Nos despertamos en nuestro segundo día en Viena y tras un buen desayuno en el hotel, ponemos marcha hacia las afueras del casco histórico para visitar uno de los grandes imprescindibles dela ciudad: el Palacio Schönbrunn, residencia de verano de la familia Imperial y uno de los palacios más famosos y visitados de Europa.
En una época en la que había una enorme rivalidad entre las monarquías absolutistas por ver quién la tenía más grande (o en este caso, quién lo tenía más grande
De cara a información práctica, conviene reservar prácticamente una mañana entera para visitar el complejo, ya que es muy grande y además se tarda aproximadamente unos 40' de trayecto en transporte público desde el centro de Viena. La visita a los jardines es gratuita, aunque las instalaciones como la orangerie, el laberinto, el zoo, etc, son de pago. Para visitar el palacio, hay distintas opciones de entrada: visita estándar, que incluye aproximadamente unas 20 habitaciones, que puede ser útil para los que tengan suficiente con hacerse una idea de la belleza y el lujo del interior; o el "grand tour", que incluye 39 estancias visitables, incluyendo algunas especialmente bonitas y famosas como el Salón del Millón o el dormitorio de la emperatriz María Teresa. Esta segunda entrada cuesta algo más que la estándar por lo que en mi opinión, merece la pena pagar ese extra pero poder disfrutar de más habitaciones del palacio. Por otro lado, se pueden comprar estas entradas individualmente, o bien lo que hicimos nosotros, que fue comprar el llamado "Sisi Ticket", que incluye la visita al Palacio de Schönbrunn (modalidad "grand tour") + visita al Palacio Imperial Hofburg (apartamentos imperiales + museo de Sisí + museo de porcelana imperial) + Museo de Mobiliario Imperial. Este ticket cuesta 44€, prácticamente lo mismo que la suma de las entradas individuales de Hofburg y Schönbrunn, por lo que merece la pena comprarlo si se tiene previsto visitar ambos palacios, ya que no se paga de más, ahorras las colas de compra de entradas (que pueden ser muy largas) y además tienes la posibilidad de ver el museo de mobiliario, del cual hablaré más adelante. Por último, con la Viena Card, la entrada al palacio de Schönbrunn está incluida.
Como decía, nosotros dedicamos la mañana entera de este segundo día a visitar el complejo. Primero recorrimos los jardines, ya que llegamos allí hacia las 9:30-10h y aún no hacía excesivo calor. De diseño "versallesco" (un término que a mí ya siempre me causa pavor ya que es equivalente a varios km de andar, andar y andar, bajo sol y sudando

El interior del palacio cumple con lo que uno cabría esperar: lujo y suntuosidad extremos. Cada habitación es aún más espectacular que la anterior y la visita está bien planteada y organizada, para poder disfrutar tranquilamente de cada estancia sin que se generen grandes acúmulos de gente. La pena es que, al igual que en Hofburg, está prohibido hacer fotos, pero al igual que en aquel, no hay demasiada vigilancia con lo que con un poco de picaresca española se pueden sacar discretamente fotos de bastantes habitaciones.

Nos dieron pasadas las 14h al salir del palacio y había que comer, y dado que no estábamos en pleno centro turístico, nos costó encontrar algún sitio abierto; por suerte, encontramos un restaurante asiático cerca del siguiente punto de visita que tenía cocina abierta hasta las 15h y nos dieron mesa para dos, así que tuvimos bastante suerte. Recuerdo que nos gustó bastante, era un menú por persona que incluía entrante, principal, bebida y postre por unos 12€; comida bien hecha y de calidad, limpio, bonito y con camareros amables. Por si a alguien le interesa, se llamaba Iaolao (Mariahilfer Str. 126, 1070 Wien, Austria).
Una vez comidos, fuimos a visitar el Museo de Mobiliario Imperial, incluido en el Sisí Ticket. A priori, no era algo que hubiéramos visitado de haberlo tenido que pagar aparte, pero al venir incluido, merece la pena pasar a dar una vuelta si se tiene suficiente tiempo. Realmente, parece más un "almacén" con muchísimos muebles, cuadros y objetos decorativos de la casa de los Habsburgo, no expuestos en los palacios, ya que la organización es ciertamente mejorable, pero está bastante curioso y algunas salas recrean estancias de los palacios aprovechando todos estos muebles. Se puede visitar tranquilamente en 1 hora aproximadamente. Tras la visita, empezó a llover de repente así que entramos un ratito a un centro comercial que había en la avenida del museo e hicimos algo de tiempo.

Ya hacia las 16:30-17h de la tarde, cogimos transporte público para ir a visitar las famosas casas del Hundertwasserhaus, edificio residencial de arquitectura original y vanguardista, con fachada de formas irregulares, variados colores y bastante vegetación. La visita es rápida, ya que al ser viviendas privadas no se puede acceder al interior del edificio, por lo que la visita se limita a la fachada y el patio exterior principal. Al ser un punto famoso, suele siempre haber gente viéndolo y haciendo fotos, pero en nuestro caso, no estaba especialmente masificado, así que se puede ver tranquilamente. Por cierto, justo en la misma calle de la Hundertwasserhaus, merece la pena ver el bonito edificio art déco del Palacio de Bellas Artes.

Andando unos 20 minutos desde el punto anterior, llegamos al Stadtpark (uno de los parques municipales más bonitos de Viena), que aunque pueda parecer grande, se recorre fácilmente en poco más de media hora. Como había llovido un rato, había refrescado y hacía una temperatura agradable para pasear por el parque. Su principal atracción son las diversas esculturas que lo decoran dedicadas a personalidades de la política, el arte y la cultura austriacas, entre ellas la más famosa dedicada al compositor Johann Strauss. También hay en el parque la sala de conciertos Kursalon, aunque nosotros no pasamos.

Por último, para cerrar el día, cogimos transporte público hasta el parque de atracciones Prater, una de las visitas más populares de Viena pero que, a mí personalmente, no me pareció para tanto. Por un lado, está la curiosidad de algunas atracciones y carteles de estilo art déco, herederos de ese pasado modernista, pero por lo demás no deja de ser una "feria" a media escala con diversas atracciones, que se pagan individualmente. No está mal, pero tampoco me pareció nada del otro mundo. En comparación, me pareció mucho más bonito y encantador el Tivoli de Copenhague, por poner un ejemplo. Si vais con niños, seguro que mejora la impresión. Subimos a la popular noria (13€) pero las vistas no son nada del otro mundo, por lo que yo creo que no merece demasiado la pena a menos que se tenga especial interés. Cenamos en uno de los restaurantes del parque (pizza y comida basura), dimos un paseo, nos subimos a las sillas voladoras, y hacia las 23h nos fuimos al hotel a descansar.
