Me he pegado un madrugón bueno, a las 4:30. La idea es ir a ver el volcán Santiaguito y recomiendan ir a primerísima hora ya que suele taparse conforme avanza la mañana. A las 5 he pillado un Uber que por 3 euros me ha dejado en el inicio del trekking. El bus cuesta 30 céntimos, pero hasta las 6:30 no sale.
De noche, con el frontal, he empezado a andar. Nada más empezar, una jauría de perros me ha rodeado. La verdad es que me he acojonado. Después de los autobuses, lo siguiente más peligroso son los perros. Hay muchos sueltos por el país, todos de gran tamaño, y no son raras las noticias de ataques. Mientras los perros se peleaban alrededor mío, he ido andando poco a poco y, al final, unos perros se han quedado atrás y otros tres me han seguido literalmente toda la ruta. Los tres que se han quedado parecen buenos, al menos.
Tres cuartas partes las he hecho de noche. Me he topado con un mochuelillo y con un chotacabras en el suelo, chulísimos. Ya de día, mis tres amigos caninos y yo hemos llegado al mirador. Yo no tenía mucha fe, pero afortunadamente las nubes estaban muy arriba y se ha podido ver el volcán perfectamente.
El Santiaguito es el volcán más reciente de Guatemala. Realmente pertenece al conjunto del volcán de Santa María. Un lado de este colapsó y siguió erupcionando, formándose una serie de calderas desordenadas en las que resalta ahora mismo el Santiaguito por estar en erupción. El Santiaguito se considera el más peligrosos de Guatemala por su potencial explosivo y no recomiendan acercarse mucho, llegando a estar prohibido según el estado en el que se encuentre. La ruta que llega muy cerca del cráter son rutas bastante largas y de escape difícil por lo que si está con mucha actividad las "cierran". Las erupciones se caracterizan por explosiones muy fuertes de cenizas y rocas. Las cenizas del Santiaguito han llegado incluso a Chiapas, por lo que el alcance de las rocas al acercarse es una posibilidad. El mirador en el que estoy está suficientemente lejos como para que sea seguro.
He llegado empapado en sudor. Me he puesto mi abrigo, le he dado comida a los perros y me he puesto a esperar explosiones. Al rato ha llegado una pareja de alemanes con un guía. El guía me ha dicho que iba mosqueado porque no estaban los perros, pero al verme a mí lo ha entendido. Se ve que los perros se dedican a subir con los turistas y esa es su vida. Dice que a la gente local les atacan, pero a los turistas no. Mira si son listos, que saben que el turista da comida y caricias y los locales palos.
De vuelta al volcán se han dejado ver varias explosiones pequeñas y dos grandes. Una sobre todo ha sido una barbaridad. De lejos, más potente que las que pude ver en el Reventador o el volcán de Fuego. Se ha podido incluso sentir un golpe cuando ha pegado la explosión. El volcán empieza a sonar como si fuera un avión y de repente ¡PUM! Pega una hostia y saca una columna de ceniza más alta que el volcán que está al lado, que es de 4000 metros. Una burrada. El sonido de avión se mantiene constante, subiendo y bajando fácil 20 minutos hasta que se silencia y se relaja humeando constantemente. Muy bestia. He estado dos horas en el mirador y, cuando han empezado a meterse nubes, me he bajado. Los alemanes con el guía solo han estado 20 minutos. La explosión gorda la he disfrutado sin un alma alrededor, más que los tres perros.
Aquí os dejo el enlace a la ruta de Wikiloc. TRACK DE LA RUTA
La bajada ha sido muy cómoda y en media hora ya estaba en el pueblo, Llanos del Pinal. Aquí había quedado con una chica de una asociación de turismo que alquila sacos de dormir. La mujer me mandó la ubicación y me he acercado. La ubicación que me mandó resulta que estaba mal y he terminado metiéndome en una escuela de infantil llena de niños hasta arriba. Una profe me ha visto, le he preguntado por la chica y me ha acompañado a un vivero que había al lado, junto con 30 niños de 6 añitos.
En el vivero me ha atendido la chica y muy maja. Me ha estado contando el proyecto de conservación que llevan a cabo contra la minería en la zona, concienciando a los agricultores y reforestando. Media hora ha estado enseñándome el proyecto y el vivero de plantas autóctonas con las que están reforestando zonas que han conseguido recuperar de la minería y la agricultura.
Ya con el saco de dormir me he vuelto para Xela. Duchita y a comer pollo con patatas. Después de comer, me he acercado con un Uber a un pueblo que se llama San Andrés de Xeluc. Es famoso por una iglesia que representa un ejemplo del sincretismo religioso y maya. La iglesia es del siglo XVII y, según cuentan, se cree que se quedó a medio construir por el fallecimiento del párroco y el propio pueblo fue el que la terminó. Al ser un pueblo a medio evangelizar, terminaron mezclando elementos católicos con elementos mayas. El resultado es una iglesia que parece hecha con toque infantil y que cuanto más te fijas, menos sentido tiene. Merece la pena la visita. En la plaza se juntan las mujeres y los borrachos. Lo de los borrachos es la leche. Es súper común encontrar hombres totalmente inconscientes tirados en el suelo, meados o vomitados, sea la hora que sea. Pero vamos, que no es solo en Guatemala, es en toda Latinoamérica. Se ponen inconscientes.
Desde la iglesia he cogido un bus que me ha dejado justo en un centro comercial enorme en Xela. He aprovechado para jubilar las zapatillas de mierda de Salomon. En la vida me habían salido unas zapatillas tan malas. Se está rompiendo ya casi toda la zapatilla derecha y es tontería seguir buscando un zapatero. En el centro comercial había una tienda Adidas y me he comprado unas New Balance por 70€ que se ven bastante bien. Son cómodas y ligeras. No tenía más opción. Era esa tienda o el mercado, y las cosas del mercado la calidad que tiene es pésima. No hay ninguna tienda en las que haya calzado de montaña en toda Xela. En Chiapas no hay poblaciones más grandes que Xela y hasta Belice me queda aún un par de semanas, las zapatillas no aguantarían ni en broma.
Después de las zapatillas, he pasado al supermercado para comprar comida para el día que pasaré de acampada en el volcán Santa María. Ya de noche poco más. Hoy me he negado a comer más pollo y me he pillado un trozo de pizza.
Día intenso entre el volcán y los quehaceres.