Lo que se presuponía un día tranquilo ha terminado siendo de lo más intenso.
He madrugado por inercia y para las 7 me he ido a coger el bus para Almolonga, desde donde se empieza una ruta, que miré ayer en wikiloc, que sube hasta la cima del Almolonga para bajar por el campo de lava de Cerro Quemado.
El día ha empezado idílico. Sol, nubes fotogénicas, andando por huertas con sus florecillas. Luego, la ruta ha ido subiendo unos 600 metros de desnivel por bosque de pino y abeto hasta una zona de aguas termales subterráneas que, por un momento, creía que había una hoguera del vapor que salía de las rocas. A la cima he llegado cómodamente y tras la cima ha empezado el penar. Esto me pasa por improvisar y no contrastar las rutas de Wikiloc, NUNCA HAGAIS UNA RUTA DE WIKILOC SIN CONSTRASTAR.
Resulta que la bajada ha sido toda campo a través y para cuando me he querido dar cuenta, la vuelta atrás me parecía peor opción que continuar. He bajado como Dios ha querido entre piedras y arenilla sujetándome en los pinos. El colmo es que, al bajar, se llega al campo de lava y esto ya sí que ha sido rematarme. Una pesadilla de 2 kilómetros y medio que he tardado en recorrer fácil dos horas. No hay ningún tipo de senda y el terreno es pura escoria volcánica. Hay que ir avanzando hacia una dirección como buenamente se pueda. Encima, la roca volcánica es traicionera de narices y lo que parece sólido se hunde o se vuelca. Vamos, un sin Dios. El paisaje muy bonito, pero esto no compensa. El colmo ha sido cuando, a lo lejos, como a 300 metros, aparece un perro enorme en el borde del bosque de pinos, de vete a saber dónde, ladrando como un loco hacia mí. He cambiado de dirección y, al principio, parece que se acercaba, pero ha terminado alejándose. Lo de los perros aquí es para estudiarlo. En Guatemala hay tres cosas que no existen: servicio de zoonosis, servicio de basuras y la ITV.
Cuando parecía que ya estaba para llamar a que me rescaten, he terminado saliendo del maldito campo de lava. Aquí ya ha venido uno de los momentos más surrealistas que he vivido. Del campo de lava he tenido que hacer una bajada por pinar y se escuchaba abajo del todo música muy fuerte. Según me acercaba, además de la música, se escuchaba a una mujer gritando de forma bestial, como si la estuvieran matando. Yo ya me he puesto en modo paranoico. Me he imaginado que hay algún tipo de fiesta en el pueblo de abajo y que están violando a una mujer o algo así. Los gritos eran desgarradores. Para colmo, sí o sí, había que pasar por la zona donde se escucha el jaleo. Sinceramente, iba cagado. Totalmente solo y con los gritos que no cesaban. Cuando he llegado abajo, me he escondido entre los pinos. He ido avanzando para asomarme poco a poco hasta presenciar una escena que me ha costado entender un buen rato. Un grupo como de veinte personas arrodilladas de la mano en círculo bajo una carpa. Música a todo volumen. Una mujer en medio del círculo tumbada boca arriba gritando y convulsionando y una especie de cura encima de ella gritando súplicas al Señor mientras la sujeta con fuerza. Madre del amor hermoso que escena.
Resulta, que yo no tenía ni idea, que todo el cerro quemado en el que estoy es una montaña sagrada de rituales mayas mezclados con cristianismo. Había leído algo relacionado pero para nada me imaginaba semejante escena. Era un trance de libro lo que estaba presenciando. Poco a poco, viendo que no había peligro más allá del Demonio, he salido de entre lo pinos y, como quien no quiere la cosa, he seguido avanzando, pasando al lado de ellos entre gritos. De película.
Al llegar a la carretera he preguntado en una tienda de bebidas que había sobre lo que acababa de presenciar y me cuentan que son rituales religiosos. Me han indicado que siga la carretera para llegar a la zona donde más rituales se hacen. Iba cansadísimo, pero me he pillado un Aquarius y un poco de chocolate y he seguido porque me olía que podía ser épico. Viendo lo que acabo de ver, no me puedo perder visitar la zona de los rituales.
La zona de los rituales ha sido algo increíble. Se va subiendo montaña arriba para llegar nuevamente al mar de lava. Mientras subes, te vas encontrando grupos rezando a gritos. Le piden a Dios cosas y expulsan al Demonio. A media subida, un chaval a cuatro patas echando saliva por la boca, junto al supuesto "pastor", con una camiseta de fútbol, que le golpeaba mientras le decía al demonio que se fuera y que no volviera a casa. Iba subiendo ojiplático. Mujeres chillando, llorando a lágrima viva. Una familia abrazada, todos llorando a moco tendido y gritando al cielo "¿Por qué nos pegabas, papá?" mientras el pastor pedía al señor por el alma de su padre. A cada 10 metros, una escena parecida. Mientras, la gente sube cargada de flores por una cuesta del recopetín donde hay que usar incluso cuerdas. En la cima es donde ya hay una explosión de ceremonias. Mezclan rituales mayas con fuegos y siluetas en el suelo, hechas con flores, junto con alabanzas y peticiones cristianas. ¡Hay incluso judíos al rededor de una bandera gigante de israel! En la cima, un hombre pedía al señor a gritos junto a su familia. Primero ha pedido por él, por tener un negocio que funcione y que prospere en lo espiritual y en lo material. Luego su hijo se ha puesto a llorar, un crío de 3 años como mucho. Lo ha cogido y ha empezado a pedirle al señor que saque al demonio de dentro suyo, que le purifique esa rabia que está sacando mientras agarraba al niño y lo alzaba al cielo. La cuestión es que el niño se ha callado. Después del crío, ha enganchado a la hija que estaba arrodillada frente a él y ha empezado a pedir con la misma pasión que apruebe tercero de enfermería. Yo observaba desde lejos y no he podido evitar echar fotos y grabar con el teleobjetivo. Era un no parar de locuras.
Se me ha acercado un hombre y me ha señalado a lo lejos gente con fuegos y me dice que eso es brujería. Vaya follón tienen aquí liado entre cristianos, judíos y mayas. Después de un buen rato, he empezado a bajar, parando cada dos por tres ante los gritos de alguna mujer o pastores rezando en idiomas precolombinos. En la bajada, se me acercaba algún que otro joven. De primeras me hablan en inglés y cuando les digo que no hablo inglés, que soy español, no lo entienden. Siguen hablándome en inglés y tengo que insistir que soy español. Al final se reían y me decían que soy gringo. Pues nada, soy gringo. La cuestión es que no me he cruzado ni un solo guiri en todo el día.
Ya abajo, he puesto camino al autobús que va para Xela y he llegado al alojamiento casi a las 16 después de parar a comprar porquerías en una panadería que me he comido con ansia viva. He terminado fundido, pero al final el día ha sido muy espectacular. Eso sí, la ruta de las narices me la podría haber ahorrado porque vaya penar de bajada. Tengo ya agujetas y son las 20:30. Mañana me voy a enterar.