Hoy nos vamos a Sapanta para conocer su famoso cementerio alegre, la mañana la comenzamos con el desayuno que nos ofrecen nuestros anfitriones, aquello no parecía un desayuno, sino un banquete de bodas: fiambre, queso, huevos, varios tipos de queso, berenjenas y calabacines rebozados, mantequilla, mermelada, zumo, café, etc, etc y aún nos decían que si queríamos alguna otra cosa, creo que con eso teníamos para comer una semana.
Tras el inicio de día pantagruélico, nos vamos a Sapanta, aparcamos en una de las zonas habilitadas como parking, a unos 100 metros del cementerio creo que fueron unos 5 lei.
La entrada al cementerio es de pago, 5 lei por persona y los niños hasta 7 años gratis, el lugar es de lo más curioso, las lapidas azules de las tumbas en las que se cuenta la vida de los moradores, con relatos e imágenes de sus oficios, andanzas o forma de su fallecimiento, algunas son realmente curiosas.

Dentro del cementerio hay una pequeña tienda en la que los recuerdos son un poco más baratos que en los tenderetes del exterior.
A las afueras de Sapanta, a unos 3 ó 4 kilómetros del cementerio, está el Monasterio de Peri Sapanta, un tranquilo monasterio que tiene la torre de madera mas grande del mundo,
Continuamos nuestro día viendo las iglesias de madera, todas ellas tienen algo en común, son pequeños templos, casi siempre situadas en los cementerios, con unas preciosas pinturas en el interior, si no están abiertas en el momento que llegáis, normalmente hay un cartel en la puerta con un número de teléfono de la persona encargada, en un rato llegarán a abriros la puerta sin problema, todas las iglesias son de pago, pero con una cantidades muy pequeñas que van de 2 a 5 lei.
Empezamos por la iglesia de San Nicolas de Budesti y continuamos con la de los Santos Arcángeles de Plopis, en ambas estábamos solos durante la visita, no se si era por toda la historia del COVID pero nos encontramos con pocos turistas en esta zona.


Regresamos al alojamiento un ratito de descanso y nos fuimos a cenar a Casa Iurca, uno de los restaurantes recomendados en la zona, el sitio es agradable, el personal no tanto y la comida buena a precios normales. Al lado del restaurante está la casa del escritor Ellie Wiesel , Premio Nobel de la Paz en 1986.