El día de hoy fue un día que metimos en el camino ya que hacer el trayecto directo desde Sukhothai hasta Chiang Rai nos parecía una pasada así que buscamos un pueblecito en medio del camino para poder parar y hacer el trayecto con calma. El pueblo elegido fue Lampang. La razón... pues porque estaba a mitad de camino y sonaba bien, jeje.
Comenzamos la mañana con un desayuno impresionante. Cuando el día anterior hicimos el check-in en el hotel, la dueña nos dejó una hoja con el menú disponible para el desayuno de la mañana siguiente. Elegimos 4 platos y, por la mañana nos los sirvieron. Riquísimo el pad thai, la fruta, las tostadas y el arroz. ¡Una maravilla! Los niños lo llevaron un poco peor porque les gustan los desayunos que son más tipo dulces pero afortunadamente allí tenían galletas y batidos para los clientes. Con eso y lo que llevábamos nosotros encima (la facilidad de ir en coche es que puedes cargar con la comida que quieras y siempre llevábamos leche, dulces, patatas, agua, etc) hicimos un desayuno muy TOP.
Con las pilas cargadas, el estómago lleno y la poca prisa que teníamos ese día nos fuimos a visitar el resto de Sukhothai, la zona más alejada que el día anterior no habíamos podido ver. Al ir con coche, nos es muy fácil visitar los templos alejados a nuestro ritmo. En todos hay parking y no sé si es lo normal o cosas de la temporada baja pero aparcamos siempre a la puerta.

Y cuando terminamos toda la visita pusimos rumbo a Lampang. Mi marido, que es un enamorado de las "rutas alternativas a google" (lo que significa que si google nos marca por un camino, él decide llevarnos por otro que tenga más curvas y pase por pueblecitos para movernos por la "Tailandia profunda") hace una de las suyas y nos lleva por el "tour alternativo del día".
Sinceramente, el trayecto fue muy chulo. Nos metimos por carreteras que nos llevaban por pueblos increíbles. Sólo las vistas merecían la pena. Eso sí, llegó el momento de comer y no encontrábamos pueblo ni lugar cercano donde poder parar. Los niños ya se enfadaron un poco porque tenían hambre y acabamos parando en el primer lugar que vimos. No sabría deciros dónde estábamos. El restaurante era un chamizo con una cocinera y 4 mesas (ver foto).

El problema del lugar es que NADIE pero absolutamente NADIE hablaba inglés. La carta es un poster en tailandés. No hay cobertura por lo que no podemos usar ningún tipo de traductor. A nosotros nos entró la risa. Al final señalamos un paquete de noodles, les pedimos dos y listo.
Apareció un grupo de (creemos) trabajadores de obra para comer. Uno de ellos chapurreaba inglés y, básicamente, nos preguntó qué hacíamos allí comiendo. Tampoco pudimos hablar mucho con él y ni siquiera pedir algo más de comida porque no podíamos comunicarnos.
Eso sí, mis hijos recuerdan esta comida como una de las mejores de todo el viaje. Y les encantó la experiencia porque, además, a la señora le compramos un montón de bolsas de gusanitos que tenía y que eran taaan diferentes a las que hay en España, que a ellos les encantó!
Después de ese momento tan "aventurero", continuamos el viaje y llegamos a media tarde al hotel (Kanecha’s home) en Lampang. Se trata de un alojamiento chiquitito, al lado del río, con parking y muy chulo.
Nada más hacer el check-in, la dueña nos da un plano y nos marca lo más típico. Como hemos llegado pronto nos vamos dando un paseo hasta el templo más famoso.

Pasamos la tarde paseando (salvo eso el pueblo no tiene mucho) y terminamos la tarde en una terracita tomando una cerveza a orillas del río.
Como había muchos restaurantes cerrados por la zona, buscamos por internet alguno chulo y cenamos en Aroy One Bath que lo vimos recomendado en muchas webs.
Sinceramente, en mi opinión, uno de los mejores restaurantes en los que he comido en Tailandia. Una comida riquísima y nada cara (no llegó a 15€ los 4). Eso sí, el restaurante estaba lleno y tuvimos que hacer algo de cola y tardaron un poquito en servirnos pero mereció la pena.
Después de cenar, nos volvimos dando un paseito al hotel y caímos dormidos en seguida. Un día muy sencillo pero que ¡nos ha encantado a los 4!