El itinerario de la jornada incluía las visitas de Noto, Siracusa y Ortigia, con alojamiento en Catania. Unos 176 kilómetros en total, con el siguiente perfil en Google Maps.

Desde Ragusa a Noto hay 67 kilómetros, que se recorren en algo menos de una hora. Así que bien prontito estábamos frente a la Puerta Real o Puerta Fernandina, construida con motivo de la visita del rey Fernando II de Borbón en 1838. Supone la entrada triunfal a la ciudad por el Corso Vittorio Emanuele, que recorre longitudinalmente el casco histórico de punta a punta. Imposible perderse. No había visita guiada, así que todo para adelante con buen ánimo: el sol brillaba un poquito, pero no hacía calor y, aunque se veían turistas, tampoco parecía una ciudad tan masificada como otras de Sicilia.

Por los restos arqueológicos encontrados, se sabe que Noto estuvo habitada ya en el siglo XVII a.C. En el siglo III a.C., la antigua Neai tuvo un desarrollo notable y gozó de privilegios especiales con los romanos. Tras ser conquistada por los árabes en el 866, se convirtió en capital de la región de Valle de Noto, que tomó su nombre. A partir del siglo XII, perteneció a la Corona, administró grandes territorios y obtuvo riquezas y prosperidad. Tras los estragos causados por el terremoto de 1693, se acometió la reconstrucción de la ciudad en otro punto, para lo que se contrató a insignes arquitectos e ingenieros que desarrollaron un ambicioso plan urbanístico y monumental de un gran valor artístico.


Los edificios, en su mayor parte barrocos, enseguida atrajeron la atención de mi cámara. Sobre todo me gustaron las fachadas de color uniforme y los elaborados balcones.


Asimismo, como no podía ser de otra manera, las iglesias empezaron a surgir una tras otra. Primero, la Iglesia de San Francisco de Asís (entrada gratuita), con una escalera muy elegante, flanqueando una plaza sumamente fotogénica, en cuyo centro se eleva la Fuente de la Inmaculada.




Unos pasos más adelante, aparecen casi frente a frente la Iglesia del Salvador, junto a la cual está el Museo Arqueológico, y la Iglesia de Santa Clara, cuyo interior visité, ya que su decoración se considera una gran obra del barroco local. Alberga también una escultura del siglo XVI de la Virgen con el Niño, que proviene de la ciudad antigua. Merece la pena entrar a verla.



A continuación, la calle se abre a la Plaza del Duomo, una de las cuatro plazas más importantes de la ciudad, donde destacan dos edificios sobre el resto: la propia Catedral y, enfrente, el Palazzo Duzecio, sede del Ayuntamiento, otra muestra imponente del barroco siciliano, inspirado en palacios franceses. El piso superior data de 1950. En el interior, destaca el Salón de los Espejos y está decorado con suntuosos muebles de madera. Intenté pasar a verlo, pero no admitían visitas. Quizás había que reservar antes. No lo sé.


La Cattedral di San Nicolò, dedicada a San Nicolás de Mira. Su construcción se inició en 1693, al igual que el resto de la ciudad tras el terremoto. En 1996, la cúpula original colapsó y se levantó una nueva. Ubicada en lo alto de una escalera escénica que domina toda la plaza, el exterior presenta estilo barroco tardío con toques neoclásicos, la fachada es de piedra caliza con columnas corintias e influencia francesa.

El interior tiene planta de cruz latina y una rica decoración, con tesoros reales, cuadros y frescos. Hay que pagar entrada. Aunque el edificio es imponente, todo un símbolo religioso en Noto, no me llamó especialmente la atención.



Seguí hacia adelante unos metros y, tras pasar junto al Monumento a los Caídos durante la I Guerra Mundial, vi un cartel a la entrada de la Iglesia de San Carlos, anunciando las vistas espléndidas que ofrecía su campanile. Y, claro, no me pude resistir. El acceso es gratuito, pero tuve que pagar para subir al mirador, no recuerdo cuánto, quizás cuatro euros.



Se trata de la iglesia de un convento jesuita y está dedicada a San Carlos Borromeo. Empezó a construirse en 1730. Conserva el Altar Mayor y una de las campanas del templo primitivo, derribado por el terremoto. La fachada es muy llamativa, tiene tres niveles y en cada uno hay columnas libres que presentan, en ascenso, estilos dórico, jónico y corintio.


El interior consta de tres naves en forma de cruz latina, cubiertas con bóvedas de cañón, decoradas con frescos y estucos policromados. Actuó como Catedral durante el tiempo en que el Duomo estuvo cerrado por la reconstrucción de la cúpula que se derrumbó en 1996. Me gustó mucho esta iglesia.

A continuación, subí por una intrincada escalera de caracol a las terrazas de las plantas superiores, desde cuyas balaustradas pude contemplar un panorama muy chulo de Noto, con sus casas de color beige, especialmente de la Piazza del Duomo y sus alrededores, así como del Corso Vittorio Emanuele.



Y, por si eso no fuese suficiente, también divisé con inevitable “terror” un cielo negro negrísimo al fondo, fuera de la ciudad. ¿Nos aguardaba otra tormenta? Por favor… ¡no!

Después continué calle adelante, contemplando palacios con más calma y menos gente.



Enseguida llegué a otra plaza muy chula, donde están a la izquierda el Teatro Comunale y a la derecha un jardín con una escultura y la bonita Fontana d’Ercole. Y subiendo una escalinata, se halla la Iglesia de Santo Domingo, que como estaba abierta también entré a visitar.




Desde el final del Corso Vittorio Emanuele, donde termina el casco histórico, retrocedí para surcar algunas calles perpendiculares, más estrechas y muy empinadas pero no menos interesantes, hasta llegar a la Vía Camillo Benso Conte di Cavour, paralela al Corso Vittorio Emanuele.

La mayoría de estas calles, cuesta arriba, desembocan en larguísimos tramos de escaleras, algunas de las cuales tienen (tenían entonces) sus escalones pintados, formando curiosas composiciones.

Resulta muy recomendable dar un paseo por el entramado de calles y callejuelas que están entre la Catedral y la Iglesia de Santo Domingo por la cantidad de palacetes y fachadas con soberbios balcones. En especial, no hay que perderse la Vía Corrado Nicolaci, una de las más famosas de Noto, en la que, el tercer domingo de mayo, se celebra anualmente, la Fiesta de las Flores (L'Infiorata) de la ciudad.

Allí se ubica el Palazzo Nicolaci dei Principi di Villadorata, que alberga exposiciones y cuyo interior estaba cerrado, aunque pude echar un vistazo al patio.

Sin embargo, lo más interesante son sus maravillosos balcones barrocos, con rejas de hierro repujado y ménsulas talladas en piedra representando ángeles, caballos alados, centauros, leones… Una maravilla.




Al fondo de esta calle, aparece la Iglesia de Montevergine, de mediados del siglo XVIII y fachada cóncava, con un interior decorado con estucos, frescos y preciosos altares barrocos de mármol policromado.



El suelo aporta mucho colorido al interior del templo y, además, es el original. Se accede de forma gratuita. Muy recomendable entrar a echar un vistazo.

Luego tocó callejear sin rumbo y tomar un helado. Y también escudriñar las tiendas del mercadillo que reclama a los turistas junto a la Puerta Fernandina. Allí compré una tableta del famoso chocolate “melograno” de Módica. La verdad, no me gustó, pero eso va en opiniones, claro está.


Como resumen, en mi opinión Noto es una estupenda opción en Sicilia para los amantes de la arquitectura barroca. Y aunque no es mi estilo favorito, poder entrar gratuitamente a visitar el interior de todas las iglesias (excepto la Catedral) fue un aliciente. Además, me pareció una ciudad bonita y muy agradable de recorrer. No le faltan cuestas, pero se puede ver lo fundamental caminando por el Corso Vittorio Emanuele.

