Llegada a Pereira desde Salento sin incidentes en la carretera, las mañanas siempre nos salen soleadas, y excepto el denso tráfico que hay en esa ciudad, todo perfecto, disfrutando de la emisora de radio colombiana, que nos acompaña cada día en el tanque.


Después de una explicación de cómo va todo allí, nos recomienda por la hora que es, ir al Pueblito Paisa, es viernes y son las 14:30. Antes, cambiamos a casi 5000 pesos /euro en un centro comercial, en el cual ya comemos y nos vamos a probar el metro de Medellín, único en el país.
Que decir del metro, es la caña. Impoluto, ancho, ordenado, todo perfecto. Allí pintan todo, serigrafian hasta las alcantarillas, pero el metro es un sitio sagrado e intocable, ni el más mínimo graffiti en sus vagones.

En el trayecto de ocho paradas, lo de todos los días, una señora avisando a Rosana (es que tiene cara de buena) del cuidado que tiene que tener al andar por la calle, como tiene que llevar la mochila, etc.
En la parada, tenemos que andar alguna calle de un polígono, en el que me alegro aún no sea de noche. Ya al llegar, decidimos subir las escaleras que hay hasta el pueblito, cruzando un parque temático muy bonito, aunque algo sucio. Allí hay gran ambiente al ser viernes, me lo imaginaba más grande, pero está guay pasear por allí y ver las bellezas colombianas, más impresionantes ellas que ellos.

