A esas alturas del viaje, ya tenía a Juanjo y María hartos de madrugar, y eso que nunca los desperté a mi hora, las 6. Así que la noche anterior, quedamos en que iríamos a Galle cada uno cuando se despertase.
A las 8, Rosana y yo ya desayunados, salíamos con el tuk tuk para la cercana Galle, 6 kms. Paramos antes para ver el mercado de pescado que hay por toda la carretera y a esa hora, sobre las 8:30 de la mañana, me ofrecieron por enésima vez, hach and weed. Joder, yo me veo en las fotos, y no tengo tanta pinta de fumeta. Pero que no pasa nada, a mi no me molesta, con decir que no, nadie me insistió, pero me resultaba curioso, que de los cuatro, siempre me ofrecían a mi.
Echamos gasolina, y por segunda vez en el viaje, el gasolinero de turno, intentó darme en el cambio 500rupias de menos. Las llevaban claras conmigo en ese aspecto... Andad con ojo con las vueltas.
Galle es una ciudad muy chula, bueno, la parte amurallada. Tan chula como cara. No compréis nada allí, pues las imnumerables tiendas, joyerías y restaurantes, estaban orientados totalmente al turismo de posting (de billetes, vamos). Te sales del recinto amurallada, y ya puedes comprar bien.
A mi me asalto un abuelo muy divertido, que tenía cuatro maderas en el suelo, que las había pulido y dado forma, pintadas y eso vendía. Me cayó simpático con el cristal de las gafas cogida de una goma y su barba recogida en un moño. El tío era total. Ahí gitaneamos un rato y nos llevamos una tortuga de madera y un hombre y una mujer tallados, mirándose, que me han quedado chulísimos aquí colgados.
Como el mundo es muy pequeño, nos encontramos allí a Juanjo y Maria, sin ni siquiera hacernos mandado un WhatsApp. Nos fuimos a unas calles con muchas tiendas fuera del recinto, y al rato, ya estábamos perdidos cada pareja por un lado. Eso hizo que nos fuésemos separados para la playa. Ellos aparecieron en la playa de Unawatuna y nosotros en la maravillosa Turtle Beach.
Cuando íbamos a irnos nosotros también para Unawatuna beach, el chico de nuestra Guesthouse, nos dijo que a 200 metros andando de donde estábamos hospedados, había una playa tranquila con tortugas. Pues nosotros para allá, soñando en alto, con la posibilidad de ver una tortuga gigante.
Madre del Amor Hermoso cuando llegamos allí!!! Había bastante gente caminando por el agua, digo caminando pq esa playa para que te tapase, era imposible. El arrecife de coral que hacía de barrera natural para romper las olas, hacía que ese lugar fuese una piscina.
Y cuando nos metemos entre la gente que pensábamos que andaban buscando tortugas, flipamos al ver que estaban con ellas. Esas tortugas están superfamilirizadas en el ser humano. Era algo asombroso, ver esas enormes criaturas, nadando plácidamente a un palmo del fondo, con ese movimiento cautivador. Jamás se me olvidará esa tarde con tantas tortugas gigantes a nuestro alrededor...que pasada.
Y para terminar tan buena tarde, un precioso atardecer, contemplándolo metido en las tibias aguas de Turtle Beach.
Intentamos esa noche montar algo de cena especial, con guateque incluido, pero ni tuvimos suerte con la cena y el guateque... creo que no estamos haciendo viejos.. no digo más.