Teníamos toda la mañana libre, y la dedicamos a callejear y hacer las compras de última hora. En la Plaza Mayor habían instalado unos puestos con flores.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
También vimos al niño vestido, que como siempre llegábamos bastante tarde a verlo, nunca lo habíamos pillado con ropa. Aunque no sé que es peor, la verdad. En la verja tras la que se encuentra hay siempre un papelito en el que te indican qué días lo visten y de qué es el traje. No me preguntéis por el traje de ese día:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Además de las compras, pudimos ver alguna fachada curiosa:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Por cierto, comparad algunos precios en los supermercados grandes, que están bastante mejor que en las tiendas turísticas. Como, por ejemplo, las galletas “speculoos”. Ummmhhhh, qué buenas.
Hacia las tres nos fuimos al aeropuerto. Después de perdernos un rato en la Gare du Midi (éramos ya expertos en la Gare Central, pero no en esta que no la habíamos pisado desde el primer día), conseguimos llegar al bus y con éste a Charleroi.
No hay mucho donde entretenerse en este aeropuerto. Tened cuidado además con los precios, por lo menos en Paul (cadena de cafeterías-pastelerías muy abundantes en París, con cosas buenísimas). Para que calculéis más o menos, coca-cola de 0,5 L, 3,60 euros.
Después de pesar las maletas, pasar cosas de unas a otras para equilibrar el peso, facturar, pasar por el control de “un solo bulto” (muy estricto, no de Ryanair sino del aeropuerto) y por el control de seguridad, nos fuimos a la puerta de embarque. El avión de vuelta muy puntual y el viaje hasta Madrid muy tranquilo.
Espero que a alguien le sea de utilidad este diario, como lo han sido para mí todos los que he leído y los que continúo leyendo (casi todos los días viajo a algún lugar distinto gracias a ellos). Y si tenéis dudas sobre si ir o no a Bélgica, dejad de dudar, que encontraréis un país maravilloso, con rincones preciosos, y con una gente realmente encantadora. Y no digo nada del chocolate ni de los gofres, porque creo que ya ha quedado claro que NO me gustan, je, je
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Hacia las tres nos fuimos al aeropuerto. Después de perdernos un rato en la Gare du Midi (éramos ya expertos en la Gare Central, pero no en esta que no la habíamos pisado desde el primer día), conseguimos llegar al bus y con éste a Charleroi.
No hay mucho donde entretenerse en este aeropuerto. Tened cuidado además con los precios, por lo menos en Paul (cadena de cafeterías-pastelerías muy abundantes en París, con cosas buenísimas). Para que calculéis más o menos, coca-cola de 0,5 L, 3,60 euros.
Después de pesar las maletas, pasar cosas de unas a otras para equilibrar el peso, facturar, pasar por el control de “un solo bulto” (muy estricto, no de Ryanair sino del aeropuerto) y por el control de seguridad, nos fuimos a la puerta de embarque. El avión de vuelta muy puntual y el viaje hasta Madrid muy tranquilo.
Espero que a alguien le sea de utilidad este diario, como lo han sido para mí todos los que he leído y los que continúo leyendo (casi todos los días viajo a algún lugar distinto gracias a ellos). Y si tenéis dudas sobre si ir o no a Bélgica, dejad de dudar, que encontraréis un país maravilloso, con rincones preciosos, y con una gente realmente encantadora. Y no digo nada del chocolate ni de los gofres, porque creo que ya ha quedado claro que NO me gustan, je, je
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