Nota: éste es nuestro segundo viaje por la zona, si quieres consultar el primero puedes visitar el anterior diario: www.losviajeros.com/ ...hp?b=16363
29 de agosto de 2019
Mejorando a paso agigantados nuestra adaptación a la zona horaria del pacífico, en esta segunda mañana en Canadá no abrimos los ojos hasta que el reloj marca casi las 6:00. El biorritmo evoluciona a mejor ritmo que mi estómago y es que, aunque es mejor no entrar en detalles, no he hecho uso de un retrete desde que salimos de Mallorca. Nos desperezamos en la habitación haciendo uso de una desesperante conexión a Internet hasta que llegan las 8:00, hora en la habíamos acordado con nuestra anfitriona que subiríamos a desayunar. Nos acompaña ella misma en una mesa con café, fruta, huevos revueltos y tostadas con mermelada. Entre mordisco y mordisco charlamos sobre lo típico en las relaciones entre anfitrión y huéspedes de un "bed & breakfast": destinos de viaje y trabajo. A las 9:00 hemos cargado de nuevo el maletero de nuestro Volkswagen Tiguan y arrancamos para dejar atrás Dunster, acompañados de una temperatura fría que es exactamente lo que veníamos buscando. Todavía por carreteras secundarias y antes de re-engancharnos a la autopista 16 en dirección al este, un ciervo de tamaño medio da un brinco a nuestro paso provocándonos a nosotros un susto similar al suyo.
Hoy empieza lo bueno. Lo que arrancará con una primera parada en un lugar que nos cogió por sorpresa hace tres años y hoy queremos disfrutar en mayor profundidad terminará con la entrada al estado de Alberta y llegada a nuestro próximo alojamiento en plena ciudad de Jasper, punto inevitable de descanso para visitar el homónimo Parque Nacional canadiense.
Tan cerca como estamos de nuestra primera parada, no tarda en surgir el primer "Ooooh" del viaje cuando la cima de 3.954 metros de altura del Monte Robson aparece frente a nosotros en perpendicular a la carretera. Se trata de un hito que, durante nuestra primera visita a Canadá, habíamos ignorado por completo durante la planificación. Cuando nos lo encontramos sin previo aviso no teníamos duda de que, si algún día volvíamos, le dedicaríamos el tiempo que merece para hacer por lo menos una excursión asequible en sus alrededores. Sin recursos ni forma física para hacer el "Berg Lake Trail", una excursión de 23 kilómetros solo ida durante la cual los excursionistas suelen acampar uno o varios días, nosotros nos conformaremos con algo mucho menos ambicioso para quitarnos la espina.

Ya hemos vuelto
Hacemos una primera e inevitable parada en el aparcamiento del Visitor Center, lugar que ofrece el mejor balcón posible por distancia y perspectiva a la joya de la corona. Su forma piramidal y su naturaleza aislada, sin ninguna montaña cercana que compita en altura con él, consiguen que el Mount Robson acapare todas las miradas. Solo una testaruda nube lenticular agarrada a lo más alto impide que la panorámica esté totalmente despejada.

La montaña favorita de L

Por si se te olvida el nombre
Conducimos cinco minutos más dejando el Robson a nuestra derecha hasta alcanzar el parking del que nace la excursión a Kinney Lake. Durante los últimos metros de carretera hay mucho espacio para dejar el coche pero nos encontramos el aparcamiento propiamente dicho hasta la bandera. Afortunadamente justo a nuestra llegada vemos a un coche romper la formación, por lo que nos ahorramos caminar esos minutos extra que supondría regresar a la carretera. Cuando son las 10:10, nos hemos puesto las botas de senderismo y cargado nuestro estómago con una cookie, damos el pistoletazo de salida a las excursiones del viaje.
La ruta de cinco kilómetros que nos separa de la orilla del Lago Kinney son muy suaves, transcurriendo en su mayoría por espacios en sombra junto al río esmeralda y con un terreno muy llano solo interrumpido por leves ascensos y descensos. Cuando llegamos a nuestra modesta meta, nos recibe un interminable lago de vivos colores con reflejos del Monte Robson en su litoral derecho y de la Whitehorn Mountain, de 3.399 metros, justo frente a nosotros. El Robson queda algo desmerecido en este ángulo comparado con su mirador principal, pero el lago bien merece la pena el camino. Camino del cual nacen varios salientes hasta la orilla, con un aclarado en el que disponer de mesas y bancos de madera para merendar con vistas.

Camino a Kinney Lake (1)

Camino a Kinney Lake (2)

Ya vuelve a asomar el Robson

Kinney Lake

Otra manera de ver al Mount Robson
Pasamos aquí el tiempo que merece el lugar, durante el cual van y vienen grupos de excurionistas. Uno de ellos está integramente constituido por españoles, incluido el guía que debe ser un emigrante que ha encontrado en las visitas guiadas una oportunidad de negocio. Ellos están haciendo un alto en el camino antes de proseguir hasta alcanzar una cabaña que desde aquí se ve tímidamente siguiendo la orilla con la mirada unos dos kilómetros. Decidimos no seguirles, ya que hemos venido principalmente por el Robson y sus reflejos y preferimos dosificar esfuerzos.

La cabaña que sería el siguiente hito

A mí con esto me basta..

Whitehorn Mountain
A las 12:00 comenzamos a deshacer los cinco kilómetros. Se cruzan a nuestro paso muchos perros paseando con correa. Tras un regreso que se hace más largo que la ida estamos de nuevo en el coche a las 13:10. Comemos dentro del vehículo, grabando mientras tanto el ir y venir de la gente y las nubes con la cámara frente al automóvil. Una incursión rápida al interior del centro de visitantes para comprar un imán y aprovechar la conexión a Internet y remprendemos la marcha.

Regresando junto al río

Un timelapse improvisado
Abandonamos la Columbia Británica para entrar en Alberta tras superar un precioso Moose Lake con cúmulos reflejados en el agua. Los relojes avanzan una hora, ya que con el cambio de estado pasamos de estar en "Pacific Standard Time" a la zona horaria "Mountain Standard Time". Superamos las taquillas de entrada al Parque Nacional de Jasper enseñando el "Discovery Pass", un pase anual para toda la red de parques canadienses que hemos conseguido de segunda mano gracias a otro viajero mallorquín que estuvo por la zona hace tan solo unos meses.
Aunque nuestra meta del día sea la ciudad de Jasper, la pasamos de largo. Nos metemos de lleno en la Icefields Parkway, la carretera escénica que conecta Jasper y Banff y desde la cual tras unos pocos kilómetros podemos tomar el desvío al Mount Edith Cavell. Tras 15 kilómetros de carretera de montaña alcanzamos un amplio parking que a estas horas y época del año está prácticamente vacío. El termómetro ha vuelto a bajar hasta los 15 grados tras alcanzar una máxima de 23 a nuestro paso por Jasper.
Venimos a revisitar el Angel Glacier, una lengua glaciar que muere en el lateral norte del Edith Cavell y recibe su nombre por la peculiar forma similar a un ángel desplegando sus alas. Para alcanzar su mirador hay que superar un camino pavimentado con fuerte pendiente de unos 15 minutos, suficientes para llegar al final con ganas de sentarse. Las señales que prohiben bajar hasta la laguna glaciar son las mismas que hace 3 años, pero parece que los visitantes les hacen ahora mucho más caso que por aquel entonces. Nadie salta el cordón y la gente va y viene limitándose a disfrutar del paisaje desde el elevado mirador, dejando la laguna varios metros por debajo y, según nuestra percepción, con una cantidad de hielo derretido idéntica a la de 2016 pese al acelerado deshielo que amenaza tanto este como la mayoría de glaciares del planeta. Pasamos aquí un largo rato, en parte para disfrutar del lugar, en parte para descansar tras la subida y en parte para esperar a que el sol se ponga y podamos mirar hacia el lateral de la montaña sin entrecerrar los ojos.

La subida hasta Angel Glacier

Y el atardecer en la lengua glaciar

Un detalle del ángel

La laguna, aparentemente igual que hace tres años

Toca regresar...
Regresamos, ahora para quedarnos, a la ciudad de Jasper. Por su calle principal hay gente yendo y viniendo, pero nada ni por asomo cercano a lo que esperamos encontrar dentro de unos días en la mucho más masificada Banff. Encontramos nuestro alojamiento para las dos próximas noches un par de calles más allá de la vía principal. Se trata de Accommodations Jasper, una residencia en cuyo sótano los dueños han habilitado varios apartamentos con los que obtener ingresos. No encontramos a nadie para recibirnos pero un sobre con nuestro nombre colgado junto a la puerta principal nos invita a entrar e instalarnos. Mientras estamos vaciando el maletero aparece nuestra anfitriona y, tras una breve charla, procedemos a pagar la estancia. El lugar es perfecto y con un precio excelente para lo que ofrece: por poco más de 60 euros por noche tenemos una amplia y acogedora estancia que mezcla mobiliario de salón y dormitorio, junto a un baño privado con ducha. No tenemos cocina pero este es el lugar en el que menos nos importa, ya que en Jasper nos espera un restaurante al que estamos deseando volver desde 2016.
Antes de pensar en la cena regresamos al coche para acercanos a la calle comercial en la que hacer varias compras en el supermercado Robinsons y rellenar el depósito del coche en una estación de servicio PetroCanada. Tras regresar al alojamiento para guardar las compras echamos a andar durante 10 minutos hasta Lou Lou's Breakfast & Pizzeria, un establecimiento que durante nuestra primera visita a Jasper nos descubrió el poutine, un plato típico canadiense que consiste en una base de patatas fritas, queso fundido y salsa de carne sobre la que añadir algún ingrediente adicional como pollo o ternera. Hacemos un pedido de dos hamburguesas con queso y el inevitable poutine de pollo que nos llevamos a casa cruzándonos con asiáticos que salen de viviendas con carteles de En Venta.

Han sido tres años de muy larga espera

Pronto, pronto...
Disfrutamos del poutine, las hamburguesas, y la tranquilidad de nuestra habitación. A las 22:00 decidimos que es momento de apagar las luces, intentando así que la jornada de mañana comience lo suficientemente temprano para dar cabida a todos nuestros planes antes de que nos alcance la lluvia que la previsión meteorológica anuncia para la tarde. Mañana seguiremos reviviendo lugares.

¡Te quiero, poutine!

No juzguéis