Ese día volvíamos a dormir al mismo sitio, por lo que no nos alejaríamos mucho y nos quedaríamos visitando las muchas cosas interesantes que hay en el Lago myvatn y alrededores.
Comenzamos por Dimmuborgir, un campo de lava con grandes formaciones rocosas, que se pueden recorrer por varios senderos. Nosotros hicimos el sendero rojo, de algo más de 2 kilómetros, que lleva, entre otras, a la formación conocida como “la iglesia”, un tubo volcánico con una gran cúpula. Impresionante.


Los árboles estaban con colores de otoño, lo que ofrecía un bonito contraste con el negro de la roca volcánica. Según la mitología islandesa, allí es donde habitan los Yule Lads, unos traviesos personajes encargados de repartir los regalos a los niños en navidad.

Después nos fuimos a ver el cráter Hverfjall, visible desde toda el área del lago. Aparcamos junto al centro de visitantes y subimos hasta la cima del cráter. Aquí comprobamos lo molestas que son las moscas enanas que dan nombre al lago Myvatn (su nombre significa ”lago de las moscas enanas”). Se metían en la boca, se posaban en las manos,… y a diferencia de los midges escoceses, estas sí que picaban. Llevábamos redes para ponernos en la cabeza, pero al final no las usamos y nos aguantamos con las moscas.
Al llegar arriba la vista es fantástica. El cráter mide 1 km de diámetro, y tiene otro pequeño cráter en el centro. Hay un sendero que rodea todo el perímetro de la caldera, pero no lo hicimos. Nos limitamos a disfrutar de las vistas desde arriba. En la bajada ya las moscas nos dejaron en paz, estaban entretenida con la gente que subía, que van más despacio y son más accesibles para ellas.


La siguiente parada fue en el área geotermal de Hverir. El parking es de pago (700 ISK). El resumen del lugar sería que parece de otro planeta y que no es apto para olfatos delicados. En Hverir la energía que proviene del interior de la tierra se manifiesta en forma de fumarolas, por lo que a veces hay mucho humo por la zona, y de pozas de lodos hirviendo, lo que da la sensación de estar en un paisaje extraterrestre. De esos lodos burbujeantes parece que vaya a salir una criatura tipo alien en cualquier momento.



Como corresponde a este tipo de lugares, el olor a sulfhídrico es muy fuerte, el característico olor a huevos podridos. Pero el paisaje lo merece, a mí me impactó bastante. Por toda la zona hay depósitos de azufre y otros minerales de diferentes colores, realzando aún más esa sensación de estar en un lugar irreal. Y todo ello enmarcado por la montaña Námaskarð, vigilando a los visitantes.

Nos montamos de nuevo en el coche y nos fuimos a una de los puntos fuertes del viaje: Detifoss, la cascada más caudalosa de Europa. Hay dos formas de llegar a Detifoss: por la carretera 862, que lleva a los miradores de la parte oeste de la cascada, y por la carretera 864, que lleva a la parte este. La diferencia es que la 862 es una carretera totalmente asfaltada en condiciones inmejorables, y la 864 es una carretera de grava es bastante mal estado. Sobre qué vista de la cascada es mejor, si la este o la oeste, hay opiniones para todos los gustos. Yo no puedo opinar, porque nos decidimos por ir solo a la parte oeste, por la carretera buena.
Diez kilómetros antes de llegar ya veíamos la bruma de la cascada a lo lejos. En el trayecto calentamos nuestra comida, con la idea de comerla en algún mirador, como el día anterior en Godafoss. Fue un error, ya que en los miradores de Detifoss acabas empapado, de la cantidad tan grande de agua y la fuerza con la que cae. Así que comimos un poco alejados, y cuando acabamos nos dedicamos a recorrer los miradores.
Es impresionante. Simplemente impresionante. No había visto nada parecido desde que visité Iguazú (sin pretender hacer comparaciones, que Iguazú es más todo). Una cascada de 100 metros de ancho con ese caudal tan potente, ¡normal que salpique todo!



Y la vista del cañón Jökulsárgljúfur, al que cae la cascada, también una maravilla. En ese momento salió el sol y se veía el arcoíris sobre el cañón, increíble. Hay una ruta que lleva hasta la cascada Hafragilfoss siguiendo el cañón, que debe ser preciosa.


En frente se veía a la gente que había accedido por la carretera 864. Desde allí la vista de la cascada parece ser más lateral, pero es posible acercarse más al agua. Esa visita queda para otra ocasión. Si hubiésemos tenido más tiempo, lo ideal hubiese sido subir por la 862, visitar el cañón de Asbirgy y bajar por la 864.
Desde Detifoss fuimos caminado a Selfoss, la cascada anterior del río Jökulsá á Fjöllum. También se ve espectacular, pero desde el lado oeste no es posible acercarse mucho. Posiblemente la vista sea mejor desde el otro lado.

Dejamos Detifoss con mucha pena y fuimos a visitar la zona del Krafla. Esta gran caldera volcánica 10 km de diámetro es una de las zonas más activas del país. Entre 1974 y 1984 erupcionó 9 veces, en los llamados “Fuegos del Krafla”.
Curiosidades de Islandia: una ducha en medio de la nada. Llevaba apuntado para pararme, por la curiosidad, en google está indicado. Pero lo más gracioso no es ver una ducha de agua caliente en una zona inhóspita y deshabitada, sino ver a alguien utilizándola. Había un señor duchándose cuando llegamos.

Otra curiosidad, la carretera pasando por debajo de las tuberías de la planta geotermal. Para aprovechar la energía volcánica de la zona se construyó una enorme planta geotérmica. Para hacer pasar la carretera levantaron las tuberías, haciendo un curioso túnel.

Después de las curiosidades, llegamos al cráter Viti, uno de los más conocidos de Islandia, de 300 metros de diámetro con un lago verde en su interior. Se puede rodear su perímetro, aunque la ruta no es sencilla. Nosotros no lo hicimos.

Muy cerca del cráter Viti está el aparcamiento para visitar los campos de lava y las fumarolas del Leirhnjúkur. Se accede por un sendero, que primero conduce a unas pasarelas de madera desde las cuales se pueden ver fumarolas y lodos hirvientes, como un pequeño Hverir, menos espectacular.

Después comienza otro sendero que te adentra por los campos de lava de las distintas erupciones de los Fuegos del Krafla, todavía humeantes, 38 años después de la última erupción. El humo y la luz del atardecer nos dejaron una estampa preciosa. Además, pudimos ver diferentes tipos de lava y el contraste del final de las coladas con el verde terreno anterior. Otro paisaje que parecía irreal.


Dimos por finalizado el día y volvimos a nuestro alojamiento, donde nos relajamos de nuevo en el hot tub. ¿He dicho que podría acostumbrarme a terminar los días así?

