Fuimos con ferry de Capri a Nápoles, y tren de Nápoles a Milán.
Decidimos hacer base en Milán para ir desde ahí a la zona de los lagos (Como, Garda y maggiore) y a Verona, en tren. Por ese motivo pedimos un hotel que estuviera cerca de la estación, y no fue una muy buena idea, como en muchos lugares, incluida Argentina, las zonas cercanas a las estaciones de tren son “especiales”, lo primero que vimos de Milán al salir de la estación de tren hacia el hotel fue las mujeres “de la noche” y en la esquina misma del hotel unas caritas muy poco confiables, pero lo cierto es que nunca hemos tenido ningún problema ni de día ni de noche.
Recuerdo que encontramos un restaurante muy cerca del hotel sobre una avenida al que fuimos a cenar todas las noches, el camarero que nos atendió la primera noche, un viejito muy amable, cuando nos veía entrar se adelantaba para prepararnos la mesa en su sector.
De la parte turística de la ciudad lo que más me gusto fue la Catedral, el Duomo, una belleza imponente a la cual pudimos subir a sus terrazas en ascensor después de una pequeña cola, las vistas desde ahí también eran increíbles a pesar del mal tiempo que nos acompañó.

Fuimos a varias iglesias más, La Basílica San Ambroggio, antiquísima, la Basílica San Lorenzo Maggiore y la Iglesia Santa Marie delle Grazie donde se encuentra la famosa pintura La última cena de Leonardo da Vinci.

Fuimos al Castillo Sforza, que no me mato, en cambio me hubiera gustado poder entrar a la Scala de Milan, pero no pudimos, estaba cerrada.

Otra atracción de Milan es la Galeria Vittorio Emanuel, cubierta con techo vidriado y con negocios de marcas internacionales, incomprables, y piso de mármol que tiene en una parte el dibujo de un toro y la gracia para los turistas es que te dicen que hay pisarle los genitales al toro, no recuerdo para que, será para tener fuerza??.

Lo que le llama la atención a la mayoría de los visitantes de la ciudad, el “cuadrilátero de oro” a mí no me entusiasmo, tiendas de ropa carísima y en muchos casos muy estrafalarias para mi gusto, zapatos bellísimos de aguja con los cuales estoy segura que no hubiera podido caminar, evidentemente lo caro no es lo mío (risas y más risas)
Otro lugar que visitamos en Milán es el Parque Sempione, un amplio espacio verde en el centro de Milán con lago artificial, que habíamos leído antes de ir que se reunían familias, niños y jóvenes a pasar el rato y tomar el sol, pero no tuvimos esas suerte, para variar fuimos un día horrible de lluvia y no pudimos disfrutar el rato con los locales, sólo estaban en el parque estas dos argentinas locas.
