Nota: éste es nuestro segundo viaje por la zona, si quieres consultar el primero puedes visitar el anterior diario: www.losviajeros.com/ ...hp?b=16363
1 de septiembre de 2019
Canadá no empieza para nosotros en esta quinta jornada hasta las siete de la mañana, momento en el que despertamos bajo una acogedora funda nórdica que nos protege del frío que hace ya no solo en las calles de Banff, si no en nuestro propio apartamento. A falta de un microondas en el que prepararnos nuestro propio café, para nuestros días en la ciudad más turística de las Montañas Rocosas no nos queda más remedio que salir a las 7:45 hacia una Banff Avenue en las que todavía reina un silencio que contrasta con el habitual bullicio en esta época del año.
Tras un paseo por la zona comercial durante la tarde anterior ya decidimos cuál iba a ser nuestro espacio habitual para los próximos desayunos: la variedad en la oferta y el precio de McDonalds hacen muy difícil competir a los demás. Tras aparcar en una calle paralela en la que se puede estacionar el coche gratuitamente durante un tiempo limitado, no tardamos en recibir nuestro pedido con tortitas, un burrito, unas delicias de patata, un café y un smoothie de fresa.

Empezando el día con fuerzas
Ya no volvemos a casa. Directamente desde aquí salimos rumbo al norte, enganchándonos a la Bow Valley Parkway esta vez desde su extremo más al sur. Tras apenas 25 kilómetros alcanzamos el aparcamiento de Johnston Canyon, ya hasta la bandera a las 9 de la mañana. La falta de plazas libres nos hace temer lo peor, pero justo a nuestro paso cazamos una ranchera rompiendo la formación y dejando a nuestra merced su preciado espacio. Nublado pero sin lluvia y con una temperatura ya más soportable de 10 grados, echamos a andar.
Johnston Canyon no es nuevo para nosotros. Se trata de una de las paradas obligadas cuando se visita Banff por primera vez, y para nosotros bien merece una segunda incursión en gran parte debido a un pequeño y clandestino rincón que pocos conocen desviándose levemente de la senda oficial que atraviesa el cañón.
Con solo recuerdos para ese ansiado rincón, habíamos olvidado lo vistoso que es el cañon en sí. El Bow River va abriéndose paso entre dos altas paredes de piedra y nosotros, paseando por un camino perfectamente habilitado a su izquierda, podemos acompañarle. Y al igual que nosotras mucha otra gente, ya que se trata de uno de los rincones más aptos para toda la familia de las Rocosas. Mucha gente se conforma con alcanzar las Lower Falls, la primera de las dos cataratas que se suceden por el camino, así que tras superarla empezamos a caminar más desahogados y sin estar esquivando constantemente tráfico a pie en ambos sentidos.

No recordábamos que esto fuera tan bonito

Las Lower Falls, desde la distancia
Nuestro rincón secreto se sitúa en el tramo entre las Lower y las Upper Falls, prácticamente a punto de alcanzar las segundas. Pero según recortamos la distancia hasta el desvío -al que hoy ya vamos directos, no como hace 3 años en los que yendo a ciegas casi me despeño en varios intentos previos- nos tememos lo peor. Donde antes no había más que vegetación junto a la senda ahora han aparecido cordones que impiden el paso acompañados de señales en los que se insta a los visitantes a no salir del camino señalado, según explican, por el bien de la preservación del lugar. Nosotros tenemos otra teoría, y es que el famoso desvío, si bien no presenta pendientes ni caídas peligrosas, podía llevar a accidentes si llegaba a oídos de algunos turistas que no saben dar tres pasos seguidos por la naturaleza sin tropezar.
Y cuando alcanzamos el desvío confirmamos nuestros temores: el cordón permanece y las señales en todo caso se intensifican, enviando un claro mensaje de la dirección del parque a los cientos de fotógrafos tanto amateur como profesionales que venían hasta el cañón buscando este lugar. Y el mensaje es "se acabó la fiesta". Estoy seguro de que un profesional de suficiente renombre o con la debida reputación, solicitando previamente el permiso necesario, recibiría el visto bueno para tomar una nueva instantánea del lugar, pero no es nuestro caso. Así que nos quedamos sin ver lo que habíamos venido a buscar: la Secret Cave, una curva que el Bow River realiza alrededor de un meandro tras haber saltado por un pequeño salto de agua antes de llegar al recodo. Un sitio que, gracias a la privilegiada perspectiva que brindaba una pequeña cueva frente a frente al espectáculo, ofrecía una fotografía de naturaleza espectacular.

La Secret Cave, pero no como esperábamos
Con un sentimiento mezcla de frustración por no ver la Secret Cave pero alivio por haber tenido la oportunidad de disfrutarla en 2016 antes de que decidieran clausurarla, aprovechamos el haber llegado hasta aquí para caminar los 110 metros restantes hasta las Upper Falls antes de dar la vuelta. Poco después de las 11:30 ya estamos de nuevo en el aparcamiento, en el que se cambian las tornas y somos nosotros los que damos ahora una alegría al siguiente coche que ha llegado desesperado por encontrar un aparcamiento libre.

Las Upper Falls, ya que hemos llegado hasta aquí
Ya que nos encontramos en la Bow Valley Parkway y nuestra agenda para hoy no presenta grandes urgencias, aprovechamos la cercanía para revisitar esa Morant's Curve en la que, aunque sepamos que es casi imposible que volvamos a coincidir con un tren recorriendo las vías, esperamos tener una visibilidad mejor de la que ayer nos privaba de las montañas que rodean la postal. Mejora algo respecto a la tarde anterior, pero sigue lejos de la meteorología ideal para el lugar. En esta segunda visita al lugar nos damos cuenta de que incomprensiblemente el mirador "oficial", ese que habilita una placa informativa tras un sendero que nace desde el aparcamiento, tapa parte de la escena. Mucho mejor cruzar la carretera y permanecer junto a la barandilla del puente frente a la curva, desde la cual la vista está totalmente despejada.

Ni tren, ni montañas
Volvamos ya hacia la ciudad de Banff con dos objetivos: comer y descansar. Lo segundo lo haremos en nuestro apartamento, pero para lo primero necesitamos un local y ya traemos un favorito. Tras aparcar en el mismo espacio que este mañana caminamos apenas unos metros para entrar en Tommy's Neighbourhood Pub, un local de ambientación y carta típicamente norteamericana cuyos precios parecen contenidos dado el lugar en el que nos encontramos.

The Original American Experience
Pedimos una quesadilla y una hamburguesa picante servidas por una camarera que, si esto fuera una película y nos encontráramos en Los Ángeles, ahora nos explicaría que su sueño es ser actriz y seguro que el siguiente casting es el que le dará esa oportunidad. El local es de un estilo que nos gusta cuando visitamos esta zona: intentando transmitir sensaciones rústicas pese a que evidentemente es artificial y hecho por y para los turistas.

Ñam

Y ñam

Banff Avenue sigue aquí
Regresamos a nuestro pequeño apartamento para descansar las piernas durante un par de horas, tras las cuales volvemos al coche con un ambicioso pero nada seguro objetivo dado lo cambiante de la meteorología: disfrutar del atardecer ante el idílico paisaje de Moraine Lake. A nuestra salida de Banff podemos ahora disfrutar de Cascade Mountain, esa piramidal cumbre que preside el horizonte desde Banff Avenue, en todo su esplendor.
Volvemos a circular por la Transcanadian Highway por la que llegamos ayer, esta vez alejándonos de Banff. En dirección a Jasper el color oscuro del cielo resulta desolador, pero en la dirección a la que debemos dirigirnos para alcanzar Moraine Lake el cielo entrecortado promueve nuestro optimismo. Llegamos al lugar del desvío, poco antes de alcanzar Lake Louise, y empieza un baile que habíamos olvidado. Dado que el aforo del aparcamiento que se encuentra a 12 kilómetros del desvío es limitado y siempre se completa, en este punto varios agentes del parque deciden abrir o cerrar el paso según vaya quedando espacio libre. Como era de esperar a nuestra llegada el paso está cerrado, así que tenemos que permanecer en una pequeña zona de recreo varios metros más allá esperando a que la agente haga ademán de apartar la valla y en ese momento salir disparados para emprender la subida hacia el lago antes de que la vuelva a colocar.

Paisajes de la Transcanadian Highway

Optimismo moderado
No nos toca esperar mucho, y tras esos 12 kilómetros de carretera de montaña llegamos al abarrotado parking pero con espacio garantizado gracias precisamente a ese control realizado por la dirección del parque. Las nubes no han sido benevolentes con nosotros, y parece que finalmente nos va a acompañar un cielo blanco y sin matices durante toda nuestra instancia. Como lo que nos interesa es un atardecer para el que falta una hora, decidimos esperar en el vehículo ya que la débil lluvia no invita a quedarse todo ese tiempo a la intemperie mirando hacia el lago. Mientras esperamos, la débil lluvia da paso a un diluvio, y nuestras opciones para ver hoy el agua de color azul eléctrico de Moraine Lake empiezan a desvanecerse. No tenemos prisa, pero tampoco es cuestión de pasar aquí la noche, así que miramos con preocupación como el cielo no tiene intención de abrirse antes de que nos quedemos a oscuras.
A las 20:15 nos damos por vencidos y asumimos que hoy no será el día en el que disfrutar de ese atardecer soñado. L se queda en el coche pero yo, que intento evitar a toda costa que un desplazamiento sea en vano, me salvaguardo todo lo que puedo de una lluvia que ahora ya no es tan agresiva y salgo al exterior para asomarme lo más rápido posible a los miradores. Aunque vaya a paso ligero, no puedo tardar menos de 20 minutos en subir a lo alto de la morrena, ver por mi mismo lo desangelado del lugar en estas condiciones, y dar media vuelta para regresar al coche. Ojo, Moraine Lake es bonito incluso bajo un temporal como este, pero la comparación con la irreal postal que ofrece cuando el cielo está despejado es sonrojante. A las 20:35 estamos ya descendiendo de nuevo hacia la carretera de Lake Louise para poner rumbo hacia Banff. No se puede acertar siempre.

Lo mejor que pude sacar

Y echando la vista atrás, el puñetero cielo se abre

En lo alto de la morrena
El regreso es pesado, en parte por ser el mismo camino que realizamos ayer pero sobre todo por lo molesto de conducir bajo un aguacero como el que vuelve a caer sobre nosotros. La tormenta eléctrica que se sucede ante nuestro parabrisas es espectacular, pero sería mejor disfrutarla desde la ventana en una acogedora estancia que conduciendo por una vía encharcada.

Regresando entre relámpagos...
Afortunadamente la lluvia casi ha cesado cuando alcanzamos de nuevo nuestro apartamento de Alpine Bed & Breakfast y tenemos que salir al exterior. Ha sido la entrada a Banff con menos tráfico hasta el momento: la tormenta es tal que todo el mundo ha preferido refugiarse a seguir por las calles. Sin ningunas ganas de salir de nuevo para comprar algo de cena, recurrimos a lo único que nos ofrece el apartamento para tener comida caliente: una tetera eléctrica con la que calentar agua para dos vasos de fideos que llevamos con nosotros en caso de emergencia, como es la que nos ocupa.
Nos queda una cosa por hacer. El azar ha hecho que en uno de los otros dos apartamentos con los que compartimos techo se encuentre una pareja de recién casados mallorquines con los que habíamos intercambiado previamente algunos mensajes a través del foro de LosViajeros. Entre esos mensajes había algunos relativos al Lake O'Hara en el Parque Nacional de Yoho, un lugar al que solo se puede acceder si uno tiene la suficiente pericia para conseguir dos tickets para un autobús que, como si fuese un concierto de Rosalía, agota todos sus billetes en cuestión de segundos cuando se ponen a la venta para la nueva temporada. Nosotros, que otra cosa no pero cabezones y planificadores somos un buen rato, no solo conseguimos los codiciados billetes si no que lo hicimos para dos fechas distintas: mañana y pasado mañana. Sabiendo ya que de las dos fechas que tenemos a nuestra disposición la de pasado mañana es la que mejor previsión del tiempo presenta, y habiendo descartado visitar el precioso lugar dos días seguidos, contactamos con Susana para ofrecerle nuestro excedente de pasajes, a sabiendas de que ella no había corrido la misma fortuna que nosotros y se había quedado con la miel en los labios.
Así que antes de dormir y dado que la pareja en ese momento ya está durmiendo -nos hemos ido comunicando por Whatsapp en diferido y no hemos llegado a tiempo para darle la reserva en mano-, doblamos el resguardo de la reserva para mañana y la introducimos por debajo de su puerta. Y ahora sí, sabiendo que seguramente le habremos dado una buena alegría a dos paisanos, damos por finalizado este día al que hemos intentado sacar todo el provecho posible pese a las inclemencias del tiempo. Mañana será mejor.
