En dos horitas llegamos al aeropuerto de Pisa, recogemos las maletas y nos vamos a Gold Car a por el coche de alquiler, un Lancia Epsilón, de lo más pequeño, pero que se portó como un campeón el tío. Eso sí, tenía el embrague muy largo, y yo acostumbrado al embrague automático, parecía que iba montado en un potro salvaje. Estaba previsto que condujera yo, y al final lo hizo mi mujer. Le cogió el punto enseguida y lo llevó durante todo el viaje.
Como siempre, en la casa de alquiler te venden la cabra del todo riesgo, y al final, ante la incertidumbre que te plantean, lo añades al contrato, pagas y a correr. La aseguradora solo cubre los daños a terceros, no los tuyos propios en caso de accidente. Lo que hace la casa de alquiler, en este caso Gold Car, es ofrecerte un seguro a todo riesgo que cubrir estos daños si los hubiera que incluye la devolución de la fianza completa. Es como si llevaras dos seguros.
Nos dan las llaves del vehículo, y vemos que está bastante sucio por dentro. Pasamos del tema y nos vamos. Le daremos una pasadita nosotros en algún momento. En 15 minutos llegamos a Pisa (no hay pérdida), y como no íbamos a dormir aquí, dejamos estacionado el coche en un parking llamado Parcheggio Saba, en la Piazza de Vittorio Emanuele II. Hasta la Piazza dei Miracolo, pero ya sin maletas y el coche a buen recaudo llegas en 20 minutos paseando por las calles de Pisa.
Es verdaderamente bonita la plaza, con el Duomo, el Baptisterio y la Torre inclinada que hacen del lugar algo muy especial. Yo me quedo con la Torre de Pisa, es increíble la inclinación que alcanza. Lo típico seria poneros una foto de la Torre y yo con la mano sujetándola, pero no. Va a ser que no. De esas las hay para aburrir por ahí. La plaza no estaba saturada, me imagino debido a la época del año en que nos encontramos.
Como siempre, en la casa de alquiler te venden la cabra del todo riesgo, y al final, ante la incertidumbre que te plantean, lo añades al contrato, pagas y a correr. La aseguradora solo cubre los daños a terceros, no los tuyos propios en caso de accidente. Lo que hace la casa de alquiler, en este caso Gold Car, es ofrecerte un seguro a todo riesgo que cubrir estos daños si los hubiera que incluye la devolución de la fianza completa. Es como si llevaras dos seguros.
Nos dan las llaves del vehículo, y vemos que está bastante sucio por dentro. Pasamos del tema y nos vamos. Le daremos una pasadita nosotros en algún momento. En 15 minutos llegamos a Pisa (no hay pérdida), y como no íbamos a dormir aquí, dejamos estacionado el coche en un parking llamado Parcheggio Saba, en la Piazza de Vittorio Emanuele II. Hasta la Piazza dei Miracolo, pero ya sin maletas y el coche a buen recaudo llegas en 20 minutos paseando por las calles de Pisa.
Es verdaderamente bonita la plaza, con el Duomo, el Baptisterio y la Torre inclinada que hacen del lugar algo muy especial. Yo me quedo con la Torre de Pisa, es increíble la inclinación que alcanza. Lo típico seria poneros una foto de la Torre y yo con la mano sujetándola, pero no. Va a ser que no. De esas las hay para aburrir por ahí. La plaza no estaba saturada, me imagino debido a la época del año en que nos encontramos.


Después de hacer unas cuantas fotos para nuestro recuerdo, nos dirigimos a comer. Son las 13 horas, y los italianos comen pronto, no como nosotros. Vamos directamente al restaurante que nos ha recomendado el empleado de Gold Car, un chico que hablaba perfectamente el español. El restaurante está fuera del circuito turístico y lo frecuentan los lugareños. Se llama PRIMO. Sin más. Después de dar algunas vueltas para encontrarlo damos con él. Era, ya os digo, las 13 horas y ya había cola para entrar. Pero tranquilos, la cosa va rápida, la gente come y no hay mucha sobremesa, paga y a trabajar. El sitio, no es un restaurante al uso, es como una casa de comidas que sirven también para llevar. Tienen interior y una terraza en una plaza típicamente italiana, todos apretados pero cada uno a lo suyo. De este lugar os pongo fotos y precios y lo que haga falta. No es un lugar para el que busque exquisiteces, es muy de ir por casa. El sistema es el siguiente: te sientan, marcas en una hoja lo que quieres, pides la bebida y te lo llevan a la mesa. Lo que tiene de particular es que los platos de pasta tienen tres medidas digamos: el plato pequeño, el mediano y el grande. Cada uno con su precio, y puedes elegir las salsas. Yo ya te digo, que me pedí el mediano y no me lo pude acabar. Igual Rosa, mi mujer. Nos pedimos 2 cervezas, yo una copita de vino tinto de la casa, un tiramisú y dos cafés. Total 24 euros. Nos pareció un regalo del cielo. Para mi tenía las tres BBB, que ya sabéis lo que significa.

Después de comer, nos dirigimos al aparcamiento. Pagamos en el cajero automático 11 euros. Teniendo en cuenta que llegaríamos a Pisa sobre las 12 h. y nos fuimos a las 16 h., 4 horitas, no me parece mal precio para ser la ciudad que es. El coche estaba con las maletas en un parking vigilado, a la sombra y fuera de la vista de los “curiosos”. Así que nos pareció bien el precio.
Tomamos rumbo hacia el sur, a San Gimignano donde teníamos reservado un apartamento para dos noches. Elegimos la ruta que nos marca el Google Maps y que pasa por Volterra: UN ERROR. Id directos. Según el Google Maps hay 1 hora 18 minutos. Nosotros tardamos tres horas en llegar y con un montón de curvas.
Tomamos rumbo hacia el sur, a San Gimignano donde teníamos reservado un apartamento para dos noches. Elegimos la ruta que nos marca el Google Maps y que pasa por Volterra: UN ERROR. Id directos. Según el Google Maps hay 1 hora 18 minutos. Nosotros tardamos tres horas en llegar y con un montón de curvas.
Llegamos a San Gimignano sobre las 19 horas, ya de noche, y estacionamos el vehículo en un parking de pago al aire libre dado que era imposible aparcar en la calle. Nos dirigimos al apartamento y nos recibió Fabrizio, el propietario que vive arriba. Nos entrega las llaves, dejamos las maletas y a callejear. Nos sorprendió la poca iluminación que había por las calles.
La verdad es que este pueblo puede ser, sino el más bonito, de los más bonitos que hay en la Toscana. Destacan sus Torres, que se alzan imponentes en la noche, oscuras, eso sí, pero ya las veríamos al día siguientes con la luz del día. Parece que existieron aproximadamente unas 70, aunque en la actualidad quedan en pie alrededor de 15, y representaban el nivel de ostentación de las familias del lugar (a ver quién la construye más alta). San Gimignano es la pequeña Manhattan del medievo. Aquí hay que venir sí o sí.
La verdad es que este pueblo puede ser, sino el más bonito, de los más bonitos que hay en la Toscana. Destacan sus Torres, que se alzan imponentes en la noche, oscuras, eso sí, pero ya las veríamos al día siguientes con la luz del día. Parece que existieron aproximadamente unas 70, aunque en la actualidad quedan en pie alrededor de 15, y representaban el nivel de ostentación de las familias del lugar (a ver quién la construye más alta). San Gimignano es la pequeña Manhattan del medievo. Aquí hay que venir sí o sí.

Estábamos cansados por el madrugón, el vuelo, el viaje en coche y el estrés que genera todo eso y decidimos buscar algún sitio para cenar. No había muchos restaurantes abiertos, pero entramos en la Osteria San Giovanni, en vía San Giovanni, 6, en la calle principal de la localidad. Tabla de embutidos toscanos (Tagliere San Giovanni), ensalada mixta, tres copas de vino, y un par de postres (Millefoglie y Cantucci e Vin Santo). Todo muy bueno, buenas raciones y correcto: 64’50 euros. En la mesa del al lado, para los que son más de carne, sacaron un chuletón que quitaba el hipo.


Bueno, con esto acaba el día y nos vamos a dormir. Mañana a Volterra.