Monasterios, gargantas y un atardecer entre palmeras…
Pasamos nuestra primera noche, entre vapores, en Rétino, ciudad que nos fascinó desde que la pisamos.
Hoy tocaba excursión por los alrededores:
• Monasterio de Arkadi
• Garganta de Patsos
• Spili
• Preveli (monasterio y playa)
La tarde anterior compramos zumo y dulces para desayunar en la habitación, aprovechando que teníamos café y té cortesía del alojamiento.
No madrugamos mucho que digamos, ya que el monasterio abría a las 9 horas y nos acostamos un poco tarde. Y al ser el primer destino, no merecía la pena llegar tan pronto.
Monasterio de Arkadi
Google Maps: goo.gl/maps/HypJRFowPSM1qxaB6
Web oficial: www.arkadimonastery.gr
Horario de verano: 9-20 (más info en www.arkadimonastery.gr/ ...stery.html)
Entrada: 3€
Tiempo aproximado de visita: 1,5 horas
Recomendaciones: -
Dificultad: baja, todo perfectamente señalizado
Comentarios:
Este monasterio resultó ser de los mejores para visitar por cuenta propia, desde el punto de vista museístico. Información completa, puntos de interés bien señalizados y con muchas estancias abiertas para visitar. Una rara avis en el circuito monasterial cretense.
Aunque no rezuma de tanto ambiente espiritual como otros, tiene un interés histórico especial.
A pesar de ser temprano ya había un imponente bus descargando turistas franceses a mansalva. Aun así pudimos visitarlo de forma cómoda.
Tiene un museo donde cuentan toda la historia del monasterio, dando especial énfasis al asedio que sufrió durante la invasión otomana. Muy interesante.
Fue fundado en el siglo XI por un monje llamado Arkadio, y estuvo dedicado originalmente a San Constantino y Santa Elena.
En el siglo XVII fue bastante famoso por establecerse allí un importante taller de copias de manuscritos. Alguno de ellos aún se conserva en el museo.
Un siglo después los monjes comenzaron a dedicarse al bordado de tejidos eclesiásticos con oro y plata, que vendían a monasterios de todo el mundo.
En noviembre de 1866, coincidiendo con el comienzo de la Revolución de Creta frente al invasor otomano, se produjo la matanza de cientos de personas en el monasterio.
Allí se refugiaron más de 900 personas, entre combatientes, mujeres y niños, para intentar frenar al ejército compuesto por alrededor de 15000 turcos armados con más de 30 cañones. Aunque aguantaron el asedio el primer día, en el segundo ataque la puerta oeste cedió y los otomanos accedieron al monasterio.
Con el apoyo espiritual del abad Gabriel Marinakis y el liderazgo del revolucionario Konstantinos Giaboudakis, decidieron prender los depósitos de pólvora del polvorín antes de ser capturados por los otomanos, sacrificando sus vidas para intentar repeler a los invasores.
Hoy en día se puede ver una representación realmente conmovedora de ese momento en el antiguo polvorín.
Tras la visita cambiamos totalmente de aires y nos abrochamos bien los cordones de nuestras botas de senderismo.
Garganta de Patsos/San Antonio
Google Maps: goo.gl/maps/tMzHJTbzVT1mgGUFA
Web oficial: -
Horario de verano: abierto todo el día
Entrada: gratuita
Tiempo aproximado de visita: 2 horas (3,8 km)
Recomendaciones: -
Dificultad: baja en dificultad, media en orientación
Comentarios:
A unos 18 kilómetros, 30 minutos en coche, se encuentra la Garganta de Patsos o San Antonio.
El parking no es excesivamente grande, pero suficiente para la afluencia de visitantes.
Al llegar no encontramos mucha información sobre la ruta, sólo un escueto mapa artesano.

Esta imagen es de internet, pero la única diferencia con el mapa de agosto 2022 es que el segundo puente está marcado con una gran equis roja, indicando que el camino a partir de ahí es peligroso. Sólo tiene sentido tomarlo para llegar a una lago que está a bastantes kilómetros.
Llegó un momento en el que no sabíamos muy bien hacia donde ir, pues las indicaciones eran algo parcas y en griego. Aunque con el traductor de Google y el GPS nos pudimos apañar.
A nuestro favor, todo el mundo estaba igual de perdido y eran continuas las preguntas entre las personas que se iban cruzando durante el recorrido.
El itinerario fue un poco a nuestra manera, improvisando un poco sobre la marcha.
Hicimos el siguiente recorrido, más o menos:
• Iglesia-cueva de San Antonio (goo.gl/maps/GEM4RoBYaTKKdUuc6)
• Vista panorámica (goo.gl/maps/RqXi1HGQj8EoARch7)
• Puente 2 + cascada
• Vuelta a la iglesia
• Puente 1
• Cascada por detrás
• Vuelta al inicio
La ruta es divertida y merece mucho la pena, pues resulta ser un pequeño parque de atracciones en la ribera del río, teniendo que ascender, descender, subir y bajar agarrados a cuerdas, etc.
Y si queréis, os podéis dar un chapuzón.
La iglesia de San Antonio, excavada en la piedra, es un lugar bastante espiritual y auténtico. Está repleta de peticiones, ofrendas y votos en honor al santo.
Nosotros invertimos unas dos horas, que era lo que habíamos calculado.
Tras el paso pusimos rumbo a nuestro siguiente destino: Spili (11,5 km, 22 minutos en coche).
MUCHO OJO si vais a Spili desde Patsos. Debéis guiaros siempre por las señales de la carretera, no hagáis mucho caso a Google Maps. Llegará un momento en que, pasando unas casas aisladas, intentará llevaros por un camino de cabras con mucha pendiente y nada aconsejable. En cuanto vimos la pinta, pasamos de él y nos guiamos por los carteles de la carretera para llegar perfectamente.
Spili es un pequeño y encantador pueblo que nos cogía de camino hacia Preveli, donde íbamos a terminar nuestra jornada. Allí es obligatoria la visita a su fuente de los leones (goo.gl/maps/rBstAqWtg8aCUrSQ6).
Hay una amplia zona de aparcamiento gratuito cerca de la fuente, donde os aconsejamos dejar el coche: goo.gl/maps/khU6q6ZQoAhf7EHD6
No hay mucho más que ver en Spili, pero sí que comer. Prohibido ir a otro sitio que no sea To Sideradiko (g.page/SideradikoSpili)
Está a la salida del pueblo, así que es mejor que vayáis en coche para no tener que volver al aparcamiento andando y perder tiempo.
El servicio es amable y rápido, y el precio bastante bueno.
No tienen carta, sino que amablemente te invitan a que pases a la cocina para mostrarte su apabullante arsenal gastronómico del día.
Tirando de memoria, aquel día tenían: cerdo negro al horno, berenjena a la bechamel, pastriko (lasaña de pasta), berenjenas al horno con tomate y cebolla, cordero con pasta, caracoles, guiso de cabra, albóndigas, arroz con pollo, guiso de conejo, fabes gigantes, flores de calabacín rellenas de arroz, pastel de espinacas y algunos platos más que no recordamos.
Misión imposible elegir entre tanta variedad, porque todo tenía una pinta espectacular. Salvo un par de platos, el resto pueden servirlos en medias raciones para probar un poco de todo.
Finalmente optamos por la pata de cerdo negro al horno con patatas (riquísima), berenjenas con cebolla caramelizada, guiso de caracoles con bulgur y pastel de espinacas.
Y de beber, como siempre, cerveza y vino (retsina en esta ocasión).
Pagamos en total unos 40 € (porque el cerdo era gigante y costaba unos 18-20 €), y nos invitaron a raki, vino tinto dulce (primer sitio donde nos ponen dos botellas), uvas y un postre casero.
Dejamos el coche en el primer aparcamiento y fuimos caminando, porque no sabíamos si habría sitio para aparcar (sí lo hay, estad tranquilos). Mientras volvíamos al coche (rodando, de lo que habíamos comido, jejeje) paramos en una tienda de jabones artesanos. Si tenéis el antojo, tienen una gran variedad y los precios no nos resultaron caros. Hay una iglesia justo al lado que estaba cerrado, aunque pudimos hacer alguna foto desde la puerta.
Monasterio de Preveli (Moni Piso)
Google Maps: goo.gl/maps/dxm9oCjzWL4iwGU58
Web oficial: www.preveli.org/
Horario de verano: 9-18:30 (confirmado con cartel)
Entrada: 3 €
Tiempo aproximado de visita: 45 minutos
Recomendaciones: -
Dificultad: -
Comentarios:
El camino montañoso hacia Preveli es precioso, atravesando una garganta espectacular.
Si no disponéis de mucho tiempo, este monasterio dedicado a San Juan el teólogo puede llegar a ser prescindible.
Nosotros aconsejamos ir, por supuesto, pero hay que ser conscientes de que quitando el peculiar zoológico que han montado los monjes y la iglesia, no hay mucho más que ver.
Pero estando tan cerca de la playa de Preveli, merece la pena parar un rato.
Hay un monasterio en ruinas un poco más abajo de la montaña, que se llama Kato Moni (goo.gl/maps/ACohABfFUSKujX5d6). Nosotros sólo lo vimos de pasada. Fue construido en honor a San Juan Bautista durante la ocupación veneciana de la isla, aunque fue saqueado y destruido por los otomanos en el siglo XIX.
Retomando el monasterio principal, Moni Piso, ha tenido alma de refugio a lo largo de los tiempos. A finales del siglo XVIII y principios del XIX fue bastante importante en el movimiento revolucionario contra la invasión otomana. Durante la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con la invasión alemana, sirvió de refugio para las tropas aliadas. Los monjes alimentaron y ayudaron en su huida a las tropas inglesas, australianas y neozelandesas. Eso les costó el ataque y hostigamiento de los invasores, que llegaron a apresar a los monjes (aunque fueron liberados posteriormente por la presión de las autoridades cretenses). Muy cerca hay un monumento memorial de la Segunda Guerra Mundial (goo.gl/maps/L5qwRDt2XjvjeFpa8).
El monasterio tiene un museo muy interesante con valiosos iconos. En el que está prohibido hacer fotos, por cierto. Éste ayuda a justificar un poco más la visita.
Sobre el zoológico, los monjes tienen una singular mezcla de fauna, incluyendo gatos (no sería Grecia entonces), pavos reales, gamos, muflones o cabras similares, llamas (sí, lo habéis leído bien), etc.
Como nota curiosa, presenciamos un momento de rezo coral de dos monjes (disculpad la ignorancia), algo que sólo veríamos de nuevo en otro monasterio perdido de Rodas.
A pesar de que saludamos y dimos las buenas tarde a los monjes que estaban fuera de la iglesia, no fueron muy amables que digamos. Será porque nos verían como guiris allanado su morada, pero fue el único monasterio en el que nos sentimos un poco fuera de lugar o no bienvenidos.
Playa de Preveli
Qué decir, espectacular palmeral sobre agua dulce que desemboca en el mar (goo.gl/maps/GJqnVP4vSYWfzL1e7). Aconsejamos ir con tiempo para disfrutar bien la tarde, ya que por la altura de las montañas se va bastante pronto el sol. Y claro, con sombra no es lo mismo.
El esnórquel en la orilla no es del todo satisfactorio, porque la mezcla del agua dulce fría y la salada del mar hace que haya corrientes de agua turbia, por así decirlo.
Pero en cuanto nos alejamos un poco lo “flipamos” con la profundidad. Tanta que llega a dar bastante respeto.
Podéis aparcar aquí (goo.gl/maps/4qJjpNJtdidiG1RG6) por 2 € y ser masoquistas, como nosotros: 20 minutos de bajada y otros tantos de subida.
Si no, tenéis la posibilidad de aparcar al otro lado del palmeral (goo.gl/maps/waBAoWynLz7kC9GC6) e ir andando. Mucha gente lo hacía, pero eso supondría tomar la vía fácil, y eso no nos gusta jejeje
Pasadas las 19:30 decidimos marcharnos, ya que nos quedaba por delante casi una hora para llegar a Rétino.
Tuvimos una anécdota tan curiosa con rocambolesca. Una chica alemana muy joven, a la que ya habíamos visto antes, se nos acercó preguntándonos hacia dónde íbamos. Resulta que estaba viajando sola y se alojaba en un pueblo “cercano”, y no tuvo otra idea que ir a Preveli andando, haciendo la tira de kilómetros. Y claro, se le vino la noche encima. No estaba en nuestra ruta y tampoco podíamos desviarnos mucho, como explicaremos más adelante, pero con la ayuda de Google Maps la acercamos a un pueblo cercano que nos cogía algo más de paso. Las cosas de los chavales, jejeje.
Al final llegamos a Rétino pasadas las 20:30. Necesitábamos estar en el hotel antes de las 21 horas para pagar la estancia y poder salir pronto al día siguiente.
Si el día anterior tuvimos suerte aparcando casi a la primera, hoy el azar nos la devolvió con creces. Nos fue totalmente imposible aparcar.
Dimos vueltas y vueltas hasta que, por fin, se quedó un hueco libre poco antes de las 21 horas.
No fastidió un poco, ya que la recepción del hotel no abría hasta las 9 horas del día siguiente. Bueno, más se perdió en Cuba…
Baño turco, ducha y a descansar.