Desayunamos en el hotel, el desayuno, tipo buffet e incluido, es sencillamente espectacular, diría que de los mejores que he tenido.
Salimos temprano con el coche, bordeando el lago hacia el oeste, para cruzar la frontera con Suiza y llegar a las cataratas del Rin (Rheinfall) situadas junto a la localidad de Escafusa (Schaffhausen). No hay mucha gente y el parking de pago tiene bastantes plazas. Día nublado pero la lluvia nos respetará bastante tiempo. Las cararatas son muy bonitas, nosotros cogemos dos de los barcos que rulan por allí, se pueden pagar en euros (Rhyfall Mandli), el amarillo primero que nos lleva hasta el islote situado en el medio de la catarata, merece la pena, te bajas allí y subes a él, la verdad es que esperaba empaparme pero no, apenas, después cuando vuelve otro barco regresas. Después cogimos el rojo que sencillamente nos cruzó hacia el castillo, pero allí poco puedes hacer si no pagas otros 5€ para poder acceder a las terrazas y miradores sobre las cataratas.

Vuelta en el mismo barco y nos vamos de allí, hasta la ciudad suiza de Stein am Rhein. Aparcamiento nuevamente de pago y visita al pueblo, la plaza principal es simplemente impresionante, y las vistas desde el río bonitas.
Con el tiempo que nos queda tenemos que elegir entre la isla de Mainau o la de Reichenau, como puede que las iglesias que hay en la segunda están ya cerradas vamos a la primera (Insel Mainau). Aparcamos y junto con la entrada se adquiere el parking. Damos un paseo por la isla, mucha vegetación, si bien no es época de exceso de flores. Comemos un bocata que nos hemos llevado. De nuevo nos cae un chaparrón de cuidado, aprovechamos entonces para ver a cubierto el mariposario. La vuelta en plan tranqui a la isla se hace en un par de horas sin problemas.
Aún nos da tiempo a dar un paseo por la ciudad de Konstanz, no está mal y tiene algún edificio muy chulo, y en el puerto la extraña figura gigante de Imperia, que va girando lentamente. Da para una horita tranquila y tomar una cerveza en el centro junto a la catedral.
Ya anochecido cogemos el ferry (pago en efectivo obligatorio) que nos cruza hasta Meerburg para desde allí volver al alojamiento.