El principal atractivo de la isla de Faial es la Caideira, un gran cráter de 2 km de diámetro. Pero parecía que ese día no iba a poder ser, ya que la previsión del tiempo no era buena, y la caldera acostumbra a esconderse en la niebla, ya que está en la parte más elevada de la isla.
Siendo así, comenzamos a rodear la isla, a ver qué nos encontrábamos. Empezamos por el miradouro da Ponta Furada.

Nada más continuar hacia el oeste nos invadió la niebla. Sin perder el ánimo, fuimos al Morro de Castelo Branco, una formación volcánica unida a la isla principal como una península. Justo en esa zona, junto al nivel del mar, estaba despejado, así que disfrutamos de las vistas y descubrimos varios nidos de cagarros. Una zona muy interesante.


Después fuimos a Varadouro, donde están las piscinas naturales más grandes y populares de la isla. Nos estaba en nuestra intención bañarnos, pero nos pillaba de paso y fuimos a ver qué tal estaba el sitio. Las piscinas deben estar muy bien con el mar tranquilo, pero descartamos ir a bañarnos debido a la gran acumulación de caravelas portuguesas.
Nuestra siguiente parada era el Vulcão dos Capelinhos, que a lo lejos se intuía cubierto por la niebla. Pero en vez de ir por la carretera principal, fuimos por el camino do Varadouro – Comprido, encontrando por el camino algún mirador y un faro.
Llegamos al Vulcão dos Capelinhos y el cielo estaba despejando, lo justo para poder admirarlo. Este volcán es la tierra más joven de Portugal, que se formó en varias erupciones entre 1957 y 1958. En aquella ocasión evacuaron la isla entera y la mayoría de sus habitantes se fueron a América como refugiados climáticos.
Lo primero que te recibe es su imponente faro, una gran obra de ingeniería que duró apenas 20 años, ya que quedó inutilizado y semicubierto en las erupciones. Es posible subir a lo alto del faro por un euro. También se puede visitar el centro de interpretación, creo que por 9 euros.

Dimos una vuelta por allí, viendo el volcán desde diferentes perspectivas, incluida desde lo alto del faro.




Después fuimos al Porto do Comprido, una zona de piscinas naturales con buenas vistas del Vulcão dos Capelinhos y del faro. Allí nos tomamos una cervecita y fuimos a buscar un restaurante para comer.

No hay muchas opciones de restauración en el norte de la isla, ya que la población de Faial está mayormente concentrada en Horta. Fuimos al restaurante Rurmar, en Praia do Norte. Nos gustó mucho el sitio, además de la amabilidad y la limpieza, la comida estaba muy rica. Pedimos de entrada un queso fresco fresquísimo, que sirven con una salsa picante de pimientos, una delicia. Después lirio grelhado (un pez autóctono de Azores) y torresmos de vinha d’alho, una especialidad regional. Ambos platos muy buenos, acompañados de patata y boniato. De postre, tarta de coco.
Siguiendo por la carretera, paramos en dos miradores: el miradouro da Ribeira das Cabras, con vistas a Fajã, y el miradouro de Ribeira Funda.


Nos arriesgamos a dejar la costa y subir poco a poco al centro de la isla, a ver hasta dónde nos dejaba llegar la nube. Fuimos por unas pequeñas carreteras repletas de vegetación y cuando nos dimos cuenta llegamos a la carretera que sube a la Caldeira. Había un poco de niebla, pero una vez allí, fuimos a probar suerte. Y dimos en el clavo. Atravesamos el túnel que lleva al mirador de la Caldeira y allí estaba ella, despejada. Es impresionante, con sus 2 kilómetros de diámetro y 500 metros de profundidad. Una auténtica maravilla.

La nube entraba y salía, pero estábamos bien contentos de poder disfrutar de aquella vista. Como no sabíamos cómo iba a estar el día siguiente, decidimos emprender parte del sendero que rodea la Caldeira. Sabíamos que no nos iba a dar tiempo a hacerlo entero, pero sí una parte. Como muestra de lo rápido que puede cambiar el tiempo, decir que de repente nos cubrió la niebla, empezó a llover y tuvimos que dar la vuelta.



Contentos, nos fuimos al apartamento. Habíamos conseguido ver la Caldeira. Al día siguiente intentaríamos rodearla, si el tiempo lo permitía.
