El vuelo salía a las 19h así que teníamos medio día para completar la visita de Dublín. Bajamos a desayunar, como en todos los sitios, puedes elegir entre desayuno irlandés, tortilla o tostadas, más el desayuno continental. El café era especialmente malo, aprovechamos que un camarero hablaba español para preguntar si era posible tomarse un café de verdad. Y nos consiguió un café expreso doble, que equivale a lo que nosotros llamamos un café solo.
Tras recoger todo y dejar las maletas al conserje, vimos opciones para ir al aeropuerto luego. En taxi si hubieramos sido 4 nos hubiese compensado, pero como no hibamos a tener prisa luego, sacamos los billetes para el bus Aircoach 700 online (7€ por persona), que para cerca. Por internet te aseguras sitio en el bus a una hora, aunque luego vimos que ponen muchos buses desde distintos sitios para que nadie se quede en tierra.



Camino del National Galery, pasamos por la puerta del Huguenot Cemetery, que está cerrado. El museo de pintura, tiene un ambio espectro, desde cuadros de Murillo o Goya, a cuadros de Monet o Picasso.


A la 13:15 decidimos parar a comer en el restaurante italiano Pacino's, donde tienen un horno donde hacen las pizzas. A las 14:30 nos fuimos hacia la otra arteria comercial de Dublín, Mary st. Llegamos subiendo por la ancha avenida de la calle O´Connell. La calle Mary st. estaba a tope de gente de compras, visitamos varias tiendas, hasta la altura donde está el primer Primark, el Pennys fundado en 1969.

Tras una hora de viaje, estabamos en la T1, que es la últma parada. Al intentar pasar la tarjetas de embarque electrónicas, los tornos no funcionaban. Un vigilante nos dijo que le pasaba a todos los de Iberia, que fueramos al mostrador de facturación. Allí nos dijeron que era porque tenían que comprobar los pasaportes y nos dieron una en papel. Pasamos el moderno control de equipajes, donde no hay que sacar ni los líquidos, ni las tabletas de las maletas. En 15 minutos estabamos en zona de vuelo, compramos unos sandwiches para la cena en el avión y salimos en hora. A la hora de embarcar solo hacen dos filas, una para los del grupo 1-2 y otra para los grupos 3-4. El vuelo no iba completo y hubo sitio de sobra para llevar la maleta de mano. Se hizo corto las 2 horas y media de vuelo al poder ver una película en la tableta del entretenimiento a bordo con el usuario de Iberia Express. Lo único malo es que nos dejó de nuevo en la terminal satélite, teniendo que pasar el control de pasaportes y coger el tren, con lo que nos llevó más tiempo salir del aeropuerto.