Este nuevo día nos levantamos temprano para ir al Parque Regional de Calblanque. Dado que estábamos a principios de julio, aún se podía llegar con el coche a los distintos aparcamientos, hasta que se completaran. A partir de cierta fecha las restricciones al tráfico aumentan. Se puede consultar la información actualizada aquí: murcianatural.carm.es/ ...calblanque
Decidimos en la bifurcación optar por la derecha, para llegar a la zona de Playa Larga.
El aparcamiento tiene mucha capacidad y está en su mayor parte techado, por lo que fue una grata sorpresa.
Playa Larga es una playa muy grande, con arena fina dorada y de mucha capacidad, por lo que, aunque a partir de las 11:30-12:00 empezó a llegar cada vez más gente, en ningún momento se llenó. También es cierto que, en la época en la que nosotros fuimos, una vez se completan las plazas de aparcamiento, los agentes de medioambiente cortan el acceso.

Tras unas horas en la playa, decidimos cambiar de ambiente. Intentamos seguir un sendero de los que atraviesan el parque, pero, a pesar de que la señalización continuaba, llega un momento en que los carteles prohíben el paso, por lo que tan solo nos pudimos alejar unos 200 metros aprox. del aparcamiento.
Siendo así, quisimos ir a conocer el resto de playas de la zona, pero al llegar, los aparcamientos de ese otro sector se habían completado y no nos dejaron pasar, por lo que decidimos, en lugar de volver a Playa Larga, ir a visitar La Manga del Mar Menor, incluyendo sus puntos más típicos. Es curioso recorrer la Gran Vía de punta a punta.
Así, fuimos hasta el final, y vimos la Gola de las Encañizadas. Dejamos el coche aparcado en la última calle de La Manga y entre la maleza accedimos a una zona de fango seco, allí el olor, sin llegar a ser desagradable, no era agradable y eso, sumado al sol más intenso nos desanimó para recorrer el sendero hasta el final transitable.

Fuimos luego a Veneziola a fotografiar el Puente de la Risa y sus canales.

También a la Gola del Estacio con su puente giratorio y su faro.

Tras esto, volvimos a casa a descansar y luego, al caer la tarde paseamos hasta la Playa de Hita y el juncal que constituye un sendero circular para la observación de aves que llega casi hasta la pista del aeropuerto de San Javier.

