Nota: éste es nuestro segundo viaje por la zona, si quieres consultar el primero puedes visitar el anterior diario: www.losviajeros.com/ ...hp?b=16363
8 de septiembre de 2019
Iniciamos el día a las 7:30 todavía en nuestro dormitorio para una sola noche en Kalispell, Montana. En el día menos indicado ya que no vamos a ejercitar las piernas y anticipamos una comida copiosa, se nos presenta ante nosotros el desayuno más excesivo del viaje. Nuestra anfitriona ha puesto a nuestra disposición un sinfín de bollería casera, mermeladas y quesos para untar, pastitas... y un peligroso tarro de esa empalagosa mantequilla de cacahuete que solo como cuando estoy en Norteamérica. Nos damos un homenaje que haría que al responsable de sinazucar.org le sangraran los ojos. Aunque ese sangra por cualquier cosa.

La virgen
Sin mucho equipaje que rehacer, nos despedimos y arrancamos lo que será un largo día de carretera. Dando por cerrada la parte del viaje de excursiones y naturaleza, lo que nos queda por delante son tres días en los que deshacer por el norte de Estados Unidos la distancia recorrida por el sur de Canadá hasta reengancharnos con Vancouver donde nos espera nuestro vuelo de vuelta. Por el camino nadie nos impedirá nuestra enésima jornada de ataque consumista en uno de esos centros comerciales que tanto nos gustan. Para empezar, hoy cubriremos los más de 800 kilómetros que separan Kalispell de Duvall, ya en el estado de Washington y apenas a una hora del condado de Everett donde desgastaremos nuestra tarjeta de crédito.
Todavía sin haber calentado demasiado el motor entramos a un último Walmart de Montana por aquello de que es uno de los pocos estados sin "sales tax", pero salimos de él con las manos vacías. Repostamos en una gasolinera de la franquicia Conoco tras descubrir que las CostCo, sobre el papel las más económicas, son solo para miembros de su club. A las 9:30 conectamos el móvil al bluetooth del coche para empezar un maratón de programas de Nadie Sabe Nada y La Vida Moderna que nos acompañen durante la jornada.
Una carretera aburrida nos acompaña durante las primeras 130 millas, interrumpidas a las 11:55 por una parada en una zona de descanso justo a tiempo para que mis párpados no se cierren del todo en el asiento de copiloto. Tras la parada y el cambio de conductor, 90 millas más durante las cuales abandonamos Montana y entramos al estado de Idaho. Se le conoce como el "Estado de la patata" por producir un tercio de toda la cosecha del país. Vamos, que es el Sa Pobla de los Estados Unidos. Tras ajustar nuestros relojes a la nueva zona horaria y ganarle una hora al día, la ciudad de Coeur d'Alene nos recibe a su paso con un diluvio universal precedido de una noche repentina. Sin que nos de tiempo a asumir que ya hemos dejado atrás Idaho y regresado a Washington, son las 12:30 cuando alcanzamos el local de la franquicia Applebee's en Spokane.
Nunca puede faltar en nuestros viajes a esta parte del mundo la visita a Applebee's, la franquicia de comida tipica americana que siempre nos alegra un día de monótona carretera como el de hoy. Para esta ocasión elegimos un solomillo de 200 grados y un filete al bourbon. Nos quedamos con ganas de pedir entrantes o algún plato principal todavía más potente, pero poner la cantidad de calorías de cada opción en el menú es una mala (o buena) idea. Ambas carnes están a la altura.

Tomaré uno de estos

Gracias
Con el estómago lleno, solo conducimos otras ocho millas hasta detenernos de nuevo. En esta ocasión para regresar a un local de Trader Joe's, una cadena de supermercados que presume de tener siempre género especialmente fresco y saludable, aunque ya se sabe que estos ganchos comerciales hay que cogerlos con alfileres. Entre otras cosas, nos hacemos con un par de cajas de cereales con plátano y nueces con los que L podría aguantar semanas sin comer otra cosa. A las 14:00 nos echamos de nuevo a la carretera aprovechando el excedente de datos móviles que tenemos para escuchar en directo la radio española. El objetivo es ir siguiendo la final del US Open entre Nadal y Medvedev, pero la prensa deportiva considera más importante la tertulia posterior a la jornada liguera.

Esta gente no pierde el tiempo
Todavía 210 millas por delante. Tenemos problemas para pagar en los surtidores de Exxon y Chevron, pero conseguimos repostar viajando atrás en el tiempo y recurriendo a la tracicional visita al mostrador para que nos cobren. Al salir, cuando ya es demasiado tarde, descubro que el precio por galón era ligeramente más barato pagando en efectivo. Repostamos también nosotros en Starbucks, con sendos cafés ahora que la digestión de Applebee's ya llega a su fin. Sin sol pero con un cielo claro y sin lluvia, volvemos a ponernos en marcha a las 15:15.
La temperatura sube hasta los 23 grados según nos vamos metiendo más y más en el corazón de Washington. Los cielos vistosos vienen acompañados de infinitos prados, y entre los paisajes y la música que suena ahora por la radio las penúltimas 100 millas resultan más divertidas de lo esperado. Sin embargo la realidad meteorológica vuelve a abofetearnos y el último tramo del día nos espera con las peores condiciones posibles: lluvia espesa enfurecida por el viento mientras cae la noche por una carretera de montaña que ya nos dio la espalda hace un año, cuando pese a pernoctar durante varios días en el cercano parque de Mount Baker fuimos incapaces de hacer apenas salidas debido al mal tiempo.

La cosa pintaba bien

Convirtiendo el viento en luz
A las 18:30 y con un nuevo US Open en el palmarés de Nadal llegamos a nuestro penúltimo alojamiento del viaje, el último en Estados Unidos. Durante el último tramo nos hemos cruzado con carteles que delimitan la "Deaf Child Area", entiendo que advirtiendo a los conductores de que sean especialmente prudentes ya que niños con sordera podrían no oir un motor acercándose a ellos. Paramos el motor a la entrada de la casa/granja que nos alojará esta noche, afortunadamente en los únicos 10 minutos sin lluvia de toda la tarde. No sale nadie a recibirnos, pero tampoco hace falta. Ya tenemos todas las indicaciones necesarias para encontrar la puerta de nuestro pequeño hogar aislado, pasando de largo el corral en el que la gallina Cosby y sus súbditas miran curiosas a los nuevos vecinos mientras escuchan la radio.
Nos encontramos dentro un espacio pequeño pero bien aprovechado. En el salón descansan sobre una pared un piano, una guitarra, un banjo y un ukelele. En el dormitorio encontramos varios peluches a cada cual más feo, llevándose la palma el hermano mayor de Pato. Terminamos el recorrido preliminar visitando el baño y una cocina en cuya nevera nos aguardan algunos productos frescos de la granja, como leche y huevos. Oímos al otro lado de las paredes a la dueña de la casa principal hablando por el teléfono sin parar.

Hermano Mayor

Ni cinco minutos en casa y ya está todo por enmedio
Caen unas pocas gotas en lo que regresamos al coche para ir desplazando nuestros bultos, y cuando cerramos de nuevo la puerta del apartamento ya no la volvemos a abrir. Redistribuímos nuestro equipaje para estimar cuánto margen en espacio y peso a facturar tenemos de cara a las compras de mañana y mientras aporreamos el teclado del piano conseguimos que los restos de Mozart, Beethoven y Chopin se revuelvan en sus tumbas y conspiren para regresar de entre los muertos para darnos la paliza que nos merecemos. Celebramos que no aparecen cenando en el salón con el portátil conectado a la televisión para ver un capítulo de Orange Is The New Black. Cuando termina el capítulo todavía es temprano, así que L aprovecha el cine en casa improvisado para ver un nuevo capítulo de Élite mientras yo vuelvo a los mundos de Nintendo. A las 23:00 decidimos echar el cierre de un día de carretera que siempre es un mal necesario de nuestros viajes. En el silencio de la granja, cerramos los ojos por última vez en los Estados Unidos.



