Aunque no dormimos mucho, nos despertamos con la ilusión del safari y no nos costó tanto el madrugón.
A las 5 en punto bajamos a la recepción, recogimos el desayuno, muy bien preparado en sus cajas dentro de una bolsa y nos encontramos con nuestro conductor que ya estaba esperándonos con el jeep. Como habíamos contratado el safari con antelación con la agencia, no tuvimos que preocuparnos por sacar las entradas ni por buscar jeep la tarde anterior, además el jeep era muy nuevo, no como otros que luego vimos dentro del parque.
Salimos hacia el Parque Nacional de Yala y llegamos a la puerta principal en unos 25 minutos. Todavía era de noche y nada más entrar, cuando apenas empezaba a clarear, los dos jeeps que iban delante se pararon y ante nuestros ojos pasó un leopardo que cruzó la carretera y se subió a un árbol permitiéndonos fotografiarlo bien. Esperamos un rato más y bajó llevando una presa en sus fauces, se sentó al pie del árbol y se dio un festín, su desayuno, importándole bastante poco nuestra presencia. Con la emoción de haber visto un leopardo nada más entrar, continuamos el recorrido por el parque mientras amanecía.
Vimos jabalíes, cervatillos, búfalos de agua, lagos con cocodrilos, algún elefante que otro, monos, variedad de aves, nos gustó especialmente, el Kingfisher por su colorido, pavos reales, water monitors y así, casi sin darnos cuenta pasó más de 1 hora y llegamos a la playa de Yala. Es preciosa, pero no te puedes bañar por las fuertes corrientes que hay en esa zona. Nos llamó la atención un monumento que hay a las víctimas del tsunami, eran como unas olas grandes de metal del tamaño que alcanzaron las olas reales aquel día. El conductor nos contó que ese día había un grupo de japoneses que perecieron en la playa, pero que sin embargo, los animales lo presintieron con tiempo y huyeron hacia el interior. Para que veáis ... los animales nos llevan ventaja en muchas cosas ....
Aprovechamos esa parada para desayunar, el picnic no era nada especial, huevo duro, algo de fruta, zumo de tetrabrik y algún panecillo, pero el entorno era maravilloso.
Después continuamos el safari y volvimos a ver otro leopardo, esta vez, camuflado entre la vegetación, pero pudimos ver su elegante caminar. Nos cruzamos también con una elefanta y su bebé y con varios ciervos sambar.
Aproximadamente sobre las 10:00 salíamos del parque muy contentos porque había cubierto e incluso sobrepasado, nuestras expectativas.
Volvimos al hotel a refrescarnos un poco, recogimos el equipaje y salimos hacia el Kirinda Temple, que está a solo 20 minutos. Este templo resulta muy vistoso y el hecho de que esté al lado del mar y que no haya apenas turistas, sino peregrinos locales, le añade atractivo. Nuestro conductor nos contó una bonita historia sobre este templo y una princesa venida del mar.
A continuación salimos hacia Tangalle, que está como a 1h30. Llegamos al hotel más o menos sobre las 14:00. El hotel eran unas cabañitas en la playa, pero ni mencionaré su nombre porque no nos gustaron nada, lo único bueno, que estaban en la misma playa, que por cierto es preciosa aunque solo hay una pequeña zona donde te puedes bañar por el problema de las corrientes, pero al menos paseamos y vimos una preciosa puesta de sol. A la 20:00 quedamos con nuestro driver para ir a la playa de Rekawa que es donde se ve el desove de tortugas. Hay un centro de conservación de tortugas marinas, donde primero te dan una charla informativa y luego si los empleados que están vigilando la playa, ven llegar alguna tortuga, te llevan hasta el lugar para que veas el proceso de desove. Desde que pisas la arena no está permitido utilizar luces blancas, es decir, olvídate de la linterna del móvil, ellos te guían con las suyas que son de luces rojas porque al parecer estas no molestan a las tortugas. Cuando avisaron desde la playa bajamos todos a ver el desove. Fue muy bonito, la verdad, las tortugas primero hacen un hoyo con sus patas, se ponen sobre él y desovan no sin esfuerzo, porque pudimos ver hasta alguna lágrima en sus ojos. Cuando terminó, inició su lento recorrido hacia el mar y se perdió entre las olas. Nos explicaron que en el centro se ocupan de cuidar los huevos y evitar que los depredadores
los destruyan y luego cuando nacen las tortuguitas, las lanzan al mar. También nos explicó, que las pequeñas tortugas volverán a esa playa a desovar cuando sean adultas, pero, una vez lo hayan hecho, ya no volverán más, o sea, que no tienen ningún tipo de apego a sus crías.
La noche estaba increíble, cielo despejado y cuajado de estrellas, por lo que el paseo de vuelta al centro se hizo muy agradable.
Aquella noche nos acostamos satisfechos, habíamos visto leopardos y tortuga desovando, no podíamos pedirle más al día. Mañana salimos hacia Mirissa recorriendo la costa, esperamos que sea un gran día también ...