Llegada a A Coruña.
Nuestro alojamiento en A Coruña para las siguientes tres noches era en el Alda Hotel Coruñamar, establecimiento de dos estrellas muy bien situado al final de la Playa de Riazor, junto al estadio del Depor, con habitaciones no muy grandes pero funcionales y cómodas. Aparte de que conocía esa cadena de habernos alojado previamente y a plena satisfacción en Santiago de Compostela, lo elegí por su estupenda ubicación, frente al larguísimo Paseo Marítimo de A Coruña, que cuenta con varias avenidas y unos 13 kilómetros, y desde donde podíamos llegar a pie a todos los sitios de interés turístico de la capital coruñesa: veinte minutos a la Plaza de María Pita, treinta minutos a la Torre de Hércules, quince minutos al Monte San Pedro… Además, no es zona de parquímetros y encontramos bastantes huecos libres, así que pudimos dejar el coche muy cerca del hotel sin problemas ni pagos. Ideal para nosotros que nos gusta caminar. Nos costó 295 euros (solo alojamiento) las tres noches. Por cierto que tiene recepción virtual a partir de las dos de la tarde, así que hicimos el registro mediante una llamada online en el propio mostrador, durante la cual nos facilitaron los códigos de acceso para habitación y portal. Funcionó bien.

Estábamos algo cansados de la larga jornada en el coche, así que cenamos unas cervezas y unas tapas en un bar cercano. Luego, fuimos a dar una vuelta por el Paseo Marítimo en sentido contrario al centro de la ciudad, contemplando la Ensenada de Orzán y con la presencia continua de la Torre de Hércules en lontananza.


Pasamos la Playa de Lino y Cala de San Roque y llegamos al Obelisco del Millenium, monumento levantado para conmemorar el inicio del siglo XXI. Mide 46 metros de altura y se realizó en acero con 147 cristales de roca traídos de los Países Bajos. Por la noche se ilumina y ofrece diferentes imágenes de la historia de la ciudad. Me gustó más de noche, ya que con la luz del día se notan más algunos pintarrajos que lo deslucen.

Simplemente como dato anecdótico, señalar que había montones de bolsas de basura junto a los contenedores, ya que los operarios del servicio de recogida llevaban varios días en huelga. Por fortuna, pese al calor, la situación no resultaba demasiado molesta, pues no había desperdicios derramados por las aceras y las bolsas permanecían perfectamente cerradas y apiladas.

Recorriendo A Coruña.
La mañana siguiente amaneció con un sol espléndido que auguraba un día de bastante calor que teníamos pensado dedicar en exclusiva a la capital coruñesa. Tras desayunar en uno de los numerosos bares que hay frente al Estadio de Riazor, comenzamos nuestra caminata, que nos llevó a lo largo de las playas urbanas de Riazor y Orzán, por la Avenida de Pedro Barrié de la Maza, la rúa Matadoiro y el Paseo Marítimo hasta el parque donde se encuentra la Torre de Hércules, nuestro primer objetivo del día.


Previamente, pasamos por varios lugares que nos llamaron la atención, como el Monumento a los Héroes del Orzán, la Fuente de los Surfistas y, sobre todo, el Museo Domus, de ciencias y dedicado al cuerpo humano, de cuyo interés y calidad no dudo, pero cuyo edificio me pareció bastante feo, sobre todo considerando el entorno. Aunque me hubiera gustado, no tuve tiempo de visitarlo.



Enfilando el Paseo Marítimo, en el tramo dedicado al Alcalde Francisco Vázquez, con sus estilosas farolas rojas, tras superar el Acuario, llegamos a la Playa de las Lapas, una zona realmente bonita, sobre todo en una mañana tan luminosa, que le otorgaba unos colores sumamente brillantes. Así que me entretuve en tomar unas cuantas fotos desde varias perspectivas.



Torre de Hércules y Parque Escultórico.
Tengo una foto junto al faro milenario de hace casi cuarenta años. Afortunadamente, por la Torre parece que los años no pasan, mientras que servidora y el entorno (en la foto vintage se ven coches detrás) hemos cambiado bastante
¡Ay, aquella manía de los ochenta de sacar fotos en rombo...!


Esta visita lleva su tiempo, ya que no se trata solo de ver su principal monumento, sino también de recorrer el Parque Escultórico donde se encuentra, que es bastante extenso y cuyas obras aluden a los símbolos mitológicos y a las leyendas asociadas a la Torre. Una de ellas afirma que los ártabros, habitantes de estas tierras, vivían atemorizados por un gigante llamado Gerión hasta que llegó Hércules y lo mató, erigiendo la torre sobre su cadáver. Estuvimos allí unas tres horas, aunque se puede ir más rápido, claro está.
Vista parcial del parque desde lo alto de la Torre de Hércules.


El Parque está situado en el Golfo Ártabro y ocupa la península de la Torre, Punta Herminia, O Acoroado y el Cabal de Pradeira. Hay numerosos senderos que se asoman al borde de los acantilados, desde los que se contemplan islotes, cuevas marinas, playas y calas. El cariz de la visita puede variar mucho según las condiciones meteorológicas que se den, pues no es lo mismo pasear con el día soleado y tranquilo que tuvimos que con lluvia o fuerte viento, si bien cada momento posee su propio encanto y las vistas siempre resultan atractivas para la cámara de fotos.

El Parque tiene dos zonas bien delimitadas: una, la del saliente donde está la Torre, que es la más concurrida, y otra, algo más alejada, que va de Punta Herminia a la Playa de los Moros. El acceso es libre y gratuito; solo hay que pagar por visitar el interior del Faro. Importante: las entradas no se compran en la Torre, sino en el Centro de Interpretación y Atención al Visitante, que se halla en la entrada principal, en la Avenida Doctor Vázquez Iglesias, donde también proporcionan unos mapas muy útiles para no perderse ninguna escultura y conocer su significado. Igualmente, facilitan mapas para conocer la ciudad.


En torno a la Torre, situada en lo alto del cerro, y que se distingue desde casi todos los puntos del parque, se han colocado diversas esculturas que se van descubriendo paulatinamente, dependiendo de por donde se acceda o se comience el paseo: las Puertas de Hércules, el Caronte, el Menhir pentacefálico, la Hidra de Lerna, el Combate entre Hércules y Gerión, la Guitarra de Hierro, los Ártabros, el Ara Solis, los Guardianes, etc. También hay una referencia a los pecios marinos que embarrancaron en estas costas a lo largo del tiempo.



Al comienzo de la rampa por la que se accede a la Torre, aparece la escultura en granito de Breogán, el legendario caudillo celta, y junto a las escaleras que conducen a la terraza mirador que rodea el Faro, se encuentra la imagen del rey Carlos III.

Personalmente, me gusta mucho subir a las torres y campanarios, así que no dejé pasar la oportunidad. Como no sabía la hora exacta a que llegaría, no hice reserva previa y cuando fui a la Oficina de Información (las doce menos diez), solo vendían entradas a partir de las cinco de la tarde. No es que me importase volver después, pero prefería “finiquitar” esta zona por la mañana, así que no lo dudé cuando me ofrecieron una única entrada que les quedaba para las 13:00 horas. Ese día el acceso era gratuito, pero incluso en ese caso hay que presentar el ticket, cuyo código escanean en la Torre. Entretanto, me dijeron que me daba tiempo a ver la parte norte del Parque, a la que no había ido todavía. Las panorámicas del mar eran muy bonitas desde allí.

Y también encontré varias esculturas interesantes: la Copa de Sol, el Hércules en la nave de los argonautas, los Menhires, el monumento a los fusilados durante la dictadura o el antiguo cementerio musulmán de los magrebís muertos durante la Guerra Civil española.


Igualmente, se pueden ver dos petroglifos en la Pedra do Altar, aunque se hallan en mal estado de conservación. Una de las esculturas más llamativas es la Caracola, recreación fantástica de la concha de un enorme molusco, que está ubicada en la Punta Herminia para captar todas las vibraciones del mar. Me gustó.


Sin embargo, el punto donde se acumulan más personas es la Rosa de los Vientos, que se asienta sobre un mosaico circular de 25 metros de diámetro. Para apreciarla bien, es preferible contemplarla desde la terraza de la Torre o, mejor todavía, en lo alto de ella.

El interior de la Torre de Hércules.
Aunque desde el siglo V a.C. existen relatos de la existencia anterior de un faro en este lugar, la Torre de Hércules fue construida entre finales del siglo I y comienzos del siglo II d.C. Es el único faro romano y el más antiguo del mundo en funcionamiento. En 2009 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Mide 58 metros de altura, de los cuales 39 corresponden al primitivo edificio romano y 14 al proceso de restauración llevado a cabo en el siglo XVIII. Está hermanada con la Estatua de la Libertad de Nueva York.


Una vez dentro, en la parte inferior se pasa por un pequeño museo arqueológico, con las estructuras más antiguas que sustentan el faro. Luego, se inicia la subida, que consta de 239 escalones. Arriba del todo, el espacio es pequeño y, evidentemente hay unas vistas estupendas, pero no tan espectaculares como me imaginaba, quizás porque el entorno ya se aprecia bastante bien desde la terraza de la base de la Torre y la mayor altura no proporciona demasiadas novedades. Cada turno de personas puede estar un máximo de media hora dentro del faro, aunque personalmente me sobró bastante tiempo.

Cuando terminé, fui caminando hasta la Plaza de María Pita, donde había quedado con mi marido para almorzar. Pero eso lo cuento en la etapa siguiente.
Te mando estrellitas. Abrazos.