El tercer día amaneció lloviendo y con bastante niebla (las cataratas eran invisibles bajo la nube), así que, aunque habíamos nos planteado hacer el White Water Walk tuvimos que dejarlo para otra ocasión
Desayunamos en un Tim Hortons (son bastante baratos y están por toda Canada) y continuamos camino hacia Niagara on the Lake. El pueblo tiene mucho encanto y aprovechamos una tregua que nos dio la lluvia para pasear y ver las casas, tiendas, etc.

Al cabo de un rato comenzó a llover y, aunque la primera idea era visitar alguna de las bodegas, finalmente nos pareció muy pronto para degustar vinos y nos fuimos camino de Toronto, parando en un Premium Outlet para aprovechar y comprar unas cuantas camisetas de deporte y algo de ropa de vestir. No sabíamos si iba a merecer tanto la pena como en USA, pero como el cambio dólar canadiense/€ está bastante bien, lo cierto es que sí merece la pena hacer compras allí. De hecho, nos arrepentimos un poco de no haber llevado la maleta un poco más vacía porque había cosas que estaban genial.
Tras las compras, seguimos ruta hacia Toronto. Allí habíamos cogido un apartamento por Airbnb. Estaba muy bien situado y nos salía mejor de precio que cualquiera de los hoteles más decentes, ya que los alojamientos en Toronto son bastante caros. ¡Sorpresa del día! Cuando recogimos las llaves resulta que estaba en un edificio superpijo del downtown, en un piso 54, con un ascensor que subía en menos de 30 segundos y con unas vistas... vamos, ¡que se veía Torontontero!

Toronto nos ha sorprendido muy gratamente. No era lo que más nos apetecía porque íbamos más pensando en la naturaleza pero nos hemos encontrado con un pequeño Nueva York, mucho más habitable. La gente encantadora y con un ambiente muy chulo. Paseamos por las calles, vimos el viejo y el nuevo Ayuntamiento (con las letras de TORONTO), el Mercado St. Laurence, la catedral, el puerto...



Y al atardecer cogimos un ferry para llegar a Toronto Island... ¡Espectacular! Si disponéis de tiempo, recorred la isla de un extremo al otro (los ferries llegan y salen de ambos). Nosotros tuvimos la suerte de que ese día no había casi nadie y teníamos la isla casi para nosotros solos.

A la vuelta, nos fuimos a conocer otra cervecería: Amsterdam Brewhouse, donde cenamos genial.

