La idea inicial era ir un día a hacer el Parque Nacional de Yala. Pero después de haber hecho ya un safari, los comentarios no muy buenos en un grupo de WhatsApp de que no habían visto apenas animales por las lluvias, la masificación de jeeps que da penita verlo en el YouTube y que salía a 50 dólares por cabeza, hizo que nos quedáramos un día más en Ella.
Al fin salíamos de la selva esa que teníamos por guesthouse, no sin antes, sin que nos diera el adiós la última sanguijuela, incrustada en el tobillo de Juanjo.
La primera parada fue en las Rawana Falls. Están muy chulas esas cascadas, y más con lo que estaba lloviendo todos los días. Allí había una especie de extraña convivencia de decenas de monos y un buen puñado de perros callejeros. Si tienes que temer algún robo en Sri Lanka, que sea de los monos, que son unos cabrones jajaja. Al loro con ellos!!
A esas alturas del viaje, ya teníamos cogido el truquillo total al tuk tuk. Los 40 kms hora ya se habían convertido en 60, y encima ya íbamos de bajada total, de las tierras altas, hacia la playa.
La segunda parada, de los puntos fuertes del día, era el Buda de Buduruwagala. Un buda enorme esculpido en la montaña, en un paisaje selvático, impresionante.
Encima, estuvimos solos, así que el sonido de los pájaros y demás bichos, era totalmente perceptible, creando una atmósfera a lo Indiana Jones.
Cuando salimos de allí, tomaron el timón las chicas, lo que se traducía, que a los pocos kms, íbamos cada tuk tuk por una carretera diferente. Eso sí, hacía el mismo destino, Tangalle. Pero llegamos nosotros primero, ya que ellos pincharon, y les demoro bastante tiempo en el taller. Y para más Inri, para recuperar un poco de tiempo, le dió caña a la máquina, y le pilló un radar, a 70 por hora. Cuando le pararon más adelante, la multa era de 3000 rupias (9 euros), pero inexplicablemente, les dejaron ir sin pagar nada y con el aviso de una y no más.
(allí los radares los sujetan los policías, y más delante, te para otra pareja de polis).
Mientras sucedía todo eso, la Rosanita y yo, estábamos en la playa, pero no tocándome los hue....como hubiese sido lo suyo,sino tirando de unas redes que pesaban la hostia. Cuando llegamos a la playa, vi al menos a 20 pescadores, sacando una red enorme del mar, tirando de ella con dos cuerdas, así que a sudar un poco, Jose. Joder si se suda, lo dí todo. Me querían pagar con pescado, cosa que nos negamos. Después de ese ratito tan auténtico, si que nos bañamos con cuidado, en las bravas aguas de la playa de Tangalle.
Al rato nos avisaron nuestros compis de que habían llegado, así que nos reunimos de nuevo y nos dimos una buena cena de pescado, en el mismo guesthouse que dormíamos, mientras nos contábamos las batallitas del día.