Después de un buen desayuno en la terraza del apartamento fuimos a The Heads, como se conoce a unos acantilados que cierran la bahía de Knysna. Primero fuimos a una serie de miradores, con unas vistas preciosas de la bahía y de Leisure Island. Después bajamos a la playa, donde las olas rompían contra las rocas junto al acantilado.



Nuestro siguiente destino fue el Parque Nacional de Wilderness, donde hicimos la ruta Half Collared Kingfisher Trail. Es una ruta muy bonita y sencilla que va junto al río y que acaba en una cascada. Hay que cruzar el río por un pontón, y es muy divertido. Va por un bosque donde hay muchos pájaros. El problema es que nos tocó una familia sudafricana muy ruidosa (tanto niños como adultos no paraban de gritar), que nos espantaban a todo bicho viviente. Comimos junto a la cascada, esperando a ver si la familia nos dejaba un mínimo de tranquilidad.




Nosotros hicimos toda la ruta andando, pero se puede hacer una parte andando y otra en canoa.

Desde allí fuimos al mirador de los delfines en Wilderness beach. Las vistas son preciosas, pero delfines no vimos ni uno.

Dimos por acabadas las visitas del día, porque nos quedaba una buena tirada de conducción hasta Swellendam, donde haríamos noche. Este pueblo está en un entorno precioso entre montañas, aunque ese día estaba nublado (esa noche llovió). Es una zona bonita para dedicarle unos cuantos días. Dormimos en un hotelito que se llama Bergview y cenamos en el restaurante Republic of Swellendam. Trato muy amable y comida local muy buena.