Hoy la ruta que toca es al volcán El Altar. Otra cosa no, pero de volcanes Ecuador va sobrado. El volcán El Altar realmente son varios volcanes que hacen forma de anfiteatro gigante con paredes que llegan hasta más de los 5000 metros, con una laguna en el centro. Suena bien.
Esta ruta se puede hacer por libre gastando menos de 5 dólares, haciendo acampada, eso sí. Hay un refugio que se llama Hacienda Releche, pero, aparte de caros, son unos maleducados por WhatsApp. Así que, tienda de campaña a 4000 metros. El saco, al menos, se ve bien gordo.
A las 6:30 he cogido el bus dirección Candelaria. El bus va bordeando un acantilado que da una impresión importante. Hay una caída fácil de 600 metros, no hay ni una sola barrera de protección y, encima, la vía es de doble sentido. A todo esto con Radio Penipe a todo lo que da. Aquí, en Ecuador, debe haber una tasa de accidentes importante.
El autobús te deja en la Hacienda Releche. Para acceder al Parque Nacional de Sangay, que es donde está El Altar, se pasa por la Hacienda Releche y aquí hay que registrarse. Mira si son cutres que te piden una fianza de 20 dólares y, para que te la devuelvan, tienes que hacerle una foto a tu tienda de campaña para demostrar que no has acampado en su propiedad, tal cual.
Aquí os dejo el enlace a la ruta de Wikiloc. TRACK DE LA RUTA
La subida es constante. Unos 12 kilómetros con 1200 metros de desnivel. La mayor parte se hace en los 5 primeros kilómetros. Se anda por una senda incomodísima llena de barro hasta arriba. En la hacienda me dicen que ahora no hay mucho barro; si eso es así, en época de lluvias probablemente sea impracticable. Los primeros 10 kilómetros se anda metido en bosque con el valle a la derecha. Es una ruta relativamente popular y que es frecuentada por caballos, esto hace que, al ser el suelo lodoso, la erosión del camino sea bestial en algunos puntos. Siendo un parque nacional y una ruta famosa, deberían cuidar esto poniendo maderas o algo que reduzca la erosión.
A los 10 kilómetros se llega al refugio privado. Se encuentra ubicado justo donde el valle hace curva, con vistas al fondo con El Altar nevado y el río bajando. Precioso. Una de las estampas del viaje. En el refugio paro a comer algo y continúo la marcha ya por paisaje de páramo. El entorno es humedal con caballos sueltos y un río que hay que vadear en un par de ocasiones. He tenido suerte con el tiempo y voy andando con sol, dejándose ver todas las montañas.
Al llegar a la zona de camping veo que hay una tienda puesta. Busco un sitio llano y, mientras monto la tienda, se me acerca el de la otra tienda. Un argentino de unos 45 años, súper peculiar. El tío vive vendiendo artesanía y piedras energéticas. Dice que ahora está en Quito y que trabaja viernes, sábado y domingo en la plaza de la catedral, y que el resto de semana se dedica a conocer Ecuador. Su objetivo es subir al Chimborazo y cree que lo hará en diciembre. Vive así; cuando se cansa de un país, se va a otro. Ha estado contándome su vida fácil media hora. Eso sí, es el típico personaje que te cuenta su vida, pero tiene interés cero en el otro; conversación unidireccional. Viendo que por el valle se acercaban unas nubes gordas, le he cortado porque me veía lloviendo y sin la tienda. El tío es un personaje, sin duda, pero para un rato.
Ha sido poner la tienda y, a los 10 minutos, empezar a llover. Me he tenido que meter en el gusanito como he podido, aprovechando para intentar poner orden con poco éxito. A la hora ha dejado de llover y ya he podido salir de la crisálida y ordenar el caos sobre el que estaba tumbado.
Antes del atardecer, me he pegado un paseíllo y, ya de noche, me he preparado mi cena. Perritos calientes de atún con frijoles y salsa de queso picante. Ni tan mal. Al rato de estar cenando, se me ha acercado un zorro con más inteligencia que muchos. Se le nota enseñado porque se ha estado paseando delante de mí sin inmutarse.
A las 20:00 me he metido dentro del saco de dormir. Frío no voy a pasar.
