Las 5. Me muevo con sigilo para que no haya despertares en la Haveli. Salgo a fumar y hago de estatua de las Ramblas, con vistas hacia el palacio.
A las 6'30 la haveli sigue a oscuras y quieta, así que salimos a la calle, y en la Haveli Govinda a 10 pasos de la nuestra, le preguntamos si podemos tomar un café a un matrimonio sentado que vemos a través de la puerta abierta. Nos dice que adelante. Tomamos un milk coffee y una tostada antes de encaminarnos a la cita de las 8 en la bus station, con el Sr. Om Prakash, alias “Kukki”. Compramos fruta para la salida y 3 botellas de agua.
A las 8 aparece Kukki y nos montamos los tres en su moto. En Spain sería multa, retirada del carnet y prisión por, ir sin casco, en dirección contraria, sin papeles y por sospechosos habituales. Aquí he llegado a ver 5, contando a dos niños pequeños, apretujados en una moto. En su casa nos preparan un te con sabor a cardamomo, y nos enseña e instruye sobre sus restos y sus monedas. Mientras, su hija prepara unas chapatis para el viaje.
Alzando la mano en medio de la calle, para el bus local que cogemos a las 8'30. Está lleno pero nos van haciendo hueco por separado, y yo soy el cuarto en mediosentarse en una fila de 2 asientos. Detrás se apelotonan igual, otros van de pie, y delante veo alguno colgado del estribo del bus. Al cabo de una hora nos apeamos en un cruce de vías en medio de un páramo granítico. A un kilómetro se divisa una laguna, y pozos naturales que han quedado en las rocas, al bajar el caudal del río. El sol machaca, pero sopla brisa.
En la primera parada debajo del saliente de una roca kukki nos invita a que busquemos pinturas, que haberla haylas, pero no se distingue un pijo, hasta que “lanza agua”, y se forman unas figuras difusas. Al llegar a una brecha del terreno que forma una gargante brutal, descendemos por un sendero entre las rocas de la pared, y a unos 5 o 6 metros chocamos con una caverna. Aparecen bien perfiladas, coloreadas y muy bien definidas un monton de pinturas en la pared. Escenas de caza, figuras antropomórficas y alguna simbología. Yo no sabría distinguir una pintura rupestre de un dibujo de párvulos, pero son bonitas.
Descansamos a las sombras de la cortante, y a la de la quietud del impresionante espectáculo natural. Kukki mientras, nos cuenta sobre los santones que vienen a la cueva y a estos parajes a meditar, nos habla de su filosofía de vida, pero lo que más apetece aquí es dejar la mente en blanco. Pasado un tiempo que no lo ha parecido, regresamos a la cornisa por la brecha y continuamos por el borde sin dejar de oir el sonido del agua. Media hora más, y avistamos la cascada a través de los árboles.
Seguimos unos metros hasta llegar al circo donde nace la garganta, y poder observar una esplendorosa caida de aguas de varios metros de ancho y bastantes metros de alto, que forma una piscina natural en la base. Después de bajar por unas escaleras a cuyos pies hay un templo dedicado al Dios nº 2431, y que cuida un santón, nos acercamos hasta el borde de la balsa, donde después de cambiarnos y dejar ropa y bolsas por los matorrales, nos damos un irresistible baño. Es ñoño de tan idílico.
Zampamos los plátanos y repartimos las chapatis con los peces. La hora de irse la anuncian varios grupos de espectadores del hombre blanco o mejor dicho de la mujer blanca que bajan de las aldeas de los alrededores, y se han encontrado con entradas gratis para el cine.
Recogemos, subimos las escaleras y hacemos el camino de vuelta atajando por las sombreadas vías del tren entre la grieta. A lo lejos se ve un túnel, y en la boca de entrada un monton de esclavos trabajadores retirando piedras y poniendo clavos y railes, bajo la atenta supervisión de dos o tres jefes sentados en una especia de palanquín con sombrilla. Nos esperamos a un lado, y como era de preveer, al poco rato se forma un corro de gente que mira alucinada a estas cabras extranjeras.
Se sientan sobre los railes en “fila india” delante nuestro y nos escrutan sin disimulo, supongo que para ver si tenemos alguna protuberancia anómala en la cabeza, para explicarse la majadería o estupidez de pasear por allí. La mimica funciona casi siempre, así que comparto un par de cigarrillos, ellos aprovechan para escaquearse todo lo que pueden hasta que les da un toque el capataz, me hago una fotografía con los 15 del grupo, y lo cierto es que pasamos un buen rato, aunque también que ellos vuelven a picar, patear, retirar, y dejarse la piel con la piedra, el hierro, el bochorno, el sudor y la asfixiante humo. Media hora después aparece un monstruo por la boca del túnel exhalando una nube infernal. Apartados a un metro de los railes, nos quedamos mirando como pasa el convoy de carga más largo que he visto nunca.
Una vez que ha pasado el gusano, entramos en el túnel, lo cruzamos, y seguimos avanzando por las vías cruzándonos con gentes cargando bultos o caminando, hasta llegar alrededor de las 6 de la tarde, a un cruce con barrera donde está el puesto del ferroviario en la carretera donde ha de pasar el bus.
Nos metemos en el minúsculo puesto, y departimos con los ferroviarios y con un santón invitado que medita por la cuevas del entorno, y que nos pregunta interesado, porque él no comprende tener alguno, nuestro motivo para viajar.
Cuando nos damos cuenta, el bus está parado detrás de la barrera del tren bajada. Nos apelotonamos como de costumbre, al principio de pie, y luego apiñándonos sentados, y llegamos a Bundi sobre las 6'50, donde primero vamos a casa de Kukki a despedirnos a pesar de su invitación a cenar, luego caminamos al hotel, donde me espera una Kingfisher y un plato de arroz frito. Ducha, y por hoy ..... es suficiente.


A las 6'30 la haveli sigue a oscuras y quieta, así que salimos a la calle, y en la Haveli Govinda a 10 pasos de la nuestra, le preguntamos si podemos tomar un café a un matrimonio sentado que vemos a través de la puerta abierta. Nos dice que adelante. Tomamos un milk coffee y una tostada antes de encaminarnos a la cita de las 8 en la bus station, con el Sr. Om Prakash, alias “Kukki”. Compramos fruta para la salida y 3 botellas de agua.

A las 8 aparece Kukki y nos montamos los tres en su moto. En Spain sería multa, retirada del carnet y prisión por, ir sin casco, en dirección contraria, sin papeles y por sospechosos habituales. Aquí he llegado a ver 5, contando a dos niños pequeños, apretujados en una moto. En su casa nos preparan un te con sabor a cardamomo, y nos enseña e instruye sobre sus restos y sus monedas. Mientras, su hija prepara unas chapatis para el viaje.

Alzando la mano en medio de la calle, para el bus local que cogemos a las 8'30. Está lleno pero nos van haciendo hueco por separado, y yo soy el cuarto en mediosentarse en una fila de 2 asientos. Detrás se apelotonan igual, otros van de pie, y delante veo alguno colgado del estribo del bus. Al cabo de una hora nos apeamos en un cruce de vías en medio de un páramo granítico. A un kilómetro se divisa una laguna, y pozos naturales que han quedado en las rocas, al bajar el caudal del río. El sol machaca, pero sopla brisa.

En la primera parada debajo del saliente de una roca kukki nos invita a que busquemos pinturas, que haberla haylas, pero no se distingue un pijo, hasta que “lanza agua”, y se forman unas figuras difusas. Al llegar a una brecha del terreno que forma una gargante brutal, descendemos por un sendero entre las rocas de la pared, y a unos 5 o 6 metros chocamos con una caverna. Aparecen bien perfiladas, coloreadas y muy bien definidas un monton de pinturas en la pared. Escenas de caza, figuras antropomórficas y alguna simbología. Yo no sabría distinguir una pintura rupestre de un dibujo de párvulos, pero son bonitas.

Descansamos a las sombras de la cortante, y a la de la quietud del impresionante espectáculo natural. Kukki mientras, nos cuenta sobre los santones que vienen a la cueva y a estos parajes a meditar, nos habla de su filosofía de vida, pero lo que más apetece aquí es dejar la mente en blanco. Pasado un tiempo que no lo ha parecido, regresamos a la cornisa por la brecha y continuamos por el borde sin dejar de oir el sonido del agua. Media hora más, y avistamos la cascada a través de los árboles.

Seguimos unos metros hasta llegar al circo donde nace la garganta, y poder observar una esplendorosa caida de aguas de varios metros de ancho y bastantes metros de alto, que forma una piscina natural en la base. Después de bajar por unas escaleras a cuyos pies hay un templo dedicado al Dios nº 2431, y que cuida un santón, nos acercamos hasta el borde de la balsa, donde después de cambiarnos y dejar ropa y bolsas por los matorrales, nos damos un irresistible baño. Es ñoño de tan idílico.

Zampamos los plátanos y repartimos las chapatis con los peces. La hora de irse la anuncian varios grupos de espectadores del hombre blanco o mejor dicho de la mujer blanca que bajan de las aldeas de los alrededores, y se han encontrado con entradas gratis para el cine.

Recogemos, subimos las escaleras y hacemos el camino de vuelta atajando por las sombreadas vías del tren entre la grieta. A lo lejos se ve un túnel, y en la boca de entrada un monton de esclavos trabajadores retirando piedras y poniendo clavos y railes, bajo la atenta supervisión de dos o tres jefes sentados en una especia de palanquín con sombrilla. Nos esperamos a un lado, y como era de preveer, al poco rato se forma un corro de gente que mira alucinada a estas cabras extranjeras.

Se sientan sobre los railes en “fila india” delante nuestro y nos escrutan sin disimulo, supongo que para ver si tenemos alguna protuberancia anómala en la cabeza, para explicarse la majadería o estupidez de pasear por allí. La mimica funciona casi siempre, así que comparto un par de cigarrillos, ellos aprovechan para escaquearse todo lo que pueden hasta que les da un toque el capataz, me hago una fotografía con los 15 del grupo, y lo cierto es que pasamos un buen rato, aunque también que ellos vuelven a picar, patear, retirar, y dejarse la piel con la piedra, el hierro, el bochorno, el sudor y la asfixiante humo. Media hora después aparece un monstruo por la boca del túnel exhalando una nube infernal. Apartados a un metro de los railes, nos quedamos mirando como pasa el convoy de carga más largo que he visto nunca.

Una vez que ha pasado el gusano, entramos en el túnel, lo cruzamos, y seguimos avanzando por las vías cruzándonos con gentes cargando bultos o caminando, hasta llegar alrededor de las 6 de la tarde, a un cruce con barrera donde está el puesto del ferroviario en la carretera donde ha de pasar el bus.

Nos metemos en el minúsculo puesto, y departimos con los ferroviarios y con un santón invitado que medita por la cuevas del entorno, y que nos pregunta interesado, porque él no comprende tener alguno, nuestro motivo para viajar.
Cuando nos damos cuenta, el bus está parado detrás de la barrera del tren bajada. Nos apelotonamos como de costumbre, al principio de pie, y luego apiñándonos sentados, y llegamos a Bundi sobre las 6'50, donde primero vamos a casa de Kukki a despedirnos a pesar de su invitación a cenar, luego caminamos al hotel, donde me espera una Kingfisher y un plato de arroz frito. Ducha, y por hoy ..... es suficiente.

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