Despierto bien temprano y como es costumbre, ya no puedo dormir más, pensando en aprovechar al máximo el día, ya dormiré bien cuando esté en España!
Así que me levanto sigilosamente para irme a caminar por la playa, y en el último cm para salir, se despierta la flaquita y dice que me acompaña.
Son las seis y cuatro de la mañana, y ya está empezando a amanecer. Los colores son preciosos, hace un día perfecto para caminar. El agua está tibia y encima no hay nadie por ningún lado.
Llegamos hasta el Parrot Rock, que es una piedra enorme en la playa de Mirissa, que hace de mirador 360 grados desde su cima. Tiene unas vistas muy bonitas de toda la playa a ambos lados. Llegas a la roca, cruzando andando un estrecho de mar, que te llega al pecho más o menos en su punto más profundo.
Seguimos caminando y llegamos a un columpio muy sofisticado, hecho con un palé. Allí estamos tonteando un buen rato, haciendo fotos con Coconut Tree de fondo. Seguimos caminando por la playa, hasta llegar al Mirador, en el que no hay nadie a esas horas y se está de muerte, viendo el mar entre esas palmeras, tan de foto de perfil.
Se nos hace tarde para el desayuno, así q la vuelta hasta el hotel, la hacemos por la carretera, así podremos ver al panadero y su eterna melodia de Beethoven, Para Elisa, que cuando la escuchas a lo lejos, ya sabes que viene el tuk tuk del panadero.
Desayunamos ya los cuatro y decidimos que en la mañana estaremos tirados todo el rato en las tumbonas, disfrutando de la playa de Mirissa. Mucho oleaje pero teniendo cuidado, se convierte en algo divertido, aunque las olas te revuelcan sin piedad (bandera roja).
Cuando los dos chicos del grupo, ya están bastante magullados (la famosa inteligencia masculina ante el peligro) decidimos cambiar de aires, así que agarramos los tuks y para el siguiente destino, Unawatuna.
Por el camino, hacemos parada para ver los famosos pescadores zancudos, que ya tienen mucho de postureo, más que de realidad. Allí estaban esperando la llegada del bus petao de japoneses, y que hizo la delicia de nosotros y muchos locales, pues había uno divertidisisimo, que se empeñó en hacer de pescador, y se puso como una sopa. Eso sí, el entorno y la imagen de los pescadores antes de llegar el bus, fue la caña.
Con todo eso, ya llegamos de noche a la guesthouse, pegada al mar, en la que haríamos dos noches. El mejor sitio en el que hemos estado en estas dos semanas. Muy limpio, gran desayuno, a dos metros del agua, y una terraza para ver el atardecer a lo Clint Eastwood en Gran Torino. Fantasea Vila se llama el lugar, encima, 12 euros la noche con desayuno.
Cenamos en la calle principal de Unawatuna, a la que tenemos que llegar en las motos. De nuevo el delicioso khotu con queso, hace furor entre nosotros, eso sí, te deja más que lleno. Un paseo por las tiendas y para el chozo, que el día siguiente es ajetreado.