Despertador a las 6:20 y desayuno a las 6:30. A las siete ya estábamos en el barco Pascu, el conductor, y un chico joven, que sería el que intentaría buscar los tiburones ballena.
Yo era el único turista. Comenzamos a alejarnos bastante de la costa, como una hora mar adentro. Había bastante viento y olas.
Llegó un momento en el que pasamos una boya en medio del mar y ahí Pascu y el chico joven se pusieron en pie, uno en la parte delantera del barco y otro en la trasera a buscar tiburones.
La zona de Kilindoni donde se encuentra el tiburón ballena, es una zona poco profunda, de unos 10 metros diría por lo que pude ver cuando me sumergí. Los tiburones son fáciles de visualizar porque nadan cerca de la superficie, por lo que se ve una mancha negra enorme en el agua. Estuvimos buscando un buen rato. El chico que iba delante le hacía señas al capitán, indicándole por dónde ir. Pasaba el tiempo y no aparecía nada, dábamos vuelta en círculos, cambiábamos de lugar, nuevamente vueltas...
Al final, al cabo de unas dos horas de haber salido, de pronto avistaron algo. Me dijeron que me pusiese corriendo las aletas y el tubo, y que me sentase en el borde de la barca.
La verdad es que en ese momento estaba bastante nervioso, no sabía cómo iba a ser el encuentro, y entre la tensión y la rapidez con la que me dijeron que me preparase no me di cuenta de lo que estaba pasando. De pronto me dijeron: ¡Salta ahora!, y salté.
Al sumergirme me encontré con un ejemplar (enorme para mi, aunque no era de los grandes), de unos 6m de longitud.

El corazón me iba a mil por hora. Del ruido del zambullido, el tiburón cambió de dirección y se sumergió todo lo que pudo (no había mucha profundidad). Iba despacio pero cada vez que coleaba avanzaba muchos metros, y yo no era capaz de seguirlo en la superficie ni nadando a toda velocidad.
Pude seguirlo unos 30 segundos y desapareció.
Saqué la cabeza del agua todavía con la respiración agitada y el corazón latiendo rápido. Busqué el barco, estaba bastante lejos, y comencé a nadar. Ellos también vinieron a buscarme, pero había muchas olas, me entraba agua en el tubo constantemente y no era nada agradable.
Cuando estaba al lado del barco, me quité las aletas y subí.
Repetimos la operación un par de veces más con el mismo tiburón, lo seguíamos, nos poníamos a unos metros y saltaba, lo seguía hasta que se alejaba y vuelta al barco.
Finalmente se fue y continuamos buscando. Pasaron unos 15 minutos y encontramos a otro. Y repetimos la operación.
Pude meterme hasta en 3 ocasiones más con el.
Decidí yo decirle a Pascu y al capitán de volver. El mar estaba muy agitado, no estaba disfrutando nada cuando me metía en el agua, había mucho oleaje. También cuando estaba en el barco se movía muchísimo y crujía.
Hice un par de fotos desde arriba a la silueta del tiburón y comenzamos la vuelta.

Nos habíamos alejado muchísimo de la costa, no dejaba de entrar agua en el barco. Uno de los chicos se puso con un cubo a achicar agua.
Como con un motor no teníamos suficiente velocidad para que el barco fuese lo más plano posible, decidieron encender el otro. Hasta ellos mismos se dieron cuenta de que la situación no era buena (no me quiero imaginar un día de tormenta). Finalmente, sobre las 11 de la mañana llegamos a la playa. Creo que ha sido la vez que peor lo he pasado en un barco, había momentos que pensaba que tendríamos que volver nadando (y eso que la costa estaba a kilómetros).
Recalcar que en este tour, en algunas ocasiones lo que hacían era cruzarse delante de lo que iba a ser la trayectoria del tiburón para que lo viese de cerca. Según leí opiniones en tripadvisor sobre este hotel y este tour, respetaban las distancias bastante. Creo que en esta ocasión lo hicieron así por el oleaje, porque me hubiese sido imposible acercarme a nado al tiburón.
Al llegar al hotel me duché, cogí la cámara y la mochila y me fui por la playa andando a Kilindoni. Era un paseo de unos 40 minutos, pero lo alargué metiéndome en los poblados.
En la misma playa hay decenas de redes puestas en altura donde tienen pescado secándose. El olor es muy fuerte y desagradable.

Acabé llegando a Kilindoni, y recordé que la última vez, fuimos a una casa donde tenían langostas vivas en piscinas.
Pregunté por ella y me acabaron llevando. Quería comprar una para que me la hiciesen en el hotel, pero me habían advertido de que eran muy caras. Al preguntar por el precio, me dijeron que habían tres tipos, unas a 45000 TZS por kg, y la otra a 1200000 TZS/kg (ambas vivas) y luego las congeladas a 30000 TZS. Dije que quería una de las de 45000. Pesaba 0,6 kg y me dijeron que tenía que llegar al kg. Le dije que ok pero que lo pagaría a 40000 TZS. Me puso otra que acabó sumando 1,1kg y me dejó todo en 40000 TZS (unos 15 € por dos langostas). Me comería una ese día, y la otra la dejaría en la nevera (no había congelador) para el día siguiente.
Volví al hotel y me la prepararon. Al cabo de una hora me estaba pegando una buena comilona con vistas a la playa. Le dí al camarero 5000 TZS como propina por habérmela preparado.

Por la tarde, me eché una siesta y luego me fui a correr por los poblados hasta Kilindoni, unos 40 minutos, parando en diferentes sitios.
Volví al hotel y me duché, y me fui a cenar a un “restaurante”, con la pareja de suizos que había en el hotel y a los que veía todos los días.
Fue una cena muy agradable. Me costó 10000 TZS un pescado a la brasa con arroz blanco hervido en leche de coco (estaba exquisito), ensalada y judías.
El restaurante se llama Hipopotamus Food point. Lo gestiona un hombre llamado Yassin.
Es un tipo fantástico, ha estudiado ciencias marinas (o algo así debe ser la traducción), y trabaja durante el día en el parque marino de Utende y por las tardes/noches gestiona su restaurante, que es de verdad su vocación.
Tuve la suerte de poder sentarme con el y conversar extensamente.
Recomiendo acudir allí a cenar, se podrá tener con el charlas muy interesantes y la comida está deliciosa. Desde que lo descubrí, cené el resto de noches que pasé en Mafia allí.

La moto desde el alojamiento a Kilindoni (pikipiki) me costó 2000 ida y 2000 vuelta.