Al final he dormido solo, más a gusto que nadie. Ha hecho un poco de frío, pero había como 15 kilos de mantas.
Me he despertado a las 7:30 con el desayuno. Una burrada de desayuno: un bol de fruta partida, medio litro de yogur con muesli, dos huevos fritos y cuatro tostadas con mermelada de la zona, con zumo y café. El alojamiento está de lujo. Por 15$ con este desayuno.
A las 7:50 ha venido a buscarme el que será el guía para el tour del Cotopaxi. La verdad es que el ambiente es desolador porque solo se ve niebla, pero el hombre me dice que en la cara norte, yendo temprano, está clarito. Octubre no es la mejor época para visitar los Andes por la presencia de nubes a media mañana. El guía, Jaime, ha resultado ser un hombre de lo más agradable. Tendría fácil 50 y pico años, pero con un estado de forma para andar increíble.
Hemos llegado a la entrada del parque y Jaime me iba explicando todo. Hemos bordeado por la cara sur hacia el norte y, cuando hemos accedido a la parte norte, mágicamente el volcán se ha mostrado despejado, emitiendo una nube de vapor en la cima y todo nevado. Vamos solos, acercándonos mientras paramos a echar fotos. Es bien bonito y se disfruta el doble cuando creías que no ibas a ver nada.
A los pocos kilómetros de la zona de aparcamiento empieza a aparecer nieve. Ayer resultó que cayó una nevada importante y hay nieve donde no debería para la fecha. Vamos con el 4x4, pero a 300 metros del aparcamiento el coche no puede más y solo se desliza. Jaime deja el coche a un lado y empezamos a andar desde ahí.
La escena es chocante: ayer en el bosque nublado, comido por los mosquitos, y hoy andando por nieve en plena montaña a 4000 y pico metros de altura. País de unos contrastes en tan poco espacio bestiales. Se está posicionando como uno de mis favoritos. Galápagos, la selva amazónica, bosque nublado, volcanes activos, alta montaña andina... Si solo tuviera más estabilidad política y seguridad sería perfecto.
Empezamos la caminata pasito a pasito. Hace sol, el volcán despejado, poco viento, aunque las nubes de la cara sur empiezan a asomar, pretendiendo abrazar el volcán por completo. Hemos empezado a andar a 4400 metros de altura. Zigzagueando hemos llegado hasta el refugio a 4800. Las vistas durante la subida son preciosas, con varios de los volcanes y montañas famosas de Ecuador: los Ilinizas, el Antisana, el Rumiñahui, el Pichincha y otras que Jaime no me sabía decir.
La llegada al refugio ha sido algo dura porque estoy cero aclimatado y me fatigo muchísimo. A poco que cambio el ritmo para pillar a Jaime, se me acelera el corazón que parece que se me sale. Delante de nosotros van cuatro francesas con su guía y Jaime dice que hay que llegar antes que ellas porque somos los fuertes. Total nada, asfixiado y teniendo que demostrar mi hombría. El problema es que voy con las zapatillas de trekking de verano. De momento, en la subida me ha respetado porque la nieve no llega a derretirse, aunque los pies los podría llevar más calientes.
Desde el refugio vamos hasta el pie del glaciar Cotopaxi. Es como un kilómetro más, pero 200 metros de desnivel, hasta los 5000 metros. A medio camino adelantamos a las francesas y Jaime se vuelve mostrando orgullo casi paternal, pero yo no puedo ni hablar. Llegamos a la pared del glaciar. Echamos las fotillos de rigor y, con las nubes amenazantes, emprendemos la bajada. La bajada es una maravilla: es ir clavando el talón y dejarse caer. En 10 minutos estábamos de nuevo en el refugio. Hemos pasado para tomar un té de coca. El refugio estaba hasta arriba de gente. Yo no entiendo cómo la gente no madruga. La única opción de ver el volcán despejado es madrugando; a partir de las 10/11 se cubre para el resto del día. Pues la gente, con su pachorra, sin prisa ninguna.
Después del té hemos bajado por una pedrera deslizándonos. La bajada ha sido chulísima. En 20 minutos estábamos ya al lado del coche. Aquí lo que antes era hielo ahora es agua, y si las zapatillas hasta ahora no me habían dado problemas con el agua, me han condenado. Se me han mojado enteras y he terminado con los pies helados.
Metidos en el coche, bajamos hasta la laguna del Cotopaxi. Aquí Jaime me espera y yo me pego una vuelta de media hora buscando algún pajarillo. El Cotopaxi al fondo se muestra ya cubierto.
De la laguna hemos ido a comer al restaurante del lodge. Por el camino Jaime me ha ido contando su experiencia laboral. Ha trabajado en mil cosas y, finalmente, ahora que está retirado, gana más dinero haciendo de guía local que cuando trabajaba en factorías. He aprovechado y le he preguntado sobre los carteles que se ven en los pueblos de "ladrón pillado será linchado". Me cuenta que eso es en Quito, que aquí en los pueblos a los ladrones se les quema. Primero se les desnuda, se les pasea por el pueblo desnudos, los meten en agua fría, les golpean con ortigas y, por último, los queman vivos. Es la ley indígena. La policía no hace nada y ellos son los que tienen que hacerlo. La semana pasada entraron a un campo tres hombres a robar ganado. Cuando les sorprendieron, dejaron el ganado y se fueron corriendo, escapando en un taxi que les estaba esperando. La gente del pueblo fue tras ellos y consiguieron pillar al del taxi y a dos de los tres ladrones. Quemaron a los dos ladrones en la plaza del pueblo y al taxista le quemaron el coche. Increíble. Yo le he contado casos de España en los que alguien ha entrado a robar a una casa y el dueño, defendiéndose, ha matado al ladrón y al final el dueño ha sido condenado. Jaime no se lo creía. Solo repetía "eso no está bien". Dice que lo de quemarlos es más efectivo que la policía. Que actualmente es muy raro que en los pueblos haya robos y por eso son tan seguros. En la ciudad sí porque solo los linchan, pero luego los sueltan y eso a los ladrones les da igual. Dice que el problema en la zona indígena son los narcos. Si son los narcos los que roban o te intentan extorsionar (vacunar) y tú se lo impides, entonces te matan a tu familia. Una maravilla de conversación. Cuenta cosas tan bestias desde una tranquilidad pasmosa, de lo normalizado que está. El país está peor de lo que imaginaba.
Ya comidos, me devuelve al alojamiento. Me despido, cojo mis cosas y justo a los 20 minutos pasa el bus para Latacunga. Aquí duermo hoy porque mañana hago el trekking de Quilotoa. Latacunga es una ciudad considerable. Tiene sus edificios bonitos tipo Quito. Muchos comercios y vendedores ambulantes. Otra cosa que se repite con Quito es el drama de los venezolanos pidiendo dinero. Se ven familias enteras. Se supone que van bajando camino a Perú o Chile. Vaya drama lleva esta gente.
En Latacunga no mareo mucho. Preparo las cosas para mañana. Ceno una hamburguesa con salchipapas y a dormir.
