Los Dos Corazones de Brasil
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Marimerpa  marimerpa  14/03/2019 14:54   
Un diario muy interesante, gracias por compartirlo.

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Pais Tema: Viajar a Brasil
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alimar511
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May 20, 2009
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Fecha: Vie Mar 01, 2019 03:28 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

Con dos días completos puedes conocer bien Salvador de Bahia, las playas de Salvador de Bahía no me gustaron, y además las del centro de la ciudad estan contaminadas, para hacer playa, te puedo recomendar dos lugares, Morro de Sao Paulo, o Praia do Forte, las dos muy lindas.
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May 05, 2015
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Fecha: Vie Mar 15, 2019 05:03 am    Título: Re: Viajar a Brasil

se puede viajar a Rio de Janeiro solo? o es de alto riesgo viajar sin compañia?
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Mar 04, 2013
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Fecha: Vie Mar 15, 2019 08:42 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

Yo no iría oso,a ni ser que contratar a alguien Ali.
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May 05, 2015
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Fecha: Sab Mar 16, 2019 07:33 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

estoy pensando ir solo a Rio de Janeiro y Sao Paulo, utilizando uber para movilizarme ya que dicen que es peligroso andar en metro
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Abr 24, 2008
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Fecha: Sab Mar 16, 2019 09:19 pm    Título: Re: Viajar a Brasil

Este mes de Enero mi marido y yo fuimos a Rio. Yo estaba muy asustada por el tema de la seguridad. Al final todo mucho mejor de lo que pensaba. El metro no me pareció mas peligroso que el de cualquier otra ciudad. Uber funciona bien, aun que uno de los conductores quiso cobrarnos casi el doble de lo que marcaba la aplicación nos negamos y nos fuimos. Para ver La zona de las escaleras de Selarón decidimos hacerlo con un free tour y fue un gran acierto nos sentimos muy seguros y las explicaciones del chico fueron muy interesantes. Yo te diría que con precauciones de las zonas en las que te...  Leer más ...
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