Este era nuestro último día en Arraial y queríamos aprovechar para conocer otra playa diferente. Desayunamos en el hostel y hablamos con una chica durante el desayuno que nos recomendó que no nos perdiéramos la playa do Forno, era muy bonita y estaba cerca caminando, así que hicimos caso a sus consejos y dedicamos ese medio día que nos quedaba a conocer esta playa.
Nosotros estábamos a un par de calles de playa dos Anjos, fuimos caminando hasta el paseo marítimo y desde ahí sigues todo el paseo hasta el puerto, al pasar el puerto esta indicado el sendero a la izquierda, serán unos 15 minutos caminando desde aquí y no tiene mucha dificultad, hay que subir un morro por unas escaleras y al llegar arriba te encuentras con unos paisajes espectaculares, se ve la playa de color turquesa en forma de herradura, toda rodeada de vegetación y montañas.

Comienzas a bajar hasta llegar a la playa, como aún era temprano la playa estaba casi vacía así que fuimos hasta el final y escogimos un buen sitio, nos bañamos en esas aguas cristalinas y de un color turquesa al que ya nos tenía acostumbradas Arraial y nos tumbamos a contemplar esa hermosura que teníamos delante desde la arena. La playa es pequeña, mide unos 500 metros y eso la hace aun más encantadora. Pudimos estar unas horas relajadas, hasta que empiezan a llegar muchos barcos llenos de gente y rompen un poco la paz del lugar.

Es recomendable ir a esta playa a primera hora para poder disfrutarla con poca gente, como lo hicimos nosotras, sobre el mediodía tuvimos que irnos para recoger las cosas en el hostel y coger nuestro Blablacar a Río.
Preguntamos a uno de los chicos que ofrecen los taxi boat y menos mal que lo hicimos con tiempo, porque ellos te dicen que ya salen pero esperan hasta llenar el barco para salir, el trayecto costaba 10 reales y no tarda nada en llegar al puerto. Desde ahí fuimos caminando al hostel y en el rato que nos quedaba comimos en el mismo hostel que nos prepararon un strogonoff de pollo y champiñones buenísimo.
Cogimos un Uber que nos llevaba hasta el sitio donde nos recogía el blablacar y desde ahí nos quedaba un largo camino para llegar a Río, por suerte con este conductor no tuvimos ningún problema y nos dejo frente a la estación de autobús de Río, que ya era conocida por nosotras.
Ese mismo día teníamos el vuelo para Foz de Iguazú, nuevamente utilizamos Uber para ir hasta el aeropuerto, funciona muy bien en Brasil y te ahorras mucho tiempo si lo comparas con el autobús que cogimos al llegar a Río el primer día.
Volamos con la compañía Gol, el vuelo costo 74 euros y tarda unas 2 horas, llegamos bastante tarde a Iguazú, sobre las 12 de la noche. Salimos fuera del aeropuerto y nos dirigimos a la parada de bus, pensábamos que ya no pasaba a esa hora, hasta que empezó a llegar más gente y finalmente pasó el autobús que te deja en la terminal de Foz.
Fuimos caminando hasta el hostal, la verdad que nos daba un poco de miedo caminar tan tarde solas, no había nadie en la calle, pero se veía tranquilo el barrio. Tuvimos un problema con el hostal, cuando llegamos nos encontramos con la sorpresa que no existía y eso que lo habíamos reservado con Booking, pero tuvimos que buscar una solución alternativa, ya bastante enfadadas y cansadas sobre las 2 de la mañana, conseguimos otro hostel y nos dormimos que al día siguiente nos quedaba otro de los sitios que nos hacía mucha ilusión de este viaje: Las Cataratas de Iguazú.

