Amanece en Benia de Onís, hemos dormido de maravilla. Después de desayunar nos asomamos a la terraza y vemos que durante la noche el tiempo a empeorado y la niebla esconde parte de los pequeños picos que rodean la localidad.
Nuestro plan de hoy consiste en realizar una ruta de senderismo que nos llevará hasta la pequeña población de Bulnes. Para ello debemos de tomar un autobús en Arenas de Cabrales. La ruta hasta Arenas nos lleva unos 20 minutos, la carretera pasa por uno de los miradores mas bonitos de los Picos, el mirador del Pozo de la Oración, desde donde se tiene una panorámica espectacular del Naranjo de Bulnes. El mirador está muy bien cuidado, tiene una amplia zona de aparcamiento.
Arenas es uno de los portales de entrada al Parque Nacional de los Picos de Europa, el pueblo tiene muchos servicios orientados al turista, tiendas, restaurantes, etc y una visita muy recomendable, la Cueva del Queso de Cabrales. Nosotros ya la visitamos en otra ocasión pero la recomendamos.
Aparcamos el coche en el gran aparcamiento que hay en la localidad maps.app.goo.gl/qGvAcQWEATKnwrwY7 desde el que salen los buses de Alsa que nos llevaran hasta el famoso Funicular de Bulnes. Los billetes los adquirimos por internet, y es algo importante sobre todo en épocas de gran afluencia de visitantes. A la salida del parking se encuentra la parada del bus en donde un cartel muestra recorridos y horarios.
Los buses salen a las horas y cuando llegamos al parking (menos diez) vemos que ya está en la parada. Nos cambiamos el calzado a las botas de treking, cojemos nuestras mochilas y vamos a la parada, llegamos y el bus ya no está, son menos 5. Nos quedamos con cara de tontos y afrontamos una hora de espera.
Cuando llega el siguiente bus ya hay bastante gente esperando con nosotros, protestamos al conductor y le decimos que no es normal que se marchen antes del horario por mucho que el bus esté lleno, mas cuando tenemos asientos comprados para esa hora, el sabe que faltan pasajeros y que tiene que no puede volver a vender esos asientos ya pagados. Curiosamente, volvemos a arrancar antes de la hora porque el bus ya está completo
Por una carretera sinuosa que se va adentrando entre montañas calizas, en 10 minutos llegamos al aparcamiento del Funicular de Bulnes, en Poncebos. Aquí empieza nuestra aventura. Los primeros 800 metros son de asfalto, atravesamos un precioso tunel en donde el viento arrecia y en unos minutos llegamos al desvio que nos introduce en la ruta a Bulnes.
Bulnes es uno de esos pueblos que están hechos para el deleite del turista. Cada rincón, cada detalle y su maravilloso enclave harán que disfrutes de una estupenda jornada de turismo rural. Esta pequeña localidad asturiana está aislada dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. No existe acceso por carretera pero, no te preocupes, tienes dos opciones estupendas: una ruta de senderismo preciosa o la subida en funicular, inaugurado en 2001.
La ruta se inicia desde Poncebos (al igual que la ruta del Cares que comienza a unos metros), el recorrido es lineal de dificultad media/baja (cuenta con desnivel, mucha piedra suelta y tramos expuestos), está muy bien señalizada y tiene una longitud de 8 kilómetros (ida y vuelta), el tiempo estimado es de 3 h 30´ y el desnivel acumulado de 500 metros. Vamos a comenzar.
Tras cruzar el túnel ya comentado, recorridos unos 200 metros nos encontramos con las primeras señales, si seguimos de frente comenzamos la Ruta del Cares, tomando a la izquierda, comenzamos la ruta de Bulnes. Los primeros metros son descendiendo unos escalones y una cuesta que nos dejan en el precioso Puente de de la Jaya.
Cruzamos el puente y vemos frente a nosotros el conocido como Canal del Tejo, por donde transcurre la ruta y única forma de acceso al pueblo de Bulnes hace poco mas de 20 años
El primer tramo de la ruta es un contínuo sube y baja con el río siempre a nuestra izquierda. Un grupo de cabras pastan a los lados de la ruta, llegamos al segundo puente, el del zardo, tras cruzarlo el río Tejo nos acompañará, a partir de aquí, siempre a nuestra derecha (aunque la mayor parte del tiempo sólo se intuye al fondo del precipicio).
Este es el lugar perfecto para hacer un pequeño descanso y tomar energía para lo que viene. A partir de aquí la ruta se complica.
Recorremos unos pocos metros en terreno llano pero ante nosotros se abre el primer tramo de fuerte pendiente. En pocos metros subiremos un fuerte desnivel a través de un duro tramo de eses que se suceden. LLegamos arriba y resoplamos, tomando aire para continuar la ruta.
La ruta continúa, en continua subida, siempre rodeados de moles calcáreas. El río queda cada vez mas abajo y el precipicio que queda a nuestra izquierda impresiona por momentos.
Llevamos recorridos apenas 2 kilómetros desde la parada de bus del funicular, pero el fuerte desnivel se nota en las piernas. A partir de aquí, aunque el recorrido siga siendo siempre en subida, es mas suave. Continuamos caminando, este tramo es mas llevadero. El siguiente hito de nuestro recorrido es el lugar en el que se ve, allá arriba, el conocido como barrio del Castillo de Bulnes, lo descartamos porque la subida no nos apetece. Continuamos caminando, comienza a lloviznar. Aunque parece que no damos llegado en unos minutos alcanzamos la estación de destino del funicular. Como llueve mas fuerte nos refugiamos y aprovechamos para comer algo e ir al baño.
Tras el funicular, nos queda un último esfuerzo en forma de empinada cuesta. Decir que a partir de la estación del funicular la senda se ha ensanchado y el piso es mucho mas sencillo al convertirse en un pista bien conservada. Al fondo ya vemos el pueblo de Bulnes, hemos llegado.
El pueblo es una preciosidad entre montañas, como un regalo envuelto en piedra y verde. Superamos la ermita y cruzamos el puente que nos introduce en el corazón de Bulnes.
El pueblo Bulnes es en realidad una pequeña aldea de unas pocas decenas de habitantes que, hasta la construcción del funicular, se encontraba completamente aislada. Ha sido tradicionalmente lugar de paso para los montañeros que se proponían alcanzar la cima del Pico Urriellu. Rodeado de impresionantes montañas de roca caliza, en la actualidad el pueblo de Bulnes está volcado hacia el turismo. Todas sus casas están decoradas con flores y ofrecen desde bares donde degustar su preciada gastronomía, hasta alojamientos rurales y pequeñas tiendas de artesanía.
A dejado de llover, nos compramos unos refrescos en uno de los negocios que hay en el pueblo y nos sentamos en una mesa de madera con sus respectivos bancos para tomarnos los bocatas que habíamos comprado en Benia de Onís.
Despues de comer nos tomamos unos cafés en uno de los restaurantes, allí nos encontramos a un vecino del pueblo de Coruña en donde nació mi padre y al que vamos con frecuencia. Despues de un rato de parloteo, invitamos a los café y nos vamos a dar una vuelta por el resto del pueblo. Caminamos hasta las últimas casas, después de ellas, las vacas pastan libres por el monte.
Cruzamos el río Tejo pero no por el puente, nos va mas la aventura.
Todavía nos queda una cosa por hacer en el pueblo, no estaría mal quedarnos a dormir aquí, por desgracia no tenemos reservado y si pagado nuestro apartamento
Subimos un tramo de escalones y llegamos a una plataforma desde la que se obtiene una curiosa vista del pico mas emblemático de Picos de Europa.
Ahora ya podemos regresas, con calma y visto que no parece que vaya a volver a llover, decidimos volver caminando, en lugar de en el funicular como teníamos previsto. En parte por el precio, muy elevado para mi parecer del trayecto 17,61 por cabeza. Si tenemos en cuenta que los niños ya tienen mas de 12 y pagarían precio de adulto, serían 75 eurillos. Los vamos a sustituir por hora y media de paseo entre verdes montañas y aun encima cuesta abajo ;)
Al poco de salir del pueblo hacemos una paradita en donde se puede acceder a la orilla, nos refrescamos los pies entre los enormes bloques calcáreos, es una costumbre de nuestras rutas de montaña.
El camino se disfruta el doble que en sentido subida, primero porque el esfuerzo es menor, segundo, porque las vistas son mucho mas espectaculares en sentido Poncebos. Lo que si que hay que tener cuidado es en las zonas mas empinadas y pedregosas, aunque el piso está seco, al ir hacia abajo los precipicios producen mas sensación de exposición al vacío.
El camino se hace muy ameno y disfrutón, al fondo ya vemos el puente de la Jaya.
Cuando llegamos al puente el peque y yo no podemos resistirnos a bajar hasta la orilla, el río lleva poca agua porque estamos en pleno otoño y las lluvias todavía no han llegado. El paraje, con el agua turquesa del río Cares, es espectacular.
Volvemos a subir al camino, en unos metros estamos en al carretera, ya solo queda volver a la parada de autobus para volver a buscar nuestro coche. De ahí al apartamento.
Ya en el apartamento toca descansar. Los niños a estudiar un poco y tras la cena, todos a descansar. Para mañana dan un día de lluvias continuas y copiosas. Pensamos que, aunque tengamos que pasar un tiempo en el coche, podemos acercarnos hasta la vecina comunidad autónoma de Cantabria porque parece que allí la lluvia no será tan copiosa.

























