Me he puesto el despertador para empezar a andar a las 5:30 con el amanecer. Frío no he pasado, pero menos mal que tengo el saco de dormir porque de la condensación que se forma dentro de la tienda, las partes del saco que tocan la tienda están empapadas. Con más frío que una llave, me cambio a la intemperie y empiezo a andar en la penumbra sin necesidad ya de frontal.
La subida a la laguna es de una hora con 200 metros de desnivel, incluyendo una buena trepada. He llegado a la laguna y las vistas bien merecen la pena. Se parece a la laguna Humantay que vimos en Perú en el trekking del Salkantay. Alguna nube cubría la parte de arriba y otras amenazaban con entrar; aun así, el anfiteatro que forman los volcanes del Altar se han dejado ver en condiciones. He estado un buen rato paseando por la laguna y echando fotos hasta que han empezado a aparecer más nubes y, viendo el viento que arreciaba, he puesto rumbo hacia la tienda.
Según bajaba, iban apareciendo más y más nubes hasta llegar a la tienda prácticamente con el cielo encapotado. He recogido todo, guardando la tienda empapada. La vuelta, hay que decir que ha sido una penuria. Al principio, por el valle que llega hasta el refugio, el paseo ha sido idílico: águilas peleando, pajaritos buscando lombrices, caballos, un par de cruces de río... Al pasar el refugio, se ha puesto a llover y ha sido una condena. Nueve kilómetros de bajada con sus 1000 metros de desnivel, en puro barro y con las botas de agua. A mitad de la bajada, llevaba los pies recocidos y se me han hecho dos ampollas en sendos talones. Iba tan incómodo con las botas de agua que me las he tenido que quitar para intentar andar con las chanclas. Mal invento porque el barro lo hacía impracticable y he tenido que volver a las malditas botas. Tres horas bajando metido en una nube, con lluvia, frío y dos posibles ampollas en los talones.
Finalizada la ruta, me ha tocado esperar el bus. Dos horas esperando bajo la lluvia, protegido en un tejadillo. Viendo que el bus no venía, he aprovechado que los dos funcionarios de la oficina estaban cerrando el chiringuito para preguntarles si me podían llevar a Riobamba. Los hombres sin problema. He llegado al alojamiento, que parecía llegado de la guerra. Le he dado toda la ropa sucia a la mujer, Irma. Me he duchado y me he tumbado tres horas, de lo cansado que estaba parecía que tenía fiebre.
Ya descansado, he sacado fuerzas para ir a cenar. Hoy el Chimborazo está totalmente despejado y el paseo hasta el restaurante ha sido bonito. Me he comido unos espaguetis decentes y de vuelta al alojamiento he procedido a morir.
Mañana me toca día de desplazamiento hasta Cuenca. El bus tarda unas 7 horas en llegar, así que mal no me viene el descanso.
