He salido de Sao Paulo a las 6:30. Las distancias son tan largas que solo hasta la costa hay 3 horas. Coincide que aquí la gente está de vacaciones de carnaval y todo el mundo va hacia la playa, con lo que hay un tráfico importante.
Mi idea en un principio era ir hasta Paraty, pero supondría como 7 horas de bus más transbordo en Ubatuba. Como no tengo ninguna prisa, al final opté por pasar por Ubatuba y no pegarme tanta paliza. Aun así, me he comido como 5 horas de bus por culpa del tráfico de la parte de la costa.
El ambiente es el típico de playa, pero el paisaje es parque jurásico con playa y veraneantes. Toda la costa es montañosa, cubierta de lo que llaman "mata atlántica". Cubre todo de un bosque espesísimo con parches de granito desnudo, con alguna cascada incluida. Al otro lado, una playa infinita, confinada por otras islas, cabos y montañas, llena hasta arriba de gente. Han sido como 100 kilómetros de constante ambiente playero. Finalmente hemos llegado a Ubatuba a las 12, a la vez que caía un aguacero tremendo.
En la estación he intentado averiguar dónde sale el bus hacia Paraty para el miércoles y no ha habido manera de encontrar a alguien que hable inglés, ni los jóvenes. Al final, con Google Traductor me he aclarado, pero se hace difícil, ellos creen que les entiendo y me hablan como si nada hasta que me echo a reír y repito "eu não entendo", bendito Google. De la estación he pillado un Uber al alojamiento. Está bastante bien, pero me ha costado caro con la tontería del carnaval y bastante que he encontrado.
Después de acomodarme, me he ido a recorrer Ubatuba de punta a punta. Ubatuba son como dos playas separadas por un morro. La primera parte ha sido un paseo tranquilo, sin apenas gente, vistas bonitas, restaurantes e incluso un centro comercial, en donde venden la comida más parecida a España que he visto en todo el viaje. Me he pillado para comer un poke y medio kilo de papaya pelada que me he comido en la playa más a gusto que nada. Es curioso porque hay un montón de avefrías que se pasean como gaviotas al lado de las palomas. Mira que en España solo las he visto de lejísimos y aquí me miran esperando que les tire algo.
Después de comer, he subido a un mirador en el morro que separa las dos playas y he pasado a la siguiente playa, playa Perequé. De un ambiente relajado, sin apenas gente, me he trasladado de golpe a un capítulo de Callejeros Viajeros Brasil. Qué locura de ambiente.
La playa de Perequé es una playa de dos kilómetros de largo, arena fina y gente por todas partes. Es que es exactamente igual que un capítulo de Callejeros Viajeros. Yo creo que este ambiente es porque es carnaval, porque si todos los días son así, el país se hunde. La playa está llena de chiringuitos. Los chiringuitos ponen mesas hasta el mismo agua, hay zonas con mesas y zonas más despejadas. Cada tanto te encuentras gente haciendo zumba, grupos de samba tocando con tambores, música en vivo, chavales jugando al futvoley, al fútbol, a dar toques... Lo del futvoley es un espectáculo, juegan parejas mixtas y las tías son unas máquinas, pegan unos cabezazos y unos controles que ni en 10 años entrenando me saldrían. Hay que reconocer que los brasileños tienen una identidad cultural súper marcada. Es que hasta las crías pequeñas se arrancan a bailar samba que parece que nacieran sabiendo. Qué alegría tienen.
El ambiente es muy chulo, pero en estos contextos pesa mucho el ir solo. Esto está especial para ir acompañado, echarse unas cervezas, comer pescaíto frito, bañarse... Pero yendo solo pues como que no viste. Bañarme paso porque recomiendan que alguien esté con las cosas de valor, sentarme yo solo a echarme una cerve pues bueno, pero no luce. Al final, yendo solo, estas cosas se quedan a medio gas, en fin, no se puede todo.
Volviendo ya al atardecer, la gente seguía en todo lo suyo. Había carpas de carnaval infantil y la gente buscando sitios para cenar. Una cosa curiosa es que en todos los restaurantes venden la comida al peso. Te dicen que el kilo es como 15€, tú te echas la comida rollo bufet y cuando vas a pagar la pesan y te cobran, hasta las heladerías funcionan así.
Para cenar me he pasado por el supermercado y me he pillado una ensalada, queso parmesano y un trozo de pan de verdad. Al final me he cascado como 7 kilómetros entre la ida y la vuelta. Mañana me haré una ruta cerca de aquí que parece ser bonita. Madrugaré para empezar bien temprano que Brasil me da la sensación que me dio la India, turismo local masivo.
Te mandé estrellitas anteriormente, pero había olvidado dejarte comentario 
